Fidel Castro y Marcos Ana o la hipocresía de la izquierda

El Che, Raúl y Fidel preparando un fusilamiento

“Cubanos, Castro ha muerto”, y la figura del Comandante debería ser valorada exclusivamente por los historiadores sino fuera porque su régimen sigue sobreviviendo a día de hoy, aunque sea a base de empezar a tragarse buena parte de sus fracasadas teorías económicas.

Lo que aquí nos ocupa es cómo nuestra extrema izquierda e izquierda extrema, los Podemos, Izquierda Unida, Bildu y algunos destacados dirigentes de ERC y, no tanto, del PSOE, están reaccionando ante la muerte del ex dictador de Cuba. Apenas 24 horas antes que Castro, fallecía un poeta de la misma ideología que firmaba como Marcos Ana y que fue uno de los presos mal llamados republicanos (frentepopulistas es lo propio) más longevos, saliendo de prisión en 1963 (sí, doce años antes de que Franco muriera), ante los elogios de la misma izquierda que guarda el duelo por Fidel y el silencio de una derecha ignorante incapaz de explicar que el difunto había actuado durante la guerra en el asesinato de tres personas: un cura, su hermano cartero y un agricultor que iba a misa; y al que se le conmutó la pena de muerte por ser menor de edad cuando participaba de los crímenes en la retaguardia roja. La alcaldesa de Barcelona no tardará mucho en dedicarle una calle a este cursi matarife que yendo de pobre víctima nunca reconoció sus miserias mientras retira hasta la placa más minúscula que recuerde a Juan Antonio Samaranch.

Como no podía ser de otra manera, la muerte de Fidel ha sido debidamente lamentada por sus grandes admiradores patrios, los mismos que el miércoles se levantaban de su escaño para no participar en el minuto de silencio por Rita Barberá, hoy lloran al tirano caribeño, dejando claro su nulo sentido de la proporcionalidad y su sectarismo más hipócrita.

Si los comunistas lucharon en España contra el franquismo no fue para traer ninguna democracia sino porque eran reprimidos (como ellos hubieran hecho con sus contrarios de ganar y, de hecho, ya lo hicieron en su zona durante la guerra) por una dictadura de derechas y, por tanto, no de su gusto, a diferencia de las que sufrían un sinfín de países, empezando por los de la misma Europa del Este o la propia Cuba.

Sintomático es que durante esta mañana haya habido ante la misma embajada en Madrid un enfrentamiento -únicamente verbal, gracias a la policía- entre partidarios y detractores de Fidel. Los primeros eran españoles que le idealizan sin problema alguno, mientras los segundos eran cubanos que le sufrieron y acabaron huyendo.

Los que desde el rencor, la ignorancia y el fariseísmo señalan inmisericordemente y apuntan a todo aquel que haya tenido la más mínima relación con el franquismo sin permitir ni la contextualización ni ningún tipo de matiz hoy se ven en la tesitura de tener que retorcer el argumentario para dar rienda suelta a su admiración post mortem hacia su último (con perdón del hermano pequeño) gran dictador.

El mundo mundial, desde el Vaticano hasta la todavía actual Casa Blanca (Trump ha dado el único contrapunto), pasando por la UE y la ONU lamentan la pérdida de ese “entrañable personaje, aunque un poco bestia”. Castro fue un dictador con bula, a merced de sus orígenes de revolucionario romántico y a que tenía una gracia especial de la que carecían el genocida Mao (en un principio también loado por exótico), Ceaucescu, todos los sucesores de Stallin, Pol Pot y el resto de sátrapas que asesinaban por una utopía imposible bajo la bandera de la hoz y el martillo.

Fidel, como el Che Guevara, ha sido un mito para nuestros revolucionarios de estar por casa, esos mismos que nos dan tantas clases de democracia o posturean de pacifistas y tolerantes. Quizás por ello, los medios de comunicación en su mayoría han tratado de ex presidente de Cuba a quien nunca fue elegido por los cubanos o le ha dedicado músicas evocadoras con sus mejores imágenes para despedir a este tirano “tan simpático”. Y es que la izquierda ganó hace tiempo la guerra de la propaganda y la comunicación e impuso su relato. Sin embargo (y nunca mejor dicho) algo se le escapó: la alegría que nos da el tomarnos esa gran bebida que no han conseguido que dejemos de llamar cubata, esto es: Cuba libre. ¡Viva!

Mi querida y liberada España



Categorías:Comunismo, Cuba, Revolución, totalitarismo

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