Otegui sale de la cárcel y sus fans del armario

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Arnaldo Otegui sale de la cárcel porque ha cumplido la pena que se le aplicó por tratar de refundar el brazo político de una banda terrorista. Punto. El dirigente proetarra no ha sido, por tanto, ningún preso político que haya sido encarcelado por sus ideas independentistas vascas y marxistas de extrema izquierda, como demuestra que todos estos fans que le han salido a Otegui en los últimos tiempos están en la calle usando todos los altavoces públicos posibles para mostrar su apoyo al ex portavoz de Batasuna.

A nuestro juicio la notícia de hoy no debería ser que Otegui salga de la cárcel (porque, aunque nos duela, es lo lógico cuando un delincuente cumple su condena; y otro debate sería si habría que cambiar las leyes para endurecer las penas, cosa a la que nos apuntaríamos seguro) sino que del armario salgan miles de personas que hasta ahora reprimían sus simpatías por ETA y que han encontrado en la encarcelación y la liberación del que fuera el líder político-institucional de la organización una excusa perfecta para glorificar a lo que consideran un movimiento de liberación nacional (como le hicieron decir a Aznar en el 98) y resistencia comunista a la vez que volver a ciscarse en España. Son los mismos que buscan franquistas debajo de las piedras y que encuentran fascistas por todas partes menos cuando se miran en un espejo como si no tuvieran cadáveres a sus espaldas y arrogándose la bandera de la libertad y la democracia que sus ideologías tanto han pisoteado a lo largo de la historia por todo el planeta.

Quieren hacer de Otegui un mito, un Mandela vasco que tras su salida de prisión encabece una nueva candidatura abertzale que le lleve a ser el nuevo Lehendakari, y no lo podemos permitir. Otegui no es ningún hombre de paz y lo menos que podemos decir es que ha sido siempre el mayordomo de ETA que ha estado supeditado a lo que su cúpula dijera y, si en los últimos tiempos, intentó convencer a sus jefes de que la estrategia “militar” ya no servía fue por conveniencia para sus objetivos políticos y no por convicción ninguna por mucho que busque compararse con Gandhi. Podríamos discutir sobre el papel de Bandrés, Onaindía e incluso siendo muy bien pensados y generosos algún perfil como el de Patxi Zabaleta que, aunque tarde y con matices, rompió públicamente con la banda, pero Arnaldo Otegui fue siempre y hasta el mismo momento en que entró en la cárcel de Logroño la cara sin pasamontañas de la ETA.

Una vez más insistimos en que los terroristas no han abandonado la violencia por una súbita conversión que les reconcilia con la humanidad sino por pura supervivencia al ver que la vía política iba a ser más efectiva para cumplir sus fines de crear un estado vasco socialista con Navarra anexionada, teniendo en cuenta que el terrorismo islámico les estaba dejando todavía más desamparados de lo que ya estaban. Y sobre todo por todos los golpes que desde el año 2002 -a excepción de buena parte del mandato de Zapatero- se le dan desde todos los frentes: judicial, policial, financiero y político. La encarcelación de Otegui fue una acción más en esa vía que se ha demostrado como la efectiva para acabar con los asesinatos y los secuestros.

Durante más de veinte años el gobierno español se vio incapaz de luchar de manera eficaz contra el terrorismo etarra. Se buscó en los primeros tiempos una hipócrita convivencia con grupos igualmente violentos más o menos paragubernamentales como el GAL, a la vez que en público se sacaba a los muertos por la puerta de atrás y se trataba a las víctimas como a plañideras. El brazo político de ETA llamado entonces Herri Batasuna podía chulearse desde las instituciones con las justificaciones y no condenas de cada nuevo atentado así como usar todos los resortes que le daba su presencia en ayuntamientos y parlamentos para reforzar con dinero público, informaciones oficiales y altavoces públicos a la banda. Ni Telesforo Monzón, ni Iñaki Esnaola, ni Jon Idígoras, ni el propio Arnaldo Otegui (que sí fue encarcelado por secuestrador) tuvieron ningún problema con la justicia como líderes políticos que eran del brazo político de una organización terrorista durante los años 80 y prácticamente todos los 90, dos décadas en los que la banda regó de sangre toda España y especialmente el País Vasco.

Muchos independentistas y ultraizquierdistas tenían ganas de poder reconocer a la banda y hoy es el día perfecto. Ahí tenemos al mismo Pablo Iglesias que antes de que se inicie el debate de (no) investidura del nuevo presidente del gobierno se ha querido reconciliar con ese pasado de -por lo menos- comprensión con la banda y que en la hemeroteca todavía podemos encontrar. Pues sí, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, ni a Podemos ni a Esquerra Republicana (a la CUP ya la damos como marca catalana de Batasuna) ni al PNV si se tercia ni a los socialiastas como Eguiguren ni tan siquiera a esos dirigentes del PP que han dejado a un partido años atrás heroico al nivel del betún les vamos a pasar ni una cuando se trate de ETA-Batasuna.

Mi querida y víctima España



Categorías:ETA, Izquierda radical, País Vasco, Terrorismo, Violencia política

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  1. Reblogueó esto en El Heraldo Montañés.

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