Leopoldo Abadía da una lección sobre el debate de investidura

Los españoles nos merecemos algo mejor

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Leopoldo Abadía es un veteranos profesor que, tras una larga carrera académica, empezó a vivir una segunda juventud a raíz del éxito editorial de su libro sobre la crisis ninja. desde entonces sigue publicando, dando entrevistas y escribiendo columnas en las que expone, con sabiduría y sentido común, su visión del presente.

A raíz del reciente debate de investidura de Pedro Sánchez ha escrito un post en El Confidencial que vale la pena leer. Allí dice cosas tan sensatas como estas:

“No seguí el debate (?) de investidura (?). Tuve un día muy ocupado y por la noche, cuando llegué al hotel, estaba muy cansado y me dormí en seguida.

Una vez dicha la excusa correcta -la verdad, aunque no toda la verdad-, os confieso que no me apetecía nada y que no hice el más mínimo esfuerzo por contemplar el espectáculo. Porque igual me pongo nervioso y uno, a estas edades, no está para malgastar los nervios en patochadas (patochada = disparate, despropósito, dicho necio o grosero).

Hoy leo mis dos periódicos. Hago un resumen para mí:

1. Pedro, el que llamó indecente a Mariano, es llamado heredero del rey de la cal viva por Pablo.

2. Mariano, el que llamó vil y otras lindezas a Pedro, es calificado como desecho sobrante por Albert, que le llama “tapón para la regeneración del PP“.

3. Pablo se morrea con Xavi, al estilo Brézhnev, que, como dicen los catalanes, “al Cel sigui”.

4. Joan dice que, puestos a hacer el ridículo en Madrid, prefiere hacerlo en Barcelona y que menos mal que se va.

5. Mariano le dice a Pedro que engañó al Rey al aceptar el encargo de investidura y que ha traído un fraude.

6. Luego presume de sus avances económicos y se olvida de todos los imputados de su partido. (Ya sé que ahora se llaman ‘investigados’, pero me gusta más lo de ‘imputados’).

Hasta aquí, los hechos y los dichos. Mejor dicho, algunos hechos y algunos dichos, porque hubo muchos más. Hechos y dichos de unos señores que son llamados padres de la Patria, y que, unos en el fondo y otros explícitamente, ni creen en la Patria ni, por supuesto, creen en su paternidad, excepto a fin de mes cuando les ingresan el sueldo, hecha la retención correspondiente, mientras juguetean con el iPad que les regalaron, porque dónde va un supuesto padre de una inexistente Patria sin un chisme en el que pueda jugar al ‘Candy Crush‘.

Me paro para respirar después de semejante párrafo. Menos mal que he puesto algunas comas.

Saco consecuencias el jueves antes de que el viernes se repita el engendro, o sea, se repita:

1. La displicencia de Mariano.

2. El nuevo intento de Pedro.

3. La nueva llamada de Albert a la rebelión en el PP.

4. La nueva siembra de odio por parte de Pablo.

5. Etc.

De todo este circo, en el que Gaby, Fofó y Miliki sobresaldrían porque eran payasos profesionales y estos no pasan de aficionados, me repugna lo del odio. No es que me moleste. Es que me repugna, o sea, “me causa aversión o asco”. En mi caso, asco.

Un asco que se retroalimenta en espiral ascendente, frase absolutamente ininteligible, como si me estuviera preparando para intervenir en el Congreso, pero que voy a intentar aclarar.

Pablo recuerda lo que dice que hizo Felipe hace 30 años.

Alguien hablará pronto de los crímenes del franquismo, y de lo malos que fueron los otros y de lo santos que fueron ellos en la Guerra Civil, de la que milagrosamente se acuerdan, porque acabó solo hace 77 años, cuando yo tenía cinco.

En Cataluña tenemos muy presente lo que nos hizo Felipe V cuando nos equivocamos de bando y apoyamos al perdedor.

Queda un ‘gap’ -uno tiene su cultura y no dice ‘brecha’, no vaya a ser que se me entienda- entre la Guerra Civil y 1714. Eso lo puede resolver la Comunidad Autónoma de Aragón, nombrando un consejero de Relaciones Exteriores para romper relaciones diplomáticas con Francia, porque hay que ver las faenas que nos hizo Napoleón, venga a sitiar Zaragoza y venga a bombardear, que nos dejó la puerta del Carmen hecha una pena.

Y así, nos vamos llenando de odio hacia arriba y, si se nos acaba, siempre tenemos la Inquisición, lo mal que trató Cristóbal Colón a los indios y alguna cosa que harían Indíbil y Mandonio en la segunda mitad del siglo III antes de Cristo.

Odio. Repugnancia. Asco.

¿Y nuestra Patria?

¿Hay algún ingenuo que se crea que los padres de la Patria saben quién es su Hija?”

Y plantea Leopoldo Abadía una serie de preguntas que, ahora más que nunca, vienen al cuento en España y que en Mi querida España asumismos plenamente:
¿Habrá alguien que nos ilusione? ¿Habrá alguien que eche a todos estos?¿Habrá alguien que quiera construir y no quiera destruir?, ¿unir y no desunir? ¿Habrá alguien que piense en mí y en mi vecino y en el otro y en el otro cuando mire el iPad y cobre el sueldo?
Ah! Quien quiera felicitarle en persona, estará el 8 en Valencia, el 10 en Madrid y el 11 en Barcelona presentando su último libro.
Mi querida y abadiana España
MQE


Categorías:España, política, Sin categoría

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