La vulgaridad

Es lo mas característico de la undécima legislatura.

vulgaridad

Ha sido una legislatura corta y para algunos improductiva. En MQE esta segunda característica no nos preocupa mucho. Realmente, dado el empeño de nuestros políticos por interferir en nuestra vidas, hasta en el aspecto más recóndito y privado, y por asaltar nuestros bolsillos mediante impuestos, casi podemos considerar una bendición una legislatura con un gobierno en funciones, por tanto, limitado en su capacidad de interferir en nuestra vida y un parlamento incapaz de legislar.

Decimos casi porque nos encantaría un gobierno que  bajara impuestos y gasto público y un parlamento que empezara a eliminar mucha legislación innecesaria y se ocupara de defender la libertad y la dignidad de las personas. Pero dado que este deseo es prácticamente utópico en MQE consideramos que legislaturas como la undécima, no tanto en la duración, como en la incapacidad de complicar la vida a los españoles son una bendición.

Sin embargo, esta breve legislatura ha generado también síntomas de preocupación. Un observador atento puede comprobar como la vulgaridad ha llegado a la política española. Es verdad, que las instituciones nacionales (monarquía, gobierno, parlamento, autonomías, ayuntamientos) y la política en general se había ganado a pulso un descrédito general. Descrédito que provenía fundamentalmente de los casos de corrupción y despilfarro de dinero público. Estas actuaciones, bastante generalizadas, han generado en los españoles la idea de que a la política se va no a servir sino a servirse y de ahí la desafección entre sociedad civil y política.

En cualquier caso, y a pesar de todo, en la vida política, aunque sólo fuera formalmente, se trataba de mantener el respeto por las instituciones y por quienes ejercían responsabilidades institucionales. Esto ha desaparecido en la undécima legislatura. En la undécima legislatura, fundamentalmente de la mano de Podemos y sus confluencias, aunque no sólo, se han instalado la vulgaridad como forma de hacer política. 

Si el diccionario de la RAE en sus tercera acepción define lo vulgar como lo “que es impropio de personas cultas o educadas”, en el ámbito político podemos concretar lo vulgar en la falta de respeto a la autoridad, las instituciones y los procedimientos. Y en eso ha consistido la acción de Podemos y sus confluencias, imponer la vulgaridad para socavar las autoridad y las instituciones. No hay más que ver como han convertido el parlamento en un circo, en un show. No hay más que ver la vestimenta que utilizan no sólo en su quehacer diario, sino en los actos oficiales o visitas al Rey. La falta de respeto que supone llegar tarde a audiencias u otros actos, … Esto es la nueva política para algunos, la vulgaridad. Y cuidado, que no traten de vendernos que ser vulgar es ser del pueblo, porque el pueblo español si algo tiene es educación y respeto.

No, esta vulgaridad responde a una estrategia política para destruir las instituciones y la autoridad. Pero no nos equivoquemos, sin autoridad e instituciones no hay estado de derecho, que es lo que buscan algunos. Lo triste es que el Presidente del Congreso de los diputados más que defender a las instituciones se ha subido a la “marea”.

Mi querida y vulgar España.

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Categorías:Democracia

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