Con Novell hemos topado

El que faltaba por llegar.

 No importa que las Iglesias de su diócesis estén vacías. La prioridad de Novell es el pruses y el butifarrendum.

La Iglesia enseña que la principal preocupación de un obispo debe ser llevar el Evangelio a su rebaño, ayudarle en la vida de fe, consolarles. Eso no va con Novell.

Lo que va con Novell es la política; el dividir a sus feligreses; depreciar la verdad histórica de España y Cataluña; apostar por un concepto de libertad política falso, desgajado de la verdad, del Bien Común de la solidaridad; apoyar procesos que de ser exitosos supondrán la desaparición de la Iglesia Católica en Cataluña.

Sin embargo, siendo todo esto lamentable lo que nos parece más bochornoso, como católicos, es el intento de bautizar su erróneo, en lo político e histórico, e injustificable, en lo pastoral, posicionamiento recurriendo a textos de los Pontífices que si por algo se han caracterizado es por rechazar las tendencias nacionalistas y separatistas.

Novell tiene derecho a tener las posiciones políticas que considere oportunas por muy erróneas que sean, él sabrá. No tiene derecho a aprovechar su posición de obispo para hacer campaña política. Y no tienen ningún derecho a revestir de doctrina católica lo que no es más que una posición personal equivocada (no responde a la realidad de las cosas) e injusta (provoca división y daños).

Novell en su pastoral cita, a medias y sin contextualizar, discursos de Pío XII, el Beato Pablo VI y San Juan Pablo para justificar su posición. Cuando como demostramos en el estudio de dichas citas, que ponemos a su disposición, se trata de discursos que se refieren a situaciones: de naciones que han sufrido un proceso de colonización y no han recuperado su soberanía, de naciones soberanas que se han visto invadidas militarmente por potencias extranjeras; de naciones que sufren injerencias de terceros países que les impiden ejercitar su soberanía, o bien a naciones que han llegado a su soberanía en procesos de desintegración de estados plurinacionales en las que estaban insertas. A todas ellas los Pontífices reconocen el derecho a la autodeterminación. Sin embargo, en ninguno de esos discursos que cita el obispo Novell encontrarán, si se leen desde la buen fe, ningún sustento para la secesión.

Pero si lo que cita, lo hace recortado y sin contextualizar, peor es lo que no cita: declaraciones de San Juan Pablo II, llamando a la unidad italiana ante las tensiones separatistas del norte; al Papa Francisco, que señala que las secesiones de una nación sin un antecedente de unidad forzosa hay que tomarla con muchas pinzas y analizarla caso por caso; a Juan XXIII invitando a las minorías a buscar lo que les une en vez de enfatizar lo que les separa de la comunidad política en la que se insertan; tampoco cita a sus hermanos obispos españoles que por dos veces han establecido la inmoralidad de romper la unidad de España. Tampoco se ha atrevido monseñor Novell con el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia que en ningún caso justifica el derecho a la secesión

Por otra parte, Monseñor Novell hace caso omiso de un elemento básico de toda la doctrina católica y, por tanto, de la doctrina social: la verdad. La verdad histórica de España y Cataluña, los lazos comunes generados a lo largo de siglos, la inexistencia en la historia de una nación catalana soberana dotada de autogobierno, la realidad actual de la Cataluña de hoy en cuanto a cotas de autogobierno y de respeto a su identidad cultural; los daño objetivos que puede suponer la secesión para muchas españoles, en Cataluña y en el resto de España. Nada de esto cuenta para monseñor Novell.

Finalmente, monseñor Novell desoye el llamamiento de Juan Pablo II a los obispos italianos a ser instrumento regenerador de la solidaridad entre las regiones. No, Novell quiere ser instrumento de división, en una Cataluña en la que si gana el pruses que dice defender, la Iglesia católica, a la que pertenece y se debe en primer lugar, sería expulsada. ¿Es eso lo que busca Novell?

Una tragedia de español, una tragedia de catalán, una tragedia de obispo. Lo primero y lo segundo es difícil de resolver, el separatismo es un virus difícil de curar. Sin embargo, lo tercero tiene fácil arreglo, que se disculpe y rectifique su carta pastoral y que dimita Novell (ha demostrado una incapacidad manifiesta para ser obispo de todos) o que le cesen.

Y ya están tardando….

Mi querida e impaciente España

MONSEÑOR NOVELL,

DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

Y

EL DERECHO A LA SECESIÓN DE LAS NACIONES

Vamos a ver, primero, lo que dice Novell que dicen los Papas y lo que realmente dicen (los textos están tomados de la página web del vaticano www.vatican.va. En negrita señalamos las frases que no incluye en el texto de su carta monseñor Novell; en rojo lo que no aparece ni siquiera en la citas a las que remite. Sorprende realmente por qué en el texto en internet recorta, y mucho, los párrafos y por qué en las referencias no siempre los recoge enteros).

