Astral y la solidaridad de butaca

fachinastral

Como cada vez que pasa algo extraordinario que nos conmueve hemos hecho un paréntesis para darnos a la solidaridad gratuita, gandula y simpática o directamente al postureo humanista por las redes sociales a razón de la película Astral de Jordi Évole “El Follonero” en la que se muestra la historia de un velero bautizado con ese nombre que ha pasado de usarse para el recreo de lujo a hacerlo para salvar y atender a los inmigrantes y refugiados que se lanzan al mar en busca de una presumible mejor vida en nuestro continente que aquella a la que en sus países de origen pueden aspirar.

Hay que ver lo fácil que es ser un santo laico en el mundo postmoderno. Los de antes lo dejaban todo y se iban a vivir como, para y con los pobres, pero en los tiempos de Karl Marx unos cuantos ricos con demasiado tiempo libre reformularon la vieja práctica de vivir de los pobres vía una demagógica ideología que nos llevó al gulag y al campo de concentración.

Hoy en día todo es más líquido y naif. Te vas un sábado por la tarde al cine y, en lugar de escoger el remake de Los 7 magníficos o la enésima de La Guerra de las Galaxias, eliges una película como Astral y tu occidentalísimo y burgués plan de tarde ya tiene otro color. Hasta las palomitas son engullidas pensando en todos aquellos que no tienen nada que llevarse a la boca. Por supuesto, en cuanto acaba la película, metes un par de tweets de concienciación para que tus todavía dormidos contactos despierten, pones una chapa en tu perfil de facebook para autoreafirmarte de cara a la galería y, ya de paso, desprecias a los votantes de algún partido populista neofacha de esos a los que tú, ciudadano upper, nunca votarías (hasta que fuera tu plato el que estuviera en peligro, como han hecho todos los antiguos electores comunistas de las viejas clases proletarias, claro). Y ahí acaba tu solidaridad porque, en cuanto pones los pies en la calle, ya no eres capaz ni de saludar al vecino que pasa por tu lado.

¿Para qué hacer nada más si para eso ya están los políticos y tenemos al Estado? Es decir, el dinero de ese ciudadano medio entre los que el solidario de pacotilla nunca se encuentra, por supuesto.

Salvo honrosas excepciones, esta es la solidaridad fácil, vaga, cómoda y, por tanto, falsa que sale del tipo medio de nuestra sociedad postmoderna. Hacer el bien pero siempre en abstracto y nunca en concreto, siendo completamente indiferente al excluido -al que tú has excluido- que tienes cerca y, por supuesto, que el Estado decida hasta cuan buenas personas somos.

Mi querida y peliculera España.



Categorías:Cine, Izquierda

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