¿Absolutismo de Estado? ¿Me está hablando de España?

Sin límites, el Estado se convierte en totalitario… aunque se vote cada cuatro años.

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Lo escribió Pío XII en su día. Ahora el Club Chesterton nos lo recuerda:

El absolutismo de Estado (que no debe ser confundido en cuanto tal, con la monarquía absoluta, de la cual no se trata aquí) consiste de hecho en el erróneo principio de que la autoridad del Estado es ilimitada y de que frente a ésta -incluso cuando da libre curso a sus intenciones despóticas, sobrepasando los límites del bien y del mal- no se admite apelación alguna a una ley superior moralmente obligatoria“.

Queda claro, ¿verdad?

Mi querida y despótica España

MQE



Categorías:Libertad Política, política

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3 respuestas

  1. Esto es absolutamente cierto. Además de lo comentado por Francisco Rodríguez Barragán, podríamos añadir que hoy en día muchos estados (y entre ellos está el español, por supuesto) han adoptado como “dogmas”, de manera más o menos abierta o encubierta, la ideología de género, la apostasía de la religión cristiana y católica, el relativismo moral, el pansexualismo, el homosexualismo, el consumismo y otros “ismos” tan nefastos y perjudiciales para el bien de las personas.

    La democracia no puede decidir lo que está bien y lo que está mal. Por el contrario, debe siempre someterse a la Ley de Dios, o no vale para nada.

    De hecho, si una ley humana no se ajusta a la Ley de Dios tenemos el derecho (y me atrevería a decir que incluso el deber) de ejercer nuestro derecho a la desobediencia civil, y si no lo hacemos actuamos como unos cobardes, y Dios nos pedirá cuentas en su momento. Como ejemplos, podemos citar los siguientes:

    * En los Hechos de los Apóstoles, en un momento dado, los apóstoles detenidos por las autoridades religiosas judías se niegan a dejar de predicar las enseñanzas de Jesucristo, y el mismo san Pedro llega a decir: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”.

    * En la obra teatral “El alcalde de Zalamea” de Pedro Calderón de la Barca, el alcalde protagonista de la novela, D. Pedro Crespo, en un momento dado, detiene a un capitán de unas tropas a las que tenía obligación de alojar, tras haber deshonrado éste a su hija y haberse negado a casarse con ella pese a las súplicas del alcalde. Debido a ello, se enfrenta a D. Lope de Figueroa, quien exige su liberación y que sea remitido al a las autoridades correspondientes para que sea juzgado. D. Pedro se niega a hacerlo y, además, hace morir al capitán ofensor. Cuando llega el Rey, reconoce que D. Pedro actuó correctamente y, además, le nombra alcalde perpetuo de Zalamea.

    * En la obra teatral “Antígona” de Sófocles, la protagonista, en un momento dado de la historia, decide enterrar a su hermano Polinices en contra de la voluntad de su tío Creonte, rey de Tebas, que había decidido que no debía ser enterrado por no haber actuado dignamente. Antígona es condenada a morir siendo sepultada viva, pero lo evita suicidándose. Su muerte provoca otras muertes sucesivas hasta que Creonte se da cuenta de que su modo absolutista y despótico de gobernar, situándose por encima de los valores religiosos y familiares, ha sido un error, lo cual provoca su propia desdicha.

    * Según le he oído decir a monseñor José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián (en algunos programas de Radio María), en alguna obra teatral suya, Lope de Vega afirma lo siguiente: “Todo lo que manda el Rey, que va contra lo que Dios manda, no tiene valor de ley, ni es Rey quien así se desmanda”. Evidentemente, podríamos sustituir la palabra “Rey” por otras similares, como “Presidente del Gobierno”, “Primer Ministro”, “Juez”, “Dictador de turno”, “democracia” etc.

    Lo bueno y lo malo, es decir, la Ley Moral, no depende de mayorías o de minorías democráticas, o de si gobierna un partido político u otro, sino sólo de Dios. Recordemos el famoso “árbol de la ciencia del bien y del mal”, de cuyo fruto comieron Adán y Eva, nuestros primeros padres, lo que provocó su desgracia y, en parte, también la nuestra, pues desde entonces todos heredamos el Pecado Original y sus consecuencias. Si prescindimos de la Ley de Dios, tarde o temprano sólo atraeremos desgracias sobre nosotros, y si no es en esta vida será en la otra.

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  2. Eso vengo diciéndolo desde hace tiempo. Cuando el parlamento quiere decidir sobre lo bueno y lo malo, la verdad y la mentira, sin ninguna relación con la trascendencia, todas las aberraciones son posibles: divorcio exprés, aborto libre, matrimonio homosexual, ideología de género, educación afectivo-sexual al margen de los padres, colegios adoctrinadores, etc. etc. La democracia es otra cosa y no es esto, no es esto como diría Ortega.

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