Solzhenitsyn, más vigente que nunca

Alguien que dijo que “la carencia de Dios es el primer paso hacia el gulag” no puede dejar indiferente.

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La figura de Alexandr Solzhenitsyn no deja de agrandarse desde que nos dejó en 2008. En esta ocasión, Kiko Méndez-Monasterio publica una glosa de su figura en La Gaceta que vale la pena leer:

“La KGB había invertido mucho dinero en este lado del muro, y poco a poco germinaba convertido en pensamiento progresista, en marxismo liberal y en Cuadernos para el diálogo. Dependiendo de la década, intelectuales de prestigio componían odas a la grandeza de Stalin, alabanzas al régimen soviético o críticas suicidas sobre las democracias occidentales. Todo ese gigantesco aparato de propaganda, engrasado a la perfección, se adueñaba de las cátedras universitarias, de las elites culturales y hasta de los seminarios. Hubiese sido difícil detenerlo si no llega a ser por una obra: Archipiélago Gulag, un testimonio terrible sobre los campos de concentración soviéticos, una denuncia definitiva sobre el burocrático genocidio comunista.

Enfrentados con el socialismo real de Archipiélago, la propaganda soviética se atragantaba, y el mundo empezó a conocer la verdadera cara de los “paraísos” socialistas. A Solzhenitsyn no le perdonaron su hazaña y Juan Benet, todo un mito de la progresía intelectual, llegó a escribir: “Creo firmemente que mientras exista gente como Solzhenitsyn deberán existir los campos de concentración. Incluso deberían estar mejor vigilados para que personas como él no puedan salir”. Y es que el disidente les arruinaba el negocio.

Alexandr Solzhenitsyn empezó la guerra como soldado y la terminó como un capitán prestigioso y condecorado. De la ofensiva roja le asqueó el “todo vale” que Stalin difundía entre sus tropas, una espeluznante consigna que trajo al corazón de Europa barbaries aún por relatar. Una carta privada en la que cuestionaba al genocida le valió su primera detención, y con ella un pasaporte al infierno del gulag.

Muerto Stalin, Solzhenitsyn vuelve a Moscú y en poco tiempo se labra una gran reputación de escritor con su novela Un día en la vida de Iván Denisovich que se lee a uno y otro lado del Telón. Pero el novelista, que ya ha superado la guerra, el gulag, y un cáncer que le diagnosticaron como fatal, pronto se convierte en un genio incómodo, que denuncia la censura y la falta de libertad, y que acaba convirtiéndose en sinónimo de disidente. Logra apoyos dentro de círculos intelectuales, hasta que declara su cristianismo, lo que para muchos es ir demasiado lejos. Incluso escribe al Patriarca ortodoxo de Moscú pidiéndole que se implique más en la denuncia de la opresión del Estado. Acaba siendo expulsado de la Unión Soviética y recibido como un héroe en los Estados Unidos, pero esta celebridad tampoco le durará mucho tiempo. En un famoso discurso pronunciado en Harvard, en 1978, Solzhenitsyn, arremete contra el mundo occidental, al que diagnostica como pusilánime y sometido también al materialismo, sólo que de forma diferente al soviético. Es la misma idea que repite al inaugurar en Francia un monumento a las víctimas del Terror en la región de La Vandée, hablando de los principios destructores de toda revolución, y acercándose así al planteamiento de Dostoyevsky, de Chesterton o de Belloc.

Regresó a la Rusia caótica de Yeltsin, e incluso le dieron un programa de televisión que acabaría siendo sustituido por un espacio pornográfico. “Hemos pasado de un régimen en el que no podía decirse nada, a otro en el que puede decirse todo pero no sirve para nada.”

Espíritu insobornable, Solzhenitsyn fue la conciencia silenciada del siglo XX, y por eso su discurso molestaba en los dos lados. No se cansó de repetir que “la carencia de Dios es el primer paso hacia el gulag”

Nació en Kislovodsk, en 1918, hijo de un terrateniente cosaco y una maestra. Licenciado en Matemáticas y Física. Luchó en la IIGM y pasó ocho años en los campos de trabajo soviéticos. Premio Nobel de Literatura, su obra Archipiélago Gulag es la mejor denuncia del genocidio socialista. Murió en 2008, y fue despedido con un funeral de estado.”

Mi querida y contrarrevolucionaria España

MQE



Categorías:Comunismo, Cultura, Historia

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1 respuesta

  1. El archipiélago Gulag debía ser lectura obligatoria para evitar que haya incautos que piensen que el socialismo es algo bueno.

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