Le ayudamos a reflexionar el voto

Person voting

Excelentes han sido los análisis de José Javier Esparza en La Gaceta a lo largo de de estos cuatros años de gobierno Rajoy. Es por ello que en MQE nos ha parecido conveniente recoger diferentes párrafos de algunos de sus artículos para hacer un balance con el fin de ayudar a reflexionar el voto de nuestros lectores:

Balance de gobierno

(…) Nadie había tenido nunca en España tanto poder en sus manos como Rajoy en noviembre de 2011: mayoría absolutísima en el Congreso (186 diputados de 350) y en el Senado (161 senadores de 266), la mayor parte del poder local y autonómico bajo sus siglas, una oposición desacreditada y hundida, una derecha social movilizada, un poder económico proclive, unos medios de comunicación doblegados por la crisis y un partido disciplinado. Ni siquiera Felipe González en 1982 había gozado de un mapa tan favorable. Incluso la atroz crisis económica hubiera podido jugar a favor de Rajoy, porque el estado en que Zapatero dejó a España era tan ruinoso que nadie habría opuesto resistencia significativa a una vigorosa rectificación. Pero no. El PP ha dilapidado ese inmenso capital y se las ha arreglado para convertir una ventajosa posición de poder en un catástrofe sin precedentes. Es impresionante. 

¿Para quién ha estado gobernando Mariano Rajoy? No, desde luego, para sus votantes, que en su inmensa mayoría no entienden qué está pasando. Tampoco para cumplir el programa del PP, que en poco se parece a lo que tenemos delante. Las cosas que ha hecho Rajoy en estos tres años ni siquiera guardan coherencia con las ideas –valga el término- que el propio Rajoy había venido exponiendo en los años precedentes. Machacar a impuestos a las clases medias, prolongar las excarcelaciones de terroristas, asentar el poder local de los proetarras, flojear ante el separatismo catalán, tolerar la discriminación de los castellanohablantes, consolidar la ley de matrimonios homosexuales, mantener la ley del aborto, consagrar la politización de la Justicia, reafirmar la ley de memoria histórica, desmantelar a la derecha social, destrozar a la derecha mediática que más contribuyó a derribar al zapaterismo, etc. Es como si los tres años de Rajoy hubieran sido, en realidad, tres años más de Zapatero.

Hasta ahora el PP se escudaba en el argumento de que había dejado de lado la política para concentrarse en la economía, un efugio memo pero que muchos estaban dispuestos a creer. Las cifras, sin embargo, desmienten incluso esta última ilusión: el crecimiento renquea, el paro sigue siendo atroz, el Estado permanece en cifras insostenibles, el ciudadano de a pie no tiene expectativas de mejora y, lo que es peor, nadie parece capaz de proponer un modelo económico viable para el futuro de España, más allá de cuatro banalidades sobre el “valor añadido” y el “emprendimiento”. Un balance negro se mire por donde se mire. (…)

(…) Desde su llegada al poder en 2011, el PP ha emprendido una descabellada política de desmantelamiento de la derecha social y mediática, esa misma derecha social que le permitió conquistar su mayoría absoluta. Ahora Rajoy cosecha los amargos frutos de su obtusa estrategia. Porque, recordemos, la movilización que se vivió en las calles entre 2004 y 2009 pareció demostrar que en España existía una derecha dispuesta a dar la batalla frente a la hegemonía mediática e ideológica de la izquierda: movimientos por la unidad de la nación española, contra el terrorismo, por el derecho a la vida, por la familia natural, por la libertad de enseñanza… Todo eso, junto a la labor de medios libres como el Grupo Intereconomía y Libertad Digital (o, en su día, la Cope), había creado por primera vez un polo de conciencia crítica donde conservadores, liberales, católicos y patriotas podían hallar un punto de encuentro, un arsenal de munición ideológica y un altavoz para su participación en la vida pública. Frente a la plúmbea hegemonía ideológica de la izquierda, cuidadosamente cultivada desde los años 70, surgía por fin una alternativa desde la derecha. El PP recogió los frutos de esa novedad. Y acto seguido, los arrojó al pudridero.

