Los políticos de la tele

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Durante los años 60 y 70 triunfaban en televisión aquellos simpáticos payasos, todos miembros de la familia Aragón, que con sus espectáculos entretuvieron a dos generaciones de españoles hijos del boom demográfico. Hoy no tenemos a personajes tan entrañables como Miliki o Fofó, pero nuestros políticos actuales parecen estar dispuestos incluso a recuperar sus espectáculos si así se ganan nuestro voto.

Algún asesor ha dicho que los españoles se sienten muy alejados de sus representantes, y estos, en lugar de entrometerse menos en nuestras vidas, han decidido multiplicar su presencia en los medios de comunicación y de manera especial en la televisión.

Sin ánimo de entrar a valorar ahora la denigrante oferta televisiva con la que nos solemos encontrar en nuestras principales cadenas, sí que nos gustaría denunciar como pesadamente intrusiva toda esta exposición permanente de nuestros políticos a través de aquello que alguno calificó como la caja tonta. Ya no se conforman sólo con acudir día sí y día también a los programas de actualidad política (algunos de tan ínfima calidad que nos hacen recordar con nostalgia aquella Clave de José Luis Balbín en la que una Pilar Primo de Rivera y un Enrique Líster podían debatir sin ni siquiera levantarse la voz) sino que tienen que aparecer repetidamente también en los de entretenimiento.

Cuando no sale Pedro Sánchez colgándose de un monte para hacer escalada o cocinando con el inefable Bertín Osborne para demostrarnos sus dotes culinarias como si se presentara a chef de La Moncloa, es Soraya Sáenz de Santamaría quien nos baila break dance con pésima gracia o Albert Rivera parlachineando con dos muñecos y Pablo Iglesias tocando canciones verdes con la guitarra. Al propio Presidente del gobierno, tan poco dado a cumplir con su deber de someterse a las preguntas en las ruedas de prensa, lo tenemos como comentarista de la Champions League y nos regala con la colleja a su hijo el primer gesto espontáneo que se le recuerda desde que un micro abierto le grabó quejándose por acudir al “coñazo del desfile” del 12 de Octubre.

Lo poco gusta y lo mucho cansa, las entrevistas “a corazón abierto” en un sofá ya no son originales y resulta triste que el debate político se haya reducido a un simple show televisivo. En ese sentido, mucho van a tener que aplicarse el resto de candidatos a la hora de dar la nota para contrarrestar el inesperado golpe de efecto de Rajoy que seguro que le va a procurar unos cuantos miles de votos.

Ahora andan todos polemizando sobre unos debates electorales en los que no hay argumento de fondo alguno ni contraste real porque todos ofrecen el mismo discurso de manual en un concurso por ver quién presenta sus intervencionistas políticas de la manera más razonable.

Por si fuera poca la sobresaturación que hemos padecido en estos últimos años para acabar escuchando lo mismo de siempre,  ahora encima nos toca soportar las facetas desconocidas de nuestros candidatos. Y la culpa es nuestra por no cambiar de canal.

Mi querida y comediante España



Categorías:Demagogia, Elecciones, Medios de comunicación, política, Sin categoría, Televisión

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