¿Por qué Marañón, y tantos intelectuales madrileños, la pifian cuando se trata del nacionalismo catalán?

Para Dolça Catalunya, son incapaces de comprender la naturaleza del nacionalismo

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El indispensable blog Dolça Catalunya analiza un escrito de Gregorio Marañón que data de 1931 y llega a conclusiones aplicables a nuestros días:

“El 25 de septiembre de 1931, Gregorio Marañón publicaba un artículo en el diario El Sol en el que abordaba la cuestión catalana. Leído más de 80 años después nos confirma en 2 impresiones: Marañón, y con él muchos políticos e intelectuales que escriben desde Madrid, se muestra generoso, comprensivo y conciliador… y se equivoca de cabo a rabo respecto del nacionalismo, al que no ha entendido ni una pizca.

Para Marañón el nacionalismo catalanista es una cuestión pasional, un calentón de gente sentimental que, si no se azuza, se diluirá por sí mismo: “el ambiente pasional es lo que ha envenenado la cuestión durante años y años. Esto ha sido y es todavía lo esencial en el pleito catalán. No una cuestión de derecho estricto, sino un problema de pasión“. No ha entendido que el nacionalismo no es un exceso pasional, aunque se pueda valer de ello, sino una ideología fría y despiadada que el mero tiempo no diluye.

En buena lógica Marañón no propone, para encarar al nacionalismo, ni medidas de justicia, ni las normas más elementales de respeto a la ley, ni el combate de ideas para mostrar las falacias de las que el nacionalismo se nutre. La solución es una especie de buenismo avant la lettre: “Todo esto no se resuelve con razones -escribe-, sino con una emoción de cordialidad“. Solo le faltaba lo de la rutllana, el foc de campament i el picar de mans, pero es que en 1931 aún no se llevaba el rollo kumbayá.

Añade Marañón una apreciación importante y en la que, esta vez sí, acierta de pleno: para entenderse es necesario actuar con lealtad. Algo de lo que los nacionalistas, desde su más tierna infancia, han ido escasísimos. Pero este entendimiento -añade el pensador madrileño- no se consigue no por culpa de la sistemática y probadísima deslealtad nacionalista, sino porque el resto de los españoles no ens entenen. En palabras de Marañón, “yo me atrevo a decir que sería muy fácil (entenderse con los nacionalistas) si los castellanos estuviesen un poco mejor enterados de la realidad de Cataluña“. Por supuesto que preguntar a los catalanes de seny que se enfrentan al nacionalismo en su propia casa ni se plantea. A lo mejor el desinformado era el propio Marañón, y mira que lo tenía fácil viviendo tan cerca de Eugenio D’Ors.

Ah! Y sobre lo de la lealtad, el pobre Marañón resulta casi enternecedor cuando escribe que “los hombres de Cataluña… son profundamente leales respecto de nosotros“. ¿Se puede encontrar un ejemplo de miopía política más acentuado? Porque estos superleales son los que 3 años después, a través de Companys, asestarían la puñalada por la espalda a la República con su proclamación del Estat català. Marañón, en su exceso de bondad, no caló bien a los nacionalistas.

Y acaba Marañón con gesto generoso y naif: al nacionalismo “hay que darle lo que sea justo; pero, sobre todo, hay que dárselo con un gesto de amor sin reservas. No se ha hecho todavía esta experiencia. Ahora es el instante de hacerlo“.

El ingenuo Marañón fue de los que se horrorizaron con las derivas de la España de su tiempo y, como Ortega, acabó clamando que no era eso lo que querían. Hoy nadie puede decir honestamente que Cataluña no tenga todos los recursos justos para su autogobierno. Encuentre una región europea de fuera de España con más competencias que la Generalitat catalana si puede. Ah, que no, que no existe…

Lo que sí sabemos ahora es que los nacionalistas han utilizado todas esas competencias con deslealtad para sembrar de odio e hispanofobia la tierra catalana y construir un régimen corrupto y totalitario. Ya no podemos ser ingenuos. Marañón no dio una, pero al menos le guiaba la buena intención; quienes hoy en día defienden lo mismo ya no son ingenuos, son acomplejados culpables.

Hoy ya hemos entendido que el nacionalismo no es un calentón, sino una enfermedad grave causada por un envenenamiento masivo de resentimiento. No basta cruzarse de brazos para que se pase solo… porque el veneno sigue actuando y la enfermedad se agrava. Es necesario inocular anticuerpos, aún con dolor, que combatan el veneno y acaben por eliminarlo del organismo afectado.

No hay otro camino. Cuanto antes nos percatemos, mejor.”

Mi querida y preclara España

MQETWFACE



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