La infertilidad de Podemos… con permiso de Bescansa

Más allá del bebé de Bescansa, la infertilidad de Podemos evidencia su incapacidad de mirar a largo plazo.

Podemos

A raíz del exhibicionismo emotivista de la diputada Bescansa y su churumbel en el Congreso de los diputados, son muchos quienes han expresado su preocupación con esta “nueva política” que anuncia los peores y viejos vicios.

El último en sumarse a esta reflexión es Francisco José Contreras, quien disecciona con brillantez en Actuall las contradicciones de ese gesto. Entre ellas llama la atención que los 69 diputados de Podemos tienen entre todos 16 hijos: 0.23 per cápita. Un dato que revela que esta gente no mira al futuro, les importa un pito dejar una losa de deuda pública a sus hijos… básicamente porque no tienen.

Escribe Contreras:

“Pero merece una atención especial la reivindicación podemita de la maternidad. No es sólo que Podemos sea entusiásticamente abortista (lo cierto es que ya lo son todos los partidos con representación parlamentaria): el tierno Diego habría podido ser eliminado hace sólo unos meses con total impunidad y con el aplauso de la entrañable bancada que ahora lo acuna, si tal hubiera sido la soberana voluntad de su mamá. Ocurre, también, que los 69 diputados de Podemos tienen entre todos 16 hijos: 0.23 per cápita. Como su promedio de edad es de 41 años, asumamos generosamente que algunos de ellos todavía tendrán hijos en el futuro: doblemos hipotéticamente su índice de fertilidad (0.46). Incluso así, la tasa natalicia podemita estaría todavía casi tres veces por debajo de la de los diputados del PP (1.24), la casta inhumana, que viene a coincidir con la media nacional. Y cinco veces por debajo del índice de reemplazo generacional (el número de hijos que sería necesario tener para mantener estable la población). Dicho de otra forma: si “la gente” –de la que se dicen representantes únicos- imitase las pautas reproductivas de Podemos, España se extinguiría en unas décadas.

En realidad, Podemos comparte la desconfianza clásica de la izquierda hacia la cuestión demográfica y las políticas natalistas. De un lado, las asocia con el franquismo. De otro, intuye (acertadamente) que hay un vínculo entre natalidad y “familia tradicional”. La humanidad –esa humanidad de la que ellos tienen el monopolio- había encontrado desde hace milenios una fórmula de probada eficacia para la reproducción de la especie: un hombre y una mujer se comprometían públicamente para toda la vida, constituyendo un hogar que iban llenando de hijos. Esta receta, como se sabe, es insoportablemente reaccionaria: ha sido erosionada legalmente (mediante la trivialización del divorcio, la concesión de efectos jurídicos a la mera cohabitación, la redefinición del matrimonio como mera “comunidad de afecto”, haciendo abstracción de su dimensión generativa, etc.) y está siendo abandonada de hecho por la sociedad: cada vez se casa menos gente; y, entre los que se casan, cada vez se producen más divorcios. No puede sorprender que caiga la natalidad: es más fácil adoptar la decisión de tener hijos con una pareja definitiva que con una provisional; es demostrable estadísticamente que las parejas casadas son más prolíficas que las que cohabitan.

Podemos recela de la “familia tradicional” y defiende a ultranza los “nuevos modelos de familia”. En un revelador debate televisivo con Alejandro Macarrón –incansable divulgador del desastre demográfico español- Tania Sánchez apoyaba la reivindicación de infertilidad de Espido Freire (minuto 18.20): “En esta mesa estamos dos chicas: las dos somos nulíparas. ¿No se os ha ocurrido pensar que simplemente no nos interesa tener niños? Nos importa un pepino que suba la natalidad o no, que haya pensiones o no. […] ¿Por qué tengo que ser responsable de que la sociedad prospere a mi costa, por ser mujer?”.

Ese es el espíritu. Cada uno hace con su vida privada lo que quiere: todas las opciones amoroso-familiares, incluyan o no la reproducción, son igualmente respetables. El Estado no tiene por qué promocionar unas con preferencia a otras; especialmente, si se trata de la crianza de niños, esa vieja esclavitud de la mujer, felizmente superada. No tenemos derecho a decirle a nadie cómo debe vivir. Si el país se hunde dentro de veinte años por inversión de la pirámide demográfica… ¡qué le vamos a hacer! La culpa será de la troika y de la casta.”

Mi querida e infértil España

MQE



Categorías:Demografía, Podemos, Sin categoría

Etiquetas:, , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: