Feminismo: el nuevo totalitarismo

Su lógica la convierte en una ideología totalitaria que retuerce la realidad para someterla a sus propósitos.

feministas

Lo explica magistralmente José Carlos Rodríguez en Actuall:

“España es la quinta [nación ] en la que menos incidencia hay [de violencia doméstica], con un 22 por ciento, según la Agencia Europea para los Derechos Fundamentales (FRA). Mostró también algún hecho moral incontestable, como que las acciones son individuales y, por tanto, la responsabilidad también.

La violencia doméstica es una realidad trágica. Pero a los ojos de algunos es, además, una oportunidad para cambiar la sociedad a su gusto. ‘La lucha’, es decir, el intento de modelar la sociedad, “será feminista o no será”, decía otra de las llamadas a la acción. Y esa ideología totalitaria, transformadora se llama ahora, retuerce la realidad para someterla a sus propósitos. El camino para hacerlo es el siguiente.

Primero, de lo general a lo particular: hay una minoría que recurre a la violencia física en el ámbito doméstico. Dentro de ella hay una mayoría de hombres. Ahora, de lo particular a lo general: no son sólo esos hombres, son todos, pues la condición de hombre y machista se confunde.

El motivo de ello es el culturalismo de la izquierda: los fenómenos sociales son culturales, lo que a su entender equivale a arbitrario y moldeable. Y nuestra cultura tiene, entre todos sus pecados originales, el del machismo.

Este razonamiento se podría aplicar, sin perder su carácter falaz, a cualquier otra regularidad estadística. Por ejemplo: la tasa de condenados por cada 1.000 habitantes es casi tres veces superior entre los extranjeros que en los nacionales. O, para el caso que nos ocupa, el número de víctimas es también el triple entre las nacidas en el extranjero frente a las nacionales.

Si se trata de mirar el peso de la cultura, y volviendo a los datos de la FRA, todos los países que están por debajo de la media son de mayoría católica u ortodoxa. La única excepción es la República Checa, con una mayoría de personas no religiosas, y donde la primera denominación religiosa es la católica. Muy cerca de la media, pero por encima, está Estonia, un país muy poco religioso.

El país de mayoría protestante que tiene una posición más baja (tres puestos por encima de la media) es Alemania, y allí la comunidad católica es prácticamente igual. Nuestras feministas aún no han pedido la expansión del catolicismo a los vecinos luteranos.

Las víctimas de la violencia doméstica merecen la atención y la ayuda que se les presta, pero no el uso ideológico que se hace de ellas, y del que también son víctimas.”

Mi querida y totalitaria España

MQE



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