¿Qué hacer ante la nueva fiebre por borrar todo vestigio del franquismo?

Cómo pasaba en la URSS, uno empieza a sospechar que si lo prohiben con tanto ahínco es que algo bueno tendrá.

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En el nuevo diario XYZ, ·el periódico crítico sevillano”, encontramos un magnífico escrito de Ángel Pérez Guerra que hacemos nuestro y que nos da pistas sobre por dónde puede ir nuestra reacción a la reciente ola podemita, empeñada en borrar todo lo que ocurrió en España durante el régimen de Franco. Escribe Ángel Pérez:

“No fui un niño de la guerra ni de la posguerra. Ni de las cartillas de racionamiento. Ni de los corrales de vecinos. Ni de la tuberculosis. Ni de los perros rabiosos. Ni de las algarrobas de los caballos. Fui un niño del “baby boom”, de los premios a la natalidad, de la televisión, de los maravillosos festivales de Eurovisión sin mujeres barbudas. Fui un niño del Bachillerato de seis cursos con dos reválidas y COU. Hice la carrera en el Talgo. Me alojé en pensiones de mala muerte para examinarme en la capital de España a 40 grados con apuntes y libros ininteligibles. Y no me morí, sino que me licencié. Pero es que entonces en Andalucía sólo había tres universidades, no diez como ahora.

Y sobre todo, amigos, no guardo rencor. Ahora, gente de mi edad, algunos mucho más jóvenes, andan desenterrando hachas de guerra para emplearlas en cortarles la cabellera a personas que levantaron este país de las ruinas en las que les habían dejado quienes para ellos son modelos morales. Unos años más de Fermín Salvochea y Cádiz sería ahora una aldehuela de mariscadores faenando para la Nomenklatura. Un mes más de Frente Popular y las purgas hubieran durado hasta la caída del muro, o tal vez hasta hoy, como en Cuba.

Nadie ha conseguido nunca imponerme nada, de tejas para abajo. Si quieres que piense algo ordéname que piense lo contrario. Si esperas de mí el aplauso a la consigna tendrás ante tí un pasmarote congelado. Si le quitas una calle a alguien despertarás en mí la admiración hacia ese tipo al tiempo que una curiosidad imparable por conocerle más a fondo.

Es lo que están haciendo en Madrid con 256 calles, nada menos. Tengo tarea. A partir de hoy, ése será el índice de los personajes que más me interesarán, y no cejaré hasta conocerlos en profundidad, con sus luces y sus sombras. Si yo fuera un niño de la guerra y los vencedores me hubieran prohibido leer —pongamos por caso— a Rafael Alberti, yo me hubiera bebido sus obras completas y clandestinas, no tanto para disfrutarlas como para defenderlas.

Así que esa panda de indocumentados y algo más que pretende borrar los cuarenta años más constructivos de la Historia de España lo tiene claro conmigo. Acaban de ampliar mi lista de lecturas obligadas con 256 nombres. Y al rector que echó a la basura un montón de dinero público con la biblioteca del Prado, y que hoy es consejero de la Junta de Andalucía, le digo: podrá picar el escudo pétreo con el águila de San Juan bajo el que estudiaron generaciones de universitarios (entre ellos, probablemente usted, porque era la puerta de Ciencias), pero no podrá borrar lo que ese escudo significa desde que lo acuñaran los Reyes Católicos. Y me dan ganas de añadir algo sobre la cultura de los picapedreros, pero eso sería perder el tiempo.”

Mi querida y rebelde España

MQE



Categorías:España, Memoria Histórica, Podemos

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5 respuestas

  1. [Si lo prefieren, no publiquen este comentario. Mi intención es hacerles una sugerencia constructiva nada más]:

    No parece a decuado que un artículo escrito en primera persona vaya sin firma personal.

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  2. Muy bueno el articulo. Nací en 1938, me acuerdo de las cartillas de racionamiento y de la escasez con la que vivíamos en la casa. Pero también me acuerdo de que unos años después, con varios pluriempleos pude tener una Vespa y luego un 600. Si no pude estudiar de niño lo hice de mayor: letras y después derecho, oposité y conseguí un puesto decente. Todo ello en ese tiempo que me pintan ahora tan negro pero que recuerdo con nostalgia. Por cierto leí a Marx en tiempos de Franco y me dieron clase profesores que no eran precisamente del régimen. Los que olvidan su historia o la falsean están condenados a repetirla en sus peores momentos y a eso parece que vamos.

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    • Yo nací en 1949 y recuerdo toda la época franquista como muy feliz. Teníamos quizá menos cosas que ahora pero vivíamos también más contentos. Aunque no pudiéramos ir todos los años de veraneo. Yo también estudié una carrera universitaria y nunca me faltó de nada.
      Recuerdo, como cosa curiosa, que los obreros: albañiles, pintores, etc, cantaban a grito pelado mientras trabajaban… igual que ahora.

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  3. A raíz del artículo me surgen dos reflexiones: 1) como la gente más joven (menos de 30) ha sido educada en el odio, cosa que las generaciones nacidas en el franquismo no lo fueron. Aquí hay responsabilidad de todos los partidos porque el instrumento para transmitir este odio ha sido el sistema educativo. 2) Habrá que oponerse a este intento totalitario y en todo caso, como señala Ángel poner en valor y dar a conocer la vida de las personas que daban nombre a las calles.

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