Adicionalmente mostraremos algunas referencias de los Pontífices a la cuestión que nos ocupa, que Novell no cita y que ponen en evidencia la contradicción entre su carta pastoral y la Doctrina Social de la Iglesia.

Recomendamos para profundizar en esta cuestión el artículo de Jorge Soley en la revista Cristiandad Las distorsiones nacionalistas de la doctrina social de la iglesia y la secularización de Cataluña”, del que este trabajo es muy deudor.

Lo que cita Novell

  • Discurso de Pío XII al enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de Finlandia (31 de julio de 1942):

« que tout ordre nouveau dans la condition et les relations des peuples et des États doit, pour répondre aux exigences de la conscience humaine et chrétienne, reconnaître à toutes les nations, grandes ou petites, le droit inviolable de déterminer leur propre sort, à l’exclusion de toute ingérence étrangère. »

Estamos, por tanto, en un discurso de 1942 fechas en la que Finlandia vive bajo la amenaza Nazi. De ahí el final del párrafo que no aparece en la carta de Novell. El Papa pide el fin de la injerencia extranjera (Nazi) en Finlandia. ¿Es realmente este texto aplicable al caso catalán?. Reclamar el derecho de una nación libre, Finlandia, que ve amenazada su soberanía por injerencias extranjeras tiene algo que ver con justificar el derecho a la secesión?

  • Mensaje de Pablo VI con motivo del 25 aniversario de la declaración de derecho humanos (10,XII,1973)

Nos no podemos ocultar Nuestra fuerte preocupación en vista de la persistencia o agravamiento de situaciones que Nos lamentamos profundamente, como por ejemplo la discriminación racial o étnica, los obstáculos para la autodeterminación de los pueblos, las repetidas violaciones del sagrado derecho a la libertad religiosa en sus distintos aspectos y la falta de un acuerdo internacional que la ampare y determine sus consecuencias, la represión de la libertad de expresar las opiniones sanas, el trato inhumano a los prisioneros, la eliminación violenta y sistemática de los adversarios políticos, las restantes formas de violencia, y los atentados contra la vida humana, particularmente en el seno materno. A todas las víctimas silenciosas de la injusticia, Nos prestamos Nuestra voz para protestar y suplicar. Pero no basta con denunciar, por lo demás a menudo demasiado tarde y de manera ineficaz: es preciso también analizar las causas profundas de estas situaciones y comprometerse decididamente a afrontarlas y resolverlas correctamente.”

Realmente cree Monseñor Novell que este párrafo se refiere al hablar del derecho de autodeterminación a situaciones como las de Cataluña, o quizás se está refiriendo al caso de colonias (ej: muchas naciones africanas); o invadidas (ej: países bálticos). ¿Realmente se puede decir que este párrafo apoya el derecho a la secesión de un territorio nacional? ¿Cree de verdad monseñor Novell que ese es el contexto del discurso? ¿Realmente nos quiere hacer creer Monseñor Novell que el Beato Pablo VI fue a la ONU a reivindicar el derecho de secesión?.

  • Discurso de Pablo VI al colegio de cardenales (21.12.1973)

“Parole cristiane, ed umane insieme, che noi tanto più volentieri ripetiamo proprio nel momento in cui la comunità delle Nazioni commemora il XXV della Dichiarazione dell’ONU sui Diritti Umani. Sì, finché i diritti di tutti i popoli, fra i quali quello alla autodeterminazione e alla indipendenza, non saranno debitamente riconosciuti e onorati, non potrà esservi pace vera e duratura, anche se il prepotere delle armi possa temporaneamente aver ragione della reazione degli oppositori. Finché, nell’ambito delle singole comunità nazionali, chi detiene il potere non rispetterà nobilmente i diritti e le legittime libertà dei cittadini, la tranquillità e l’ordine – se pure possano essere forzatamente mantenuti – non saranno che un simulacro ingannevole e insicuro, non più degno di una società di esseri civili.”

El Papa enmarca su discurso en el contexto del mensaje a las Naciones Unidad que acabamos de ver. Por tanto, en el mismo sentido señalado anteriormente es como hay que entender esas palabras. En ningún caso son una defensa del derecho a la secesión. Pero, además, el Papa señala la necesidad de que en el ámbito de la comunidad nacional los poderes públicos respeten el derecho y la legítima libertad de los ciudadanos, la tranquilidad y el orden. ¿Realmente cree Monseñor Novell que el pruses y el butifarrendum cumplen con estos principios que señala el Beato Pablo VI deben presidir la convivencia en una nación?

