Descubren que la Armada Invencible derrotó a Inglaterra

Lo explica Juan Antonio Pérez Foncea en su último libro.

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La última novela de Juan Antonio Pérez Foncea, Invencibles, nace de un descubrimiento histórico: lo que sabemos sobre la empresa de la Armada Invencible es falso. O al menos incompleto, muy incompleto, que es otra manera de falsificar la historia. Empezando por el propio nombre de la flota española, que nunca fue llamada así y que es una invención de los escritores de panfletos ingleses posteriores, en plena operación de propaganda para tapar el fracaso inglés y colgar la etiqueta de prepotentes a los españoles. Pero es que el asunto va más allá: como bien explica el autor, es como si se explicase que la Alemania nazi derrotó a Francia porque la invadió en 1940, silenciando que finalmente las tropas aliadas derrotaron a Hitler. No es que lo primero sea falso en sí, pero lo deviene al desgajarse del contexto del que forma parte.

Invencibles narra ese contexto más amplio en el que se inserta el episodio de la llamada Armada Invencible y lo hace en forma novelada, como ya hiciera Foncea en su relato sobre Blas de Lezo y la defensa de Cartagena de Indias.

Así, tras la empresa de la Armada Invencible, que no alcanzaría sus objetivos no sólo por los elementos, sino también por una serie de decisiones erróneas, pero que en ningún caso fue el descalabro que pretende la propaganda inglesa (de 132 barcos regresaron a España 110), Foncea nos lleva a las costas del noroeste de Irlanda, donde recalan las naves españolas desgajadas del grueso de la flota y en peligro constante de naufragio. Y de ahí a La Coruña, donde asistimos a la defensa de la ciudad frente al ataque de la Contra Armada capitaneada por Francis Drake en la que se ganaría su merecida fama María Pita, y al ataque final contra Lisboa que marca el fracaso final de la Armada de Drake, un fracaso mucho más rotundo que el de la Armada Invencible, pues de 150 navíos que la componían regresaron a las Islas británicas tan solo 100 y Francis Drake sería degradado a puestos sin relevancia. Finalmente, se iniciaría un periodo de hegemonía española que reflejan la victoria final en los conflictos navales entre España e Inglaterra.

¿Cuándo reflejaran estos hechos los libros de texto que estudian nuestros escolares?

Mi querida e invencible España

MQE



Categorías:Comunismo, Cristianismo, Populismo

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5 respuestas

  1. EFELIPE II, LA GRANDE E FELICÍSIMA ARMADA y LA JORNADA DE INGLATERRA DE 1588
    La jornada de Inglaterra, es un suceso sobre el que se conoce la forma, y el fondo. El día a día por los diarios de abordo, los pormenores por las diversas fuentes, los detalles, las bajas, las calamidades, aciertos y desaciertos, pero el fondo, siendo conocido, se nos muestra tergiversado por leyendas negras.

    La propaganda inglesa ha conseguido su propósito y por lo regular se tiene por sabido que la intención de la Grande e Felicísima Armada era la invasión de la isla. Nada más falso. Felipe II nunca envió a sus barcos para invadir Inglaterra. Se ha eclipsado todo conocimiento de lo tratado sobre la supuesta invasión. Por descontado no se pasó nada por alto para un rey que antes de serlo de España, lo fue de Inglaterra. Por tanto tuvo sobrado conocimiento de las defensas con las que contaba la isla y sus puntos flacos, que eran incontables.

    Felipe II encargó a Don Álvaro de Batzán, el Marqués de Santa Cruz, su almirante de la mar océana, un estudio riguroso para la invasión, que para mayor inconveniencia se la estaba encomendando el Papa. El resultado del informe fue que para la invasión de la isla, la armada debía contar con no menos de 150.000 infantes, para una empresa con garantías. En fin, la lista de pertrechos, naves, barcos, galeras y galeones era interminable y no recuerdo los puntos y detalles de ésta. Felipe II preguntó con sorna después de escuchar atentamente el interminable listado si lo iba a costear el papa. A la luz de estos datos, seguir sosteniendo que la verdadera naturaleza de la contienda, era la invasión, con 25.000 soldados, carece de sentido. Los servicios secretos Españoles, los más importantes de su tiempo, hicieron su trabajo, infundiendo terror al Inglés, y haciendo pensar a propios y extraños en un propósito equívoco, en la invasión, sin desvelar nada, de tal suerte que los propios oficiales creyeron en tal acción invasiva, de recoger unos tercios en la costa europea al mando de Alejandro Farnesio y trasladarlos a costas Inglesas.

