El PSOE dinamitado por la herencia de ZP

Está atrapado entre un PP cada vez más progre y un Podemos rojo y feminista

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Siguen los análisis sobre el lío en el que se ha metido el PSOE. Hoy nos fijamos en el de Macario Valpuesta en xyzediciones, que creemos que la clava:

La historia del PSOE está llena de páginas siniestras, como las que se refieren a su fundador, Pablo Iglesias Posse, y a aquel que fue uno de los grandes responsables de la Guerra Civil, Francisco Largo Caballero. Bien es verdad que a lo largo de tantos años, los socialistas han tenido también líderes un poco más presentables, aunque nuestra valoración del papel desempeñado por este partido en los últimos cuarenta años no puede ser más que negativa. Pero hoy no quería poner el acento en los múltiples errores cometidos por dicho partido, errores que en gran medida son igualmente achacables a sus rivales peperos. Ambos partidos, en efecto, se han acomodado a vivir con una justicia descaradamente politizada, han transigido hasta el entreguismo con los nacionalistas, han tejido redes clientelares en sus feudos autonómicos y se han pringado con la corrupción. Y muchas cosas más. Con todas las matizaciones que se pueda hacer, debemos admitir que la democracia española está hoy como está en gran medida por culpa de los dos grandes partidos supuestamente nacionales.

            El éxito al que me refiero en el título de este modesto artículo ha venido de la mano de quien menos se esperaba, de José Luis Rodríguez Zapatero, alguien que pudo ser calificado como un “bobo solemne”. En efecto, cuando este personaje llegó al poder, de manera bastante sorprendente, en 2004, cambió de forma radical la estrategia que había mantenido –por supuesto, con sus más y sus menos– Felipe González. Evidentemente, también este fue un político que cometió no pocos errores en su amplia trayectoria pública, pero hay algo que, a nuestro juicio, sí hizo bien. González quiso que el Partido Socialista se expandiera sobre todo hacia el centro y, si bien polemizó a menudo agriamente con el PP, siempre tuvo claro que no quería saber nada del mundo que se encontraba a su propia izquierda. De este modo, fortaleció a su partido, consiguiendo de paso la irrelevancia de Izquierda Unida, a pesar de que esta no dejó de tener nunca un cierto apoyo popular, siempre empequeñecido por la Ley electoral.

            Cuando ZP llegó al poder, venía como resentido por los éxitos de Aznar, y pretendió que el PP nunca más pudiera llegar al gobierno. Efectivamente, el nuevo presidente demonizó al Partido Popular como si este fuera la extrema derecha, acusándolo poco menos que de nazi. Defendió un cordón sanitario para excluirlo de las instituciones, y para ello se alió con IU y con la más extremista izquierda nacionalista (tripartito en Cataluña, pentapartido en Baleares…). Zapatero sacó la Ley de Memoria Histórica que desacreditaba la Transición, deslegitimaba a la monarquía y reabría el debate, en términos maniqueos, de las dos Españas, una de las cuales sobraba. Por otro lado, el susodicho promovió una nueva y radicalísima Ley del Aborto, que nadie reclamaba, y promulgó las llamadas Ley del Divorcio exprés y de Matrimonio Homosexual, aunque no lo llevaba en su programa. No contento con eso, creó el problema del Estatuto Catalán desatando la fiebre separatista en la que aún hoy estamos instalados. Es verdad que el aciago presidente no fue responsable de la crisis económica que nos azotó, pero no la pudo gestionar peor, primero negándola desvergonzadamente, después anunciando que ya habíamos salido de ella y finalmente pretendiendo superarla a base de gastar un dinero que no teníamos.

            Todos creímos que habíamos tocado fondo con tan funesto personaje. Pero fue entonces cuando se hizo patente su apoteósico éxito. En primer lugar y contra todo pronóstico, el PP asumió de forma espontánea la imagen de extremismo que se le imputaba y pretendió liberarse de ella convirtiéndose en una réplica del PSOE, que no solo no tocó las leyes del legado zapateril, sino que se convirtió fervientemente a la ideología homosexualista y feminista radical. Todavía andan en eso, pretendiendo caer bien a las organizaciones LGTBI, aunque por ahora con escaso éxito.

            Por otro lado, la hiper-legitimación que el PSOE concedió a la ideología izquierdista ha favorecido la aparición de un movimiento neocomunista que ya se ha fagocitado a IU y que ahora amenaza con hacerlo con los socialistas. La crisis también favoreció que creciera el apoyo a recetas económicas tercermundistas, esas que han fracasado en todos lados, pero que todavía a muchos les suenan a música celestial. Este auge izquierdista, a su vez, retroalimenta electoralmente al PP, visto por algunos como el último bastión conservador, pese a su inequívoca deriva hacia el progresismo. Una dinámica, como se ve, absolutamente perversa.

            Ahora, el PSOE está en un dilema sin salida como consecuencia de su propio discurso. A su derecha tiene un PP cada vez más progre, pero al que sigue tildando de extremista, porque el neo-izquierdismo en el que está instalado no le permite otra cosa. Tras muchos años despotricando contra él, ahora cualquier maniobra destinada a permitir que Rajoy pueda ser investido presidente será interpretado como traición por gran parte de sus militantes y votantes. Pero una alianza con Podemos, como determinaría el discurso ideológico que sostienen, sería el definitivo abrazo del oso y tan tontos parece que todavía no son.

            Hay un poco de justicia poética en todo ello. Zapatero, ese gran lunar negro en la historia de España, ha creado –por supuesto sin quererlo– dos grandes monstruitos: uno, un PP zombi que parece un clon de los socialistas (con un mínimo retraso de unos cinco años), y dos, un Podemos que parece representar las más puras esencias del presidente “rojo y feminista”. Todo ello, para dejar a su propio partido sin hueco electoral. ¡Qué éxito, José Luis, qué éxito!”

Mi querida y certera España

MQE



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