  • Discurso de San Juan Pablo II al Cuerpo Diplomático (15.I.1983)

Bien sé que estas cosas son conocidas de los Gobiernos e Instituciones internacionales y que se han emprendido acciones importantes. Pero la Santa Sede, deseosa de prestar su voz a los pobres, quiere recordar la urgencia de estas necesidades a los diplomáticos y a la opinión pública, porque si algunos países han interesado siempre a las grandes potencias por razones estratégicas o económicas hasta el punto de atraer hacia ellos la codicia y acarrearles guerras, hay otros que corren el riesgo de ser incluso olvidados. A veces es porque tienen pocas riquezas materiales que intercambiar, si bien su población es igualmente benemérita y se encuentra necesitada Hasta parecen incluso destinados a la asfixia v pérdida de su independencia, sobré todo si se trata de países pequeños que no pueden hacer frente a las deudas. En otros casos se ha sofocado la libertad del pueblo y su facultad de autodeterminarse con el esfuerzo por borrar la identidad nacional y sumir al país en un conjunto extranjero. Y, en fin, en el interior mismo de las naciones, en ocasiones hay minorías étnicas y religiosas que sufren análoga suerte: no se les respeta su identidad, si bien no rehuyan colaborar lealmente en el bien común. La Iglesia siente preocupación por los destinos de cuantos no son tenidas suficientemente en cuenta”

 Al igual que el Beato Pablo VI, San Juan Pablo II se refiere a situaciones en las que naciones ven en riesgo su soberanía o independencia efectiva debida a la intromisión de otras naciones, que con fines económicos, militares o estratégicos, las explotan olvidándose de sus derechos. De nuevo se trata de naciones existentes cuya soberanía es amenazada.

¿Es esto aplicable a Cataluña Monseñor Novell? ¿Dónde se justifica la secesión en este párrafo? Es más, el propio pontífice se refiere a situaciones dentro de una comunidad nacional donde minorías étnicas o religiosa sufren discriminación o no se les respeta su dignidad. ¿Es este el caso de Cataluña? ¿Realmente Cataluña puede expresar su identidad en la España del siglo XXI? ¿No será más bien que hay españoles que en Cataluña no pueden expresar su identidad de catalanes y españoles? ¿No serán más bien los promotores del pruses y el butifarrendum los que deban aplicarse este párrafo?

Y como verá, Monseñor Novell, en el caso de minorías discriminadas (que no es el caso de Cataluña en España), el Papa llama a un respeto a la identidad (cosa que Cataluña no puede tener en mayor nivel), pero en ningún caso plantea el derecho a la secesión.

  • Discurso de San Juan Pablo II ante la Corte Internacional de La Haya (13.V.1985)

La comunidad internacional misma ha expresado la necesidad de desarrollar un sistema legal a nivel mundial. 

  1. Todo esto merece confirmación y apoyo. Como hemos podido ver, la Iglesia católica está comprometida en este terreno, por ejemplo con su participación activa en organismos internacionales y con las numerosas Declaraciones de la Santa Sede en favor de ellos. Obrando de este modo, la Iglesia expone los criterios que debe satisfacer el desarrollo de un sistema legal internacional: En términos legales, pueden ser expresados como el reconocimiento de los derechos humanos: el derecho de todo individuo a la vida, el derecho a una existencia digna des seres humanos y el derecho a la protección de la ley; reconocimiento del derecho de los pueblos a la autodeterminación y a la independencia, y de su derecho a compartir dignamente la riqueza económica mundial. La Pacem in terris expresa los criterios básicos en términos morales, tales como la verdad, el amor, la libertad, la justicia y la solidaridad.”

 De nuevo parece difícil inferir en este párrafo, donde San Juan Pablo II expone los criterios que debe satisfacer la legalidad internacional, que reclama el derecho a la secesión. Los términos autodeterminación e independencia hacen referencia clara, el primero, a un contexto de colonización, el segundo, a un contexto de invasión o de injerencia extranjera. En ningún caso a la secesión.

  • Discurso de San Juan Pablo II al Cuerpo Diplomático (9.I.1988)

 La paz, no sólo es la ausencia de conflictos, sino también la resolución pacífica de las controversias entre las naciones, y la dinámica de un orden social e internacional fundado en el derecho y la justicia. Para ser más exactos, hace falta asegurar los fundamentos de la paz apoyándolos en la salvaguarda de los derechos del hombre y también de los derechos de los pueblos.

  1. En efecto, la justicia pasa por el respeto del derecho de los pueblos y de las nacionesa decidir por sí mismos. Entre los pueblos, una paz duradera no puede imponerse por la voluntad del más fuerte, sino que debe ser convenida por todos, en el respeto a los derechos de cada uno, en particular de los débiles y de las minorías.

Hay aún pueblos que no se les reconoce su derecho a la independencia. Los hay también que sufren una tutela, es decir una ocupación, que supone un perjuicio a su derecho de gobernarse en conformidad con sus valores culturales y su historia.

