¿De verdad quiere que hablemos de la tricolor y la II República, alcalde Ribó?

Alfonso Basallo le saca los colores al republicano alcalde de Valencia

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Y no es que esté obsesionado con el tema. Hay cosas muy importantes y de plena actualidad que le quitan el sueño al director de Actuall. Pero ya que Ribó saca el tema, insistiendo en colarnos el fraude de una República que casi parece el país de Oz, bien está que alguien le recuerde la verdad:

“El alcalde Ribó –como los ediles podemitas de Zaragoza o Madrid o la filopodemita de Barcelona- confunden sus deseos con la realidad. Primero, creen que pueden ganar la Guerra Civil de 1936 con 80 años de retraso, lo cual es metafísicamente imposible.

Y segundo, creen que dando “Guerra”, cambiando placas de calles y exhibiendo símbolos pre-constitucionales, como cierto trapo tricolor, van a solucionar la pésima administración de sus municipios, en los que se acumulan la basura y el paro. Lo cual es metafísicamente imposible.

Es lo que pretende el alcalde Joan Ribó al hacer que ondeen los colores republicanos en el Ayuntamiento, para conmemorar que hace ahora 80 años, el 7 de noviembre de 1936, la capital de la II República se trasladó a Valencia.

Ribó parece enorgullecerse de aquello. La pregunta es si hay motivos. Pero por más que uno repasa la Historia lo que encuentra es para echar un tupido velo y poner siete cerrojos al sepulcro de la II República.

En fin, yo no quería sacar el tema, pero si el señor Ribó insiste…

Vamos allá. Las dos experiencias republicanas en España han sido desastrosas, eso te lo reconocen hasta los historiadores marxistas. La Primera (1873-74) fue patética, con cinco presidentes en menos de dos años (Figueras, Pi y Margall, Salmerón, Castelar y Serrano) y el cantón de Cartagena declarándose independiente.

Pero si la I fue una República de opereta; la II fue uno de los periodos más oscuros y sangrientos de la historia de España. El sueño de Manuel Azaña de una República liberal terminó en pesadilla, atropelló derechos y libertades fundamentales, dividió a los españoles y abocó al país a la Guerra Civil.

Le explico señor Ribó en 7 puntos por qué la II República fue de todo menos democrática.

  1. Carecía de legitimidad.- Es verdad que fue recibida con gran entusiasmo, cuando se proclamó el 14 de abril de 1931, ya que se suponía que iba a acabar con décadas de corrupción, atraso y caciquismo.

Pero perdió su legitimidad cuando la Constitución de 1931 fue aprobada por las Cortes sin la derecha, y sin respaldo del pueblo, al no ser sometida a referéndum. Y la perdió aún más cuando Azaña, hombre fuerte del Régimen, impulsó la llamada Ley de Defensa de la República, que resultó ser una ley mordaza: suspensión de periódicos, multas y hasta sanciones de hasta 10.000 pesetas para quien criticara al nuevo régimen.

¿Se imagina, señor Ribó, multas por criticar al Régimen? Y no hablamos de la Turquía de Erdogan o la Italia de Mussolini.

  1. Para el pueblo, pero contra el pueblo.- Sus dirigentes estaban todo el día apelando al pueblo pero, en la práctica, fue un Régimen contra el pueblo. El supuesto Régimen liberal resultó ser ferozmente represivo. Es el caso de Casas Viejas (Cádiz), en el que 23 campesinos fueron ejecutados, por orden del Gobierno republicano, por movilizarse para pedir mejoras agrarias. La noticia menoscabó la imagen de Azaña y Casares Quiroga, que aplicaron métodos expeditivos contra los levantiscos.
  2. Fueron perseguidos todos: las derechas pero también las izquierdas.- La arbitrariedad fue la tónica de la República. Fueron perseguidos los católicos y aislados parlamentariamente los partidos de derecha.

Pero tampoco las izquierdas estaban seguras…

El dirigente del POUM, Andreu Nin, fue torturado y muerto a manos de agentes soviéticos, con la complicidad del jefe del Gobierno, Juan Negrín (PSOE)

El caso más sangrante (literalmente) fue la desaparición y muerte del marxista Andreu Nin, líder del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), a manos de agentes soviéticos, que lo torturaron salvajemente antes de ejecutarlo. Y todo ello con la complicidad del Gobierno, que a la sazón dirigía Juan Negrín (PSOE).

Es una de las manchas más vergonzosas de la II República, que hizo decir a Albert Camus: “La muerte de Nin constituyó un viraje en la tragedia del siglo XX, que es el siglo de la revolución traicionada”.

  1. Te podían fusilar por el delito de ir a misa.- Ir a misa suponía jugarse el pellejo. Como en los feudos del Estado Islámico o en la Rusia soviética, sólo que estamos hablando de una República supuestamente democrática como la de Azaña. ¿Se puede llamar democrático y legítimo a un régimen donde no hay libertad religiosa, señor Ribó?

La persecución religiosa de la II República no tuvo precedente en Europa occidental: más de 6.800 sacerdotes y religiosos fueron asesinados; las monjas expulsadas de los conventos o violadas; los lugares sagrados, profanados; iglesias y conventos, destruidos, las momias de los cementerios desenterradas.

Todo comenzó en mayo de 1931, al mes de proclamarse la República, cuando una turbamulta prendió fuego a 11 edificios de Madrid, entre ellos varios conventos, ante la pasividad de las fuerzas de seguridad. Se había abierto la veda. La Compañía de Jesús fue disuel ta y sus miembros, expulsados.

