60 años de la revolución húngara de 1956

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Lo apuntábamos en la entrada acerca de la estatua de Stallin derrocada en Budapest con decapitación incluida en contraste con la de Franco en Barcelona la semana pasada. Y es que hace 60 años miles de jóvenes, y no tan jóvenes, húngaros se alzaban contra un gobierno comunista títere de la Unión Soviética.

Hacía tres años que Stallin había muerto y el nuevo líder soviético Kruschev intentaba ser un dictador a secas para paliar los estragos causados por ese psicópata al que había sucedido. En Hungría quisieron ir más lejos y el primer ministro Imre Nagy intentó unas reformas que Moscú no aceptó siendo este debidamente purgado.

Los húngaros empezarían a manifestarse pidiendo reformas y libertad de culto y expresión pero la respuesta fue el tiroteo por parte de la policía, a la que después se sumó el ejército dado que la manifestación tomaba cariz de revuelta tras el derribo de la estatua del sátrapa georginao. Por si esto no fuera suficiente Moscú envió sus tanques y 100.00 soldados para recordar que Hungría no solo sufría una dictadura comunista sino que estaba teóricamente, y a partir de ese momento también de facto, invadida por la URSS.

Cerca de 40.000 húngaros murieron en la revuelta, y unos cuantos cientos salieron del país. Entre ellos dos futbolistas que serán históricos para cada uno de nuestros dos grandes clubes españoles: Kubala y Puskas en Barça y Madrid respectivamente.

Como ya había pasado y volvería a pasar en Polonia, Checoslovaquia, la Alemania Oriental o Rumanía, el pueblo se alzó contra su dictadura estando esta bien viva y, por tanto, jugándoselo todo. La llamada revolución húngara de 1956 es otra efeméride histórica que debemos recordar en honor a todos sus caídos y, sobre todo, para poner en su sitio a todos estos neocomunistas que ahora padecemos en España y a los que tanto les gusta aleccionarnos sobre la verdadera democracia y hablar de dictadores y dictaduras cuando no son las suyas.

Mi querida y húngara España

 



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1 respuesta

  1. Sí, y de hecho el cardenal József Mindszenty fue liberado durante la revuelta. Como Wyszynski en Polonia, la Iglesia fue el gran foco de resistencia, por eso el nuevo comunismo que ha cambiado la roja bandera por la del arco iris o la violeta siempre querrá su destrucción.

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