Necesitamos padres que enseñen a sus hijos “los límites del yo”

Una noción que los populistas de extrema izquierda parecen desconocer.

sostres

Salvador Sostres se ha dejado llevar en múltiples ocasiones por su deseo de provocar y su afán de protagonismo a cualquier precio. No es difícil encontrar en la red afirmaciones suyas poco afortunadas o directamente lamentables. Pero cuando acierta, lo hace con rotundidad y con una claridad que, lo confesamos, nos encanta.

Quizás su experiencia como padre, a la que se refiere últimamente con frecuencia, le haya aportado ese sosiego y sentido común que echábamos antes en falta en bastantes ocasiones. Como muestra la columna titulada El Campanario que publicó Sostres el pasado 20 de agosto en ABC y en el que explicaba “la primera lección fundamental que con mi mujer le estamos enseñando a la niña“: “los límites del yo“, “lo que es de los demás y no puede tomar sin permiso”, “lo que es suyo y debe cuidar si quiere conservarlo”.

De esta norma de educación básica, que por fortuna muchos hemos recibido en nuestras casas, Sostres extrae toda una visión política que choca con la que, por ejemplo, tiene la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, siempre dispuesta a justificar a los delincuentes si son “víctimas del capitalismo global”, como parece ser el caso de los manteros.

Escribe Sostres: “El problema de esta gente de la izquierda es que no tuvieron unos padres que les enseñaran los límites del yo. Y en lugar de educarles en la generosidad les entrenaron para todas las categorías del mal”.

Y llega a una de las grandes anormalidades de nuestra patria: la aureola positiva que aún recubre, para muchos españoles, la ideología que más víctimas mortales ha provocado en la historia de la humanidad: “La gran lacra de nuestra era es que consideramos que el comunismo es una ideología cuando es en realidad un crimen, el mayor crimen que contra la Humanidad jamás se haya perpetrado, tanto en su concepción teórica como en cada vez que brutalmente se ha aplicado”.

¿La solución? Nos la da el mismo Sostres cuando apela al recuerdo de su recientemente fallecida abuela, una mujer que supo transmitir una visión justa y generosa de la vida y que, en una vida de trabajo y también de generosidad, encarnó lo que predicaba. Estamos seguros de que, si miramos hacia atrás, son muchos más nuestros mayores sensatos y generosos que los resentidos y envidiosos.

Mi querida y educada España

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Categorías:Populismo

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1 respuesta

  1. Como ya he dicho en otro comentario, los padres han dejado de ser los educadores de sus hijos cuya función la asumido el estado-providencia. ¿Qué le va a decir a su hijo sobre la sexualidad? Ello ya se encarga de hacerlo el sistema educativo para nuestro mal.

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