Colombia y la dignidad

No vale la paz a cualquier precio.

santos

Nos lo han enseñado los colombianos. La paz no se pude lograr desde la impunidad de los asesinos, desde el olvido a las víctimas, desde la equiparación entre terroristas y víctimas, desde el desprecio a la justicia. Y aquí no vale decir que los colombianos no querían la paz porque no han sufrido. Las cifras del terrorismo de las FARC asustan: 220.000 muertos documentados, 5,7 millones de desplazados en las zonas rurales, más de 25.000 desaparecidos y casi 30.000 secuestrados. (Los números provienen del informe “¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad”, elaborado por 18 investigadores a lo largo de seis años para el Centro Nacional de Memoria Histórica. Recoge datos desde 1955 y fue publicado hace 3 años. La peor parte se la lleva la población civil.)

A pesar del dolor y del sufrimiento y de las ganas de acabar con la actividad terrorista de las FARC a través de un acuerdo – incluso los partidarios del NO al acuerdo firmado no son contrarios a un acuerdo de paz – el pueblo colombiano no cedió a la presión de los medios de comunicación, de su gobierno y de la comunidad internacional y mantuvo su dignidad. Paz sí, pero no a cualquier precio.

El referéndum colombiano se celebraba el día 2 de octubre. El 4 de octubre se cumplían cuarenta años del asesinato de Jose María de Araluce, presidente de la Diputación de Guipúzcoa. Lo recordaba Gorka Angulo Altube en un artículo en El Mundo. Acaba su artículo con la siguiente frase: “Los que hoy tanto se preocupan porque Arnaldo Otegi sea candidato a lehendakari o protestaban por la ilegalización de Batasuna en 2003, nunca se preocuparon o protestaron por la ausencia en las urnas en numerosos municipios vascos de Alianza Popular, UCD o PP, por las amenazas del pistolerismo etarra. Cuarenta años después de aquel lunes negro, los que se pusieron de perfil contra ETA quieren pasar rápido de página e imponernos una memoria selectiva capaz de recordar la Guerra Civil o a Franco, pero incapaz de recordar el terrorismo que asesinó y obligó a muchos vascos a marcharse de su tierra desde 1976″.

Y es que como nos recuerda Gabi Durán, el relato lo están escribiendo los verdugos: “en España, donde el precio de no ver más cuerpos saltar por los aires o cadáveres con un tiro en la nuca, lo han pagado sólo las víctimas. El relato, ese instrumento tan importante para determinar lo que es justo y lo que no lo es, lo están escribiendo los verdugos, sin un ápice de generosidad hacia sus víctimas, porque saben, que cuando se impone una versión de los hechos, no hay verdad, ni evidencia que la tumbe”.

¿Tenemos claro los españoles lo que debe ser la justicia y la paz? ¿Estamos dispuestos los españoles a defender la diginidad de las víctimas y con ella la de nuestra patria y la de nosotros mismos? Los colombianos han demostrado que sí.

Mi querida y digna España.

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Categorías:Pacifismo, Sin categoría, Terrorismo

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