Vencer a Franco 80 años después

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La izquierda y los independentistas (los rojo-separatistas que decían entonces) lo han conseguido: Franco ha sido derrocado 80 años después del alzamiento en el que participó tras muchas dudas (Miss Canarias 36) pero que finalmente acabó liderando y casi 41 (queda un mes exacto para el 20-N) de su muerte por estrictas causas biológicas en el madrileño hospital de La Paz.

Si bien el derrocamiento ha tenido que ser a través de una estatua decapitada del propio Franco (te dicen que es la del Coronel Macià y te lo crees) recolocada en la vía pública por orden del Ayuntamiento de Barcelona que actualmente ocupa Ada Colau y su grupo político al que denominan comunes (común de comunista como nazi de nacional-socialista). Dicha decisión ha provocado un agrio debate entre los dos sectores ahora políticamente correctos en Cataluña como son el independentismo y el neocomunismo ya que a los separatistas les parecía un sacrilegio contra su sacrosanta causa colocar la estatua, acompañada de la recientemente retirada a la victoria nacional en la Guerra Civil, en ese antiguo mercado de abastos del Borne que fue reconvertido hace unos años por la difunta Convergencia en una zona cero del independentismo donde culminar la manipulación histórica del sitio que sufrió Barcelona durante 1714  a causa de la Guerra de Sucesión.

Con la excusa de una exposición en el interior del recinto, los comunes (común de comunista como nazi de nacional-socialista) han buscado y logrado dar una buena oportunidad al populacho para cometer un derrocamiento póstumo, simbólico y hasta surrealista (que no daliniano) del dictador. Es decir que, 41 años después de la muerte de Franco, una serie de personas han podido tirar huevos, pintar con la bandera del arco iris del lobby gay, colocar banderas esteladas y hasta una muñeca hinchable, poner una cabeza de tocino y acabar tirando al suelo un trozo de bronce que ni siquiera tenía la cabeza reconocible.

Buena parte de la izquierda (y por ende el independentismo) tienen un problema patológico con la historia de España y lo que han hecho con esta estatua sin cabeza es lo más parecido a esas terapias de psicólogo en las que se chilla e insulta a una silla como si fuera el padre del paciente para desahogar los traumas filiales: aquel matar al padre de Freud. Pero la historia no cambiara tras este episodio de incivismo institucionalizado. Fueron peores que Franco, por eso perdieron una guerra y ni siquiera tuvieron una sola opción real de derrocarle en cuatro décadas. Cuatro más han necesitado para hacerlo a través de unos trozos de bronce sin darse cuenta que contra más mal le dejan peor quedan ellos.

Las comparaciones siempre son odiosas y uno no puede más que recordar cuando caía el comunismo (esto es la ideología sin cosmética de género de los de Colau y sus culturillas de performance) en los países del Este. El pueblo tiraba las estatuas de Lenin y Stallin en Rusia, Polonia, lo que entonces era Checoslovaquia, Hungría y Rumanía, a la vez que acababan con unas dictaduras que además de sin libertades ni alma dejaron sin sustento material a los habitantes de las naciones que las padecieron. A diferencia de España, Ceaucescu, que fue el anfitrión del más reconocido líder de la oposición antifranquista Santiago Carrillo, fue ejecutado junto a su mujer. Aquí Franco se les murió de viejo en la cama, algo que no cambiará ninguna de sus cada vez más patéticas pataletas.

Mi querida y vencida España



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