El gran reto de Europa

La crisis migratoria actual pone a Europa en una encrucijada, no dejar de ser lo que fue.

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En Mi querida España no somos muy entusiastas de Arturo Pérez-Reverte. Escritor de brillante y acerada pluma que muchas veces la pone al servicio de un anticlericalismo  y de una fobia la Iglesia católica falto de razón y consistencia histórica. Sin embargo, En Mi querida España estamos muy lejos del sectarismo que campa por otros lugares. Por eso, hoy nos hacemos eco de un artículo suyo en el XL Semanal en el que plantea una verdad que pocos se atreven a verbalizar (porque a Pérez-Reverte si algo no se le puede reprochar es su valentía), la actual crisis migratoria supone una encrucijada para Europa.

En términos más bien desesperanzados Pérez-Reverte plantea que estas oleadas de inmigrantes van a poner en cuestión el statu quo de Europa, que Europa es incapaz de asimilar estas masas de inmigrantes, que de alguna manera estos inmigrantes en el futuro se rebelarán contra los europeos que les acogieron y que posiblemente ser harán los dueños de Europa frente a los actuales europeos.

Es posible que no le falte razón, a lo largo de la historia (como él señala en su artículo) los movimientos migratorios han provocado la caída de los imperios o civilizaciones de acogida, dando lugar a otros nuevos. Es típico el ejemplo de los bárbaros y el imperio romano. Acierta también Pérez-Reverte cuando dice que además la Europa de acogida es una civilización en descomposición: “está roído por dentro y amenazado por fuera. Ni sabe, ni puede, ni quiere, y quizá ni debe defenderse”.

Ante esta situación Pérez-Reverte denuncia la incapacidad de nuestros intelectuales y dirigentes para alertar a la sociedad europea y reclama la necesidad de: “adiestrar a los jóvenes pensando en los hijos y nietos de esos jóvenes. Para que afronten con lucidez, valor, humanidad y sentido común el mundo que viene. Para que se adapten a lo inevitable, conservando lo que puedan de cuanto de bueno deje tras de sí el mundo que se extingue. Dándoles herramientas para vivir en un territorio que durante cierto tiempo será caótico, violento y peligroso. Para que peleen por aquello en lo que crean, o para que se resignen a lo inevitable; pero no por estupidez o mansedumbre, sino por lucidez. Por serenidad intelectual. Que sean lo que quieran o puedan: hagámoslos griegos que piensen, troyanos que luchen, romanos conscientes -llegado el caso- de la digna altivez del suicidio. Hagámoslos supervivientes mestizos, dispuestos a encarar sin complejos el mundo nuevo y mejorarlo; pero no los embauquemos con demagogias baratas y cuentos de Walt Disney. Ya es hora de que en los colegios, en los hogares, en la vida, hablemos a nuestros hijos mirándolos a los ojos”.

El problema está, y ahí no entra Pérez-Reverte, en que para que esto sea posible, para que Europa sea capaz de afrontar este reto de la llegada de nuevos inmigrantes, no sólo es necesario un política migratoria seria y alejada del sentimentalismo, no sólo es necesario tomar conciencia del reto y de los riesgos de esta nueva situación, es necesario también que exista civilización, que Europa crea en algo, que Europa recupere su ser. Y ese ser no eso otro que el recibido de Grecia, Roma y el Cristianismo. Una Europa que vuelva a sus orígenes será capaz de hacer frente exitosamente el reto. Sin embargo, la Europa de las “luces”, la hija de la Revolución Francesa y la modernidad, tan reivindicada  por la élites políticas e intelectuales de hoy, incluido Pérez-Reverte, sucumbirá, como ya está haciendo, ante esta crisis.

¿Está Europa dispuesta a recuperar su ser? Esa es la gran pregunta para conocer como acabará esta crisis, no el recurso a la historia, siempre interesante para aprender y no repetir errores, pero que no se puede cambiar ni tiene por qué repetirse.

Mi querida y europeizada España.

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Categorías:Europa, Inmigración

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1 respuesta

  1. Creo que efectivamente Europa está en un momento decisivo: o recupera su propio ser o será engullida en el mundo que se avecina que no sabemos cómo será. Solo puede perdurar una civilización si se mantiene en sus valores y cuenta con individuos que la encarnen y la defiendan y eso es lo que nos pasa: nuestros valores se han devaluado (solo se espera es hedonismo y comodidad) y nos iremos extinguiendo por un envejecimiento galopante. Estamos sacrificando los hijos en el altar del demonio del bienestar, de la libertad sexual, del placer sin responsabilidad. ¿Seremos capaces de reaccionar? ¿Hay líderes que convoquen a esta reacción? No los veo.

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