Refundación de Conveniencia

mas-pujol_560x280

Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), el partido fundado de amagatotis respecto de las autoridades franquistas por Jordi Pujol acompañado de otros nacionalistas catalanes en el año 1974 aprovechando un encuentro de peñistas del Barça en Montserrat con motivo del 75 aniversario del club, ha sido liquidada para, a renglón seguido, convertirse en el Partit Demòcrata Català. Es decir, quitamos la C convergente y ponemos una P de partido, aunque ya no se estile, y pasamos a tener las siglas del Pacte Democràtic per Catalunya (PDC) que fueron las que usó la misma CDC para presentarse a las primeras elecciones de 1977 junto con los otros dos pequeños partidos socialdemócratas y catalanistas de Ramón Trias Fragas y Josep Maria Verde Aldea.

La verdad es que los escindidos de Unió, con Toni Castellà a la cabeza, tuvieron vista cuando (¿inspirados en Andorra?) crearon una nueva formación con el nombre Demòcrates de Catalunya que desde luego queda más acorde con los tiempos que esto de llamarse Partido Demócrata, y más cuando el día de tu fundación y puesta de largo con la nueva denominación llega Obama a España, para pasar casi de largo a lo Bienvenido Mr. Marshall, y no tiene el detalle de clausurar el congreso del que desde ahora será su “partido homólogo en Cataluña” (por lo menos en nombre e ideología socio-liberal progresista). Y menos mal que la opción escogida no fue, tal y como querían Mas y Puigdemont, la de Partit Nacional Català porque aún hubiera bajado la Le Pen como estrella aludida (porque de Salmond ni rastro, tampoco). De hecho, los ex convergentes han ninguneado todas las advertencias que el propio Castellà o la ex presidenta del Parlament Nuria de Gispert hicieran el sábado por la tarde cuando las nuevas siglas se pusieron en boga. Los Demòcrates de Catalunya adviertieron que acudirían a los tribunales a defender su marca, pero seguramente sólo sea una posición de fuerza para negociar una conselleria y un par de direcciones generales más que en los últimos meses el hermano mayor les ha negado (Roma no paga a traidores). Y es que no ha tenido ningún sentido que los ex Unió no se integraran entonces, o aprovechando esta misma refundación como ha hecho Reagrupament (aquella escisión de ERC liderada por Joan Carretero), en la nueva Convergència puesto que no hay diferencia ideológica alguna, pero seguramente Castellà y compañía pretendían seguir con el modus vivendi aprendido en Unió que se aprovechaba de ser un partido pequeño y autónomo, en realidad sin incidencia electoral alguna (como hemos acabado viendo con la Unió que sí ha mantenido las siglas), para ganar su cuota de poder con cargo público incluido.

Porque de esto ha ido este congreso, como es de lo que van normalmente los que celebran todos los partidos: de equilibrio de poderes y colocaciones del personal. Cuando se hace una refundación sin ganas, porque toca, cosmética, de cara a la galería, intentando tomarle el pelo a la gente, empezando por la propia militancia del partido, se acaba haciendo el ridículo. Es lo mismo que cuando los socialistas hacen primarias de chichinabo y acaban llevando a votar a pakistaníes con sobre cerrado entregado por el subvencionado jerifalte de su comunidad. Artur Mas ha querido hacer un último truco antes de retirarse del trilerismo político: inventarse una refundación para liquidar la obra de Pujol y sustituirle como padre fundador, como si él no fuera su heredero directo a dedo elegido por el otrora Ubú y ahora i nnombrable. El concepto de refundación para Mas es mantenerse como máximo líder; escoger a la vicepresidenta como heredera –la pubilla– y a los doce nuevos apóstoles del procesismo para la cúpula; mantener el batiburrillo ideológico de cajón de sastre (independentistas pero soberanistas, socialdemócratas pero liberales, y, como no, progresistas); y, lo más importante, presentar dos nuevos nombres (+ Catalunya o Catalans Convergents) a la elección, pero señalando el que lleva tu apellido delante del nombre del país como el favorito frente a ese otro que sólo se puede entender como una última concesión para nostálgicos de la clandestinidad franquista y la omnipresencia ochentera y noventera.

Pero la bolita se descubrió esta vez y las bases se alzaron ante semejante boutade. Por eso se tuvieron que presentar tres nuevos nombres: Junts per Catalunya (aquí el pollo lo hubieran tenido con ERC, ya que se aprovecha del nombre con el que comparten coalición todavía en el Parlament); Partit Nacional Català (a semejanza de los escoceses, pero con rebufillo francés); y este Partit Demòcrata de Catalunya que ya hace tiempo que saltaba a la palestra cuando se hablaba de refundación del espacio catalanista, incluso en boca de Pasqual Maragall.

En cuanto a la definición ideológica, la nueva Convergència, se declara independentista, republicana, catalanista, humanista, europeísta, progresista y con una pizquita de liberalismo que siempre ayuda a retener votos del centro acomplejado sin que a la práctica represente nada. Llegados a este punto, ¿no sería más fácil integrarse dentro de ERC como su ala -perdón, que voy a decir algo feo- derecha? Porque, ¿qué diferencia ya a ambas formaciones políticas? Esquerra ha sido siempre el partido de referencia del independentismo (por lo menos desde que Àngel Colom tomó las riendas e integró a Terra Lliure, abandonando el confederalismo de Heribert Barrera y Joan Hortalà); tiene unas siglas históricas que engarzan con Macià y Companys, los personajes que siempre han sido los verdaderos referentes de los pata negra convergentes en lugar de Cambó; y además, la aparición de la CUP en el mismo sector independentista, y de las confluencias de los exPSUC en el catalanismo en general, han ayudado a centrar el izquierdismo de ERC en un espacio socialdemócrata y liberal-progresista que es el mismo que reclama CDC-PDC. De hecho, la presunta sucesora de Mas, la vicepresidenta Neus Munté, ya es una sindicalista de la UGT, no sea que los recortes les hagan más antipáticos de lo que realmente son.

Volvemos a las cuotas de poder por un lado y a que, por el otro, la asimilación ideológica no va pareja a la sociológica, como consecuencia de un pujolismo quecomo en parecida medida hace el mismo PP a nivel español toma desde el complejo los votos del centro-derecha para izquierdizarlos con una acción de gobierno rendida a la cultura socio-progre. La antigua CDC sigue teniendo, sobre todo en la comarca, un ramalazo pijo y en apariencia de confianza para la gente de orden, frente a las xirucas de los aún a sus ojos kumbas y hippies de Esquerra. Tiempo al tiempo para que estas diferencias se vayan desdibujando totalmente. Los conservadores y tradicionales abuelos votaban a la CiU netamente pujolista, los padres ya liberales de boquilla que se hacen perdonar la vida ante la izquierda explícita con ese “pero con sensibilidad social, eh” lo han hecho por Mas antes de irse pasando a la Esquerra del bon jan de Junqueras, y los nietos están desacomplejadamente entregados a la CUP. Es la evolución natural de lo que empezó con esa tímida socialdemocracia a la sueca (repleta de ex alcaldes franquistas) de Jordi Pujol. 

Mi querida y refundadora España.



Categorías:Cataluña, CDC, Nacionalismo, PDC

Etiquetas:, , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: