Brexit y democracia

El referéndum británico está dando lugar a una reflexión crítica sobre la democracia directa.

Brexit

Son constantes en las tertulias radiofónicas las descalificaciones hacia David Cameron por, según los tertulianos, haber generado un problema donde no lo había. Ahora que las encuestas parecen indicar un Brexit (aunque las casas de apuestas pronostican la permanencia) todo el mundo se lleva las manos a la cabeza por utilizar un mecanismo como el referéndum para dirimir este tipo de cuestiones.

Se escuchan argumentaciones, que en MQE consideramos acertadas, señalando que temas tan complejos no se pueden resolver de este modo, que no todas las decisiones se pueden o deben preguntar, que las mayorías no siempre tienen razón, que la democracia directa es muy susceptible de manipulación a través de la demagogia y la apelación a los sentimientos.

Todo eso es verdad, ahora bien, la pregunta que nos hacemos en MQE es ¿qué solución proponen estos contertulios?. Muchos señalan que la democracia representativa es la forma de evitar estos inconvenientes de la democracia directa. Por tanto, entendemos en MQE, que si la mayoría de los británicos votara al UKIP en una elecciones generales y éste, en coherencia con su programa, sacara al Reino Unido de la Unión Europea no habría nada que decir. O ¿podríamos seguir diciendo que este tipo de cuestiones no se deben dirimir por estos procedimientos?.

Realmente la cuestión de fondo que se suscita en este debate, no es tanto qué se puede votar o no y cómo, sino si las mayorías (parlamentarias o de voto) son soberanas para decidir cualquier cosa, o si bien debe existir un límite que establezca el marco de juego, fuera del cual no se puede jugar o decidir. Muchos dirán que ese límite ya existe, son las constituciones de cada nación. Sin embargo, esas constituciones también son modificables por las mayorías, luego no son un límite real, estable y definitivo a los posibles extravíos de las mayorías.

Entonces, ¿no hay solución? En MQE consideramos que sí, se llama el orden natural, la ley natural. Un orden, derivado de la naturaleza del hombre, inmutable y universal, que permite conocer con objetividad el Bien y el Mal, lo que hace feliz al hombre y lo que le destruye. Si construimos nuestros ordenamientos jurídicos y organizamos la comunidad política desde esa óptica, desde la aceptación de ese límite externo, entonces tendremos un garantía fuerte ante las ingenierías sociales a las que son tan proclives las sociedades modernas. Este reconocimiento permitiría delimitar claramente que temas son discutibles y que temas no.

Obviamente el Brexit es un tema discutible, y como tal habrá que buscar el procedimiento más adecuado para discutirlo, lo que sorprende es que se cuestione la discusión del Brexit y en cambio nadie se plantee que hay temas que no se pueden legislar  (permisión del aborto, desnaturalización de la familia, ideología de género, eutanasia,….) por mucha mayoría que hubiera (que no la hay).

Mi querida y democrática España.

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