La ley instrusa

El papel de la ley es garantizar la convivencia, no destruir las instituciones.

leyes

La ley juega un papel fundamental en la vida en sociedad. La ley marca lo límites para la convivencia, reconoce y protege derechos y muestra, en lo ámbitos que le son propios, lo bueno y malo. Al fin y al cabo cuando una persona ve que determinadas acciones son penadas por la ley interpreta que lo son porque son malas y, viceversa, cuando algo es permitido por la ley quiere decir que es bueno.

Esta función propia de las leyes se ha vendido prostituyendo desde que el pensamiento moderno, derivado de la Revolución Francesa, se ha ido imponiendo. La ley, al no reconocer una orden anterior – el orden natural, no reconoce derechos sino que los crea, la ley se convierte en un instrumento al servicio del capricho del político de turno a través del cual trata de reeducar a la sociedad. La ley ya no es expresión o reflejo de un orden dado y su papel es estimular los comportamiento buenos y castigar los comportamientos antisociales. En este proceso la ley ya no es una referencia para conocer lo bueno y lo malo. Esto provoca una gran confusión en la sociedad.

Pero además de este efecto pernicioso que supone introducir la confusión en la sociedad, la ley está sirviendo para desestructurar las instituciones sociales. La ley se han convertido en el instrumento perfecto del gobernante moderno para destruir todos los vínculos sociales, en especial la familia.

Así nos lo demuestra esta noticia, “Un juzgado permite abortar a una joven de 15 años en contra de la voluntad de sus padres evangélicos”. No vamos a entrar ahora en la injusticia que supone que la ley española permita el infanticidio. Queremos resaltar el hecho de cómo la ley sirve para romper una institución como la familia. Si un menor de edad no está de acuerdo con sus padres acude al juez y logra que su voluntad se imponga. Se han judicializado las relaciones familiares. Ya no existe la patria potestad, existe la “patria judicial”.

Alguien podrá decir que la patria potestad no es absoluta y así es. La ley, siempre, contempló que si la actuación de los padres ponía en riesgo el bienestar de los padres se podía retirar la patria potestad. Sin embargo, aquí hablamos de otra cosa, hablamos de eliminar de hecho y de derecho la patria potestad, de priorizar desde la ley la voluntad de los hijos sobre la de los padres. Eso es romper la familia. Y en ello estamos.

Pero este intrusismo legal no solo afecta a la familia, afecta a otras muchas instituciones. Vean como la práctica médica, en el caso Andrea, ha sido sometida también a una intromisión judicial fundamentada en la ley. En el caso de este niña lo relevante no era la opinión médica, la opinión experta, lo relevante era qué opinaban los padres, legos en la materia, y un juez. Y como los padres, a partir de la ley y el juez, lograron imponer su voluntad sobre la opinión médica.

Estamos en un proceso de destrucción de las instituciones sociales, de los vínculos sociales. Poco a poco se va tejiendo un armazón totalitario que tiene como su máxima expresión y sostén el ordenamiento jurídico. Bajo la excusa de defender derechos nos quitan la libertad y las instituciones que la protegen.

Mi querida y prisionera España.

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Categorías:Judicialización, Sin categoría

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2 respuestas

  1. Esto empezó con la ley del divorcio de Fernández Ordoñez, la de la despenalización del aborto y se agravó con la sectaria gobernanza de Rodríguez Zapatero, pero la izquierda consiguió el gran éxito de convencer a los españoles de que se trataba de nuevos derechos, de actitudes progresistas. Así nos colaron la ideología de género, las leyes de aquella Aido de infausta memoria, etc. etc. Pero lo más grave es que el PP que ganó las elecciones por una aplastante mayoría en lugar de eliminar toda esta basura pues la mantuvo para ser más progresista que nadie. El gaymonio de Maroto con todo el PP de palmeros es el último episodio de esta destrucción de las instituciones. Ahí está el caso Andrea, elfallo judicial sobre el aborto de la menor, las medidas de Cristina Cifuentes en la Comunidad de Madrid sobre inseminación artificial, etc. etc. UNA PENA

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