Después, ser católico resultaba muy expuesto. En la Revolución de Asturias murieron asesinados 12 sacerdotes, siete seminaristas y 18 religiosos; y se quemaron 58 iglesias. Y el peligro se incrementó cuando estalló la guerra.

Durante la Guerra fueron eliminados 11 obispos, 4.184 sacerdotes, 283 monjas, 11 obispos…

A partir de 1936 fueron eliminados, de las formas más atroces, 4.184 sacerdotes diocesanos, 2.365 frailes, 283 monjas, 11 obispos… En total, 6.832 víctimas de la barbarie. “El mero hecho de ser católico” –recordaba Salvador de Madariaga– “bastaba para merecer la muerte”.

  1. Corrupción: Ríete del caso Bárcenas o de los ERE del PSOE.- La corrupción era la tónica pero no a nivel de concejales de Urbanismo sino de dirigentes de Gobierno. Desde el escándalo del estraperlo, un affaire de casinos que salpicó a Lerroux hasta las comisiones bajo cuerda que provocaron la crisis del Gobierno de Chapaprieta, en 1935.

El socialista Juan Negrín, que el zapaterismo ha querido presentar como paladín de la democracia, se lucró personalmente con dinero público y evadió divisas durante la Guerra Civil, siendo titular de una cuenta con un saldo de 370 millones de francos. Todo esto siendo jefe de Gobierno.

  1. Títere del estalinismo.- La II República terminó siendo manejada por el estalinismo. En parte, por el interés de la URSS por controlar el régimen y en parte por el inocultable perfil marxista y totalitario de dirigentes como Largo Caballero (otra vez el PSOE), que era conocido como el Lenin español.

En la Revolución de Asturias (1934), amplios sectores del PSOE se definieron como pro-bolcheviques, frente a Julián Besteiro y los moderados: su órgano oficial –El Socialista– proclamaba: “¡Por la dictadura del proletariado!”.

La desclasificación de los archivos secretos del Kremlin, después de la caída del Muro, ha puesto en manos de los historiadores a partir de los años 90 un arsenal de documentación que muestra la estrecha dependencia de la II República con la Rusia soviética. El caso más emblemático fue la Revolución de Asturias. Todo comenzó con una huelga convocada por la izquierda sindicalista.

Detrás estaba Largo Caballero, que había instado a la directiva del partido a concretar “un movimiento revolucionar para impedir un régimen fascista”. Los revolucionarios proclamaron el comunismo libertario, aboliéndose el dinero y la propiedad privada. Se proclamó la “Primera República de Soviets del Nordeste de España”. Los revolucionarios trataron de tomar Oviedo, pero ante la presión del Ejército, los sindicatos pactaron la rendición. La Revolución de Asturias se saldó, en toda España, con 1.300 muertos y casi 3.000 heridos. Y con una dura represión, cuyas consecuencias se prolongarían hasta la Guerra Civil.

  1. Y ni siquiera evitó la Guerra Civil.- La República llevaba en sí el germen de la lucha fratricida que desangró España en 1936. En primer lugar, por el triunfo del Frente Popular (elecciones de febrero de 1936), que fue considerado por la derecha como un paso más en la estalinización del régimen. Largo Caballero buscaba, ya desde la Revolución de Asturias, imponer un régimen marxista.

Unas elecciones amañadas y fraudulentas para favorecer el triunfo de la izquierda radical, como han demostrado las Memorias del liberal Niceto Alcalá-Zamora, que entonces era presidente de la República y fue destituido para poner en su lugar a Azaña.

En segundo lugar, por el clima de violencia que se extendió como la pólvora durante los siguientes meses sin que las autoridades hicieran nada: huelga general en Madrid el 17 de abril, conflicto minero en Asturias, huelgas en la construcción y en el sector eléctrico…

El jefe del Gobierno Casares Quiroga no supo atajar la peligrosa deriva. Y sus palabras dirigidas a José Calvo Sotelo, líder de la oposición, el 16 de junio de 1936, “de cualquier cosa que pudiera a ocurr ir haré responsable ante el país a Su Señoría”, se pueden interpretar como una amenaza. Sólo un mes después, pistoleros derechistas mataban a un guardia de asalto; y al día siguiente, guardias de asalto detuvieron ilegal mente y asesinaron a Calvo Sotelo. Aquella fue la espita del Alzamiento militar de Franco, Malo y Sanjurjo, el 18 de julio de 1936.

Y en tercer lugar, porque la República era ingobernable, no era capaz de garantizar la seguridad jurídica e incluso la integridad física de los ciudadanos, y estaba permanentemente bajo la espada de Damocles de golpistas de derechas y de izquierdas.

Ni el talante de los partidos ni el de los dirigentes era precisamente democrático, tal como ahora lo entendemos, con alguna honrosa excepción (Besteiro en el PSOE, Gil Robles en la CEDA).

El historiador Javier Cervera, por ejemplo, insiste en que fuerzas políticas de distinto signo habían conspirado contra el poder legítimo y no querían la república liberal de Azaña. La revolución de Asturias fue la constatación de esa actitud desde la Izquierda.

¿De verdad quiere que hablemos de la II República, señor Ribó?”

Pues casi que calladitos estamos más guapos, ¿verdad?

Mi querida y con memoria España.

MQE

 



Categorías:Historia, Memoria Histórica, Sin categoría, Valencia

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