No es lo mismo votar derecha que votar PP, y el propio PP se ha encargado sin desmayo de subrayarlo. La política objetiva del PP ha sido, en rigor, de centro izquierda. Ha subido los impuestos, ha flagelado a las clases medias, se ha abstenido de rectificar el desastre de las autonomías, se ha acobardado frente a los separatistas catalanes, ha prolongado el proceso de normalización política de ETA, no ha sustituido las ayudas sociales por instrumentos de gestión privada, ha consolidado la legislación antifamiliar de Zapatero, ha confirmado la politización de la Justicia, no ha reformado la enseñanza en el sentido de una mayor libertad, ha mantenido el matrimonio homosexual, no ha dictado normas capaces de aliviar la marea de corrupción que nos anega, ha sido incapaz de reformar la ley del aborto, ha… Ha hecho exactamente lo contrario de lo que una parte sustancial de sus votantes esperaba. Y aún más: ha desmantelado a conciencia aquellas plataformas mediáticas y cívicas que durante los últimos años habían dado vida a la derecha social.

En vez de reforzar a la derecha social, el PP ha reforzado a la izquierda mediática. Ha salvado la vida (literalmente) del grupo Prisa. Ha salvado la vida (también literalmente) de La Sexta. Ha promovido que el panorama audiovisual se concentre en torno a dos únicos grupos –Telecinco-Mediaset y Atresmedia-Antena 3- cuya orientación ideológica e informativa no es para nada proclive a posiciones conservadoras, nacionales o liberales, mucho menos a posiciones católicas. Ha creído que el control gubernamental de las grandes corporaciones mediáticas iba a facilitarle la tarea de enviar sus mensajes a los ciudadanos y, de paso, neutralizar cualquier oposición al PP por la derecha. Y bien, sí, ha conseguido lo segundo, pero en modo alguno lo primero. Porque mientras el Gobierno limitaba sus mensajes a un mero cántico de autoalabanza a la neutralidad de su gestión, la izquierda sí se dedicaba a la política, y con gran eco. Quizá el ejemplo más relevante es el de Podemos, la formación de ultraizquierda, que ha obtenido el apoyo mediático que se les ha negado a Vox o a Impulso Social.

El PP cree que mostrar ideas de derechas le resta votos, y cree asimismo que el surgimiento de grupos en su derecha le quita poder. Por eso ha desmantelado a la derecha social. Resultado: el PP ha conseguido que el peso de la izquierda en la vida social sea apabullante y que la extrema izquierda, la más sectaria, la menos democrática, la más peligrosa para las libertades de las personas y las familias, se convierta en nueva protagonista de nuestro escenario político. Bravo, Mariano. (…)

¿Y en el partido?

(…) Ayuno de ideología, alérgico a los grandes principios –siempre tan inoportunos para el poderoso-, aferrado a la alquimia electoral como única regla de ciencia política, el PP no quiere ser el partido de la derecha española. Sus líderes se han criado ya bajo la hegemonía ideológica de la izquierda. Están domesticados. Nada les incomoda más que no ser “progresistas”. Entre otras razones, porque creen que mantenerse en los viejos principios les aleja del poder. Y la gente que rodea a Rajoy está convencida de que el secreto del éxito reside en borrar toda ideología, operación que incluye el exterminio de la vieja elite del partido y su sustitución por una nueva cúpula cortada por el patrón Soraya. (…)

Y por cierto, si usted piensa que Ciudadanos es la alternativa, aplique el último párrafo a su reflexión acerca de si el naranja es la mejor opción. Con sus propuestas sociales, morales e incluso económicas, el partido de Albert Rivera, nos está demostrando que Ciudadanos tampoco quiere ser ni el partido de la derecha española ni tan siquiera un partido de centro como se entendía en los tiempos de la UCD. Dejar de votar al PP por el abandono de unos valores para dárselo a un partido con el mismo planteamiento de seguir el modelo de la izquierda más despacio -eso sí en más joven y limpio- no parece una buena opción cuando se cuenta con otra alternativa para dar voz a quienes hemos comprobado que durante estos últimos cuatro años no hemos estado ni bien gobernados ni simplemente representados.

Mi querida e indecisa España

 

 



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1 respuesta

  1. Lleva razón.

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