    En concreto, el propósito fue una operación de castigo, desafortunada por las tormentas, sobre la cual, el Medina Sidonia y anteriormente el desafortunadamente fallecido Marqués de Santa Cruz estuvieron al tanto. En 1588 la Grande e Felicísima Armada partía de Lisboa como operación de castigo, con barcos mucho más grandes de lo necesario, para infundir miedo a la reina Isabel. Inglaterra no era enemigo para España en aquel tiempo. Posteriormente, en el año 95, siete años después, otra expedición cumplió con el cometido, esta vez con un rotundo éxito, y con no menos barcos, eso si más maniobreros y manejables, bombardeando puertos, desembarcando hombres en Cornualles y en Londres. Los ingleses lejos de presentar batalla huyeron de los españoles dejando espacio para evitar enfrenamientos. En concreto, en Londres se desembarcó un contingente de 400 soldados, que fueron reembarcados unos días más tarde después de bombardear los castillos que franqueaban la entrada de la ciudad.

    Si se observan las referencias a las pérdidas españolas de 1588 en la Jornada de Inglaterra, fueron debidas a las tormentas en la costa de Irlanda. Se perdieron 18 galeones con algunos de los más renombrados caballeros de la milicia española. En el s. XIX fue recuperado un manuscrito de un capitán español, náufrago de la Armada y sus peripecias y aventuras para regresar al continente. (El manuscrito ha dado ya para varias novelas) Cuando el protagonista de semejante aventura arriba a costas amigas en Bélgica, se reincorpora de inmediato a un ejército ajeno a derrotas y descalabros, más lleno de vida que los siete u ocho mil desdichados de la escuadra inglesa que Isabel I abandonó a su suerte en las cloacas de sus puertos.

    La pérdida de ventitantas naves españolas nunca fue desastre, sino pequeño descalabro. Contaba España con más de tres mil astilleros en sus costas y no faltando ducados, barcos hubo de sobra. En concreto, de 132 naves enviadas, regresaron 110, entre las cuales se encontraban dos barcos hospitales que arribaron al puerto de Laredo con un cargamento de soldados convalecientes. España no abandonaba a sus heridos.

    La leyenda negra, de reciente factura, ha ido eclipsando la verdad hasta tal punto, que vencer las afirmaciones tergiversadas, cuesta un Potosí, por los postulados sin fundamento británicos y su eco entre los historiadores españoles a quienes les resulta más sencillo hablar de “la Armada Invencible” que de la Grande e Felicísima Armada.

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  2. Manuel, yo creo que es bastante indiscutible que en los siglos XVI y XVII España fue bastante hegemónica militarmente hablando. Armada incluida. De hecho para mantener el imperio no podía tener una Armada de baja calidad. Otra cosa es que se perdieran batallas concretas y que no cabe duda que España se fue desgastando poco a poco, hasta la debacle del XIX. Pero no creo que se puede hablar de que en esos siglos los ingleses fueran más fuertes desde el punto de vista militar. Otra cosa es que daño hacía, sí, pero no con un dominio total. De hecho a España como gran potencia mundial le sustituirá Francia más que Inglaterra. Inglaterra será la potencia dominante sobre todo en el s. XIX.

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  3. No hay que confundir la España imperial que se hunde en el siglo XVII, después de conquistar el mundo, con el desastre de los Borbones de finales de XVIII, el idiota de Carlos IV y su horripilante hijo Fernando VII (si es que era su hijo) y la aventura napoleónica en la que España jugó un triste papel, aunque derrotara a Napoleón en Bailén.

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  4. Manuel, sabes que entre la Gran Armada y Trafalgar van mas de 200 años y que son guerras totalmente diferentes, no?

    Que España no perdió la hegemonía tras la Gran Armada lo atestiguan los hechos. Que los ingleses se llevaron descalabros mucho mas gordos frente a las armas españolas (Cartagena de Indias), también. Pero hay un hecho indudable: son los maestros de la propaganda, y nosotros de tirarnos piedras a nuestro tejado.

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  5. Pues lo que tengo entendido es todo lo contrario, que los ingleses nos zurraron la badana a base de bien. Que despúes hubiera lides que ganamos no digo que no, pero al final la guerra terminó a favor de los anglos cuando nos dieron otra en Trafalgar, para que nos acordáramos. La diferencia era la organización de la Navy y la improvisación de los mandamases hispánicos. Y alguna vez el burro tocó la flauta.

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