Aparte de estos extremos, unánimemente reprobados, hay que tener en cuenta el deseo cada vez más extendido y legítimo de que cada nación, incluso la menos potente, sea responsable de sus propios asuntos, sujeto de su futuro y no sólo objeto de negociaciones interesadas o de solicitud condescendiente por parte de otras naciones.

Tanto en el Este como en el Oeste, el derecho de los pueblos a disponer de su destino y a cooperar libremente con los demás en el bien común internacional no puede sino favorecer la paz, en la medida en que cada uno se sienta más respetado, y por lo tanto participante de forma total, en el diálogo entre las naciones.

 De nuevo nos movemos en el contexto colonizador o de invasión o de injerencia. El Papa habla de “ocupación, de “imposición”. Pero intentando, a favor de Novell, apurar la interpretación del texto digamos que el Papa habla del derecho a la independencia de pueblo que sufren una ocupación que le impide gobernarse de acuerdo a sus valores culturales y su historia.

Monseñor, ¿realmente Cataluña es un pueblo ocupado?, ¿realmente Cataluña desde su autonomía y estatuto no puede gobernarse de acuerdo a sus valores culturales?. ¿Y la historia, Monseñor? ¿Qué nos enseña la historia? Que Cataluña nunca fue una comunidad política independiente y que nunca gozo de tanta autonomía para gobernar sus asunto. ¿Entonces? ¿Dónde se dan las condiciones que señala San Juan Pablo II para justificar el butifarrendum?

Monseñor, ¿algo que decir sobre la referencia al orden social basado en el derecho y la justicia que hace San Juan Pablo II en su discurso y usted omite en su cita? ¿Realmente se puede hablar de que el butifarrendum se basa en el derecho y la justicia?

  • Discurso de San Juan Pablo II en la ONU con motivo del 50 aniversario de su fundación (5.X.1995)
  1. Sobre este fundamento antropológico se apoyan también los “derechos de las naciones”, que no son sino los “derechos humanos” considerados a este específico nivel de la vida comunitaria. Una reflexión sobre estos derechos ciertamente no es fácil, teniendo en cuenta la dificultad de definir el concepto mismo de “nación”, que no se identifica a priori y necesariamente con el de Estado. Es, sin embargo, una reflexión improrrogable, si se quieren evitar los errores del pasado y tender a un orden mundial justo.

 Presupuesto de los demás derechos de una nación es ciertamente su derecho a la existencia: nadie, pues, – un Estado, otra nación, o una organización internacional – puede pensar legítimamente que una nación no sea digna de existir. Este derecho fundamental a la existencia no exige necesariamente una soberanía estatal, siendo posibles diversas formas de agregación jurídica entre diferentes naciones, como sucede por ejemplo en los Estados federales, en las Confederaciones, o en Estados caracterizados por amplias autonomías regionales. Puede haber circunstancias históricas en las que agregaciones distintas de una soberanía estatal sean incluso aconsejables, pero con la condición de que eso suceda en un clima de verdadera libertad, garantizada por el ejercicio de la autodeterminación de los pueblos. El derecho a la existencia implica naturalmente para cada nación, también el derecho a la propia lengua y cultura, mediante las cuales un pueblo expresa y promueve lo que llamaría su originaria “soberanía” espiritual. La historia demuestra que en circunstancias extremas (como aquellas que se han visto en la tierra donde he nacido), es precisamente su misma cultura lo que permite a una nación sobrevivir a la pérdida de la propia independencia política y económica. Toda nación tiene también consiguientemente derecho a modelar su vida según las propias tradiciones, excluyendo, naturalmente, toda violación de los derechos humanos fundamentales y, en particular, la opresión de las minorías. Cada nación tiene el derecho de construir el propio futuro proporcionando a las generaciones más jóvenes una educación adecuada.

 Pero si los “derechos de la nación” expresan las exigencias vitales de la “particularidad”, no es menos importante subrayar las exigencias de la universalidad, expresadas a través de una fuerte conciencia de los deberes que unas naciones tienen con otras y con la humanidad entera. El primero de todos es, ciertamente, el deber de vivir con una actitud de paz, de respeto y de solidaridad con las otras naciones. De este modo el ejercicio de los derechos de las naciones, equilibrado por la afirmación y la práctica de los deberes, promueve un fecundo “intercambio de dones”, que refuerza la unidad entre todos los hombres.

En primer lugar San Juan Pablo II expresa una dificultad, la complejidad de determinar que es una nación. En segundo lugar, reconociendo el derecho de las naciones a existir, San Pablo II explica que este derecho no implica necesariamente una soberanía estatal (curiosamente esta parte del texto no aparece en la nota del obispo, sí en la posterior referencia a la cita).

San Juan Pablo II, incluso señala cómo el respeto a una nación se puede instrumentar a través de Estados con amplias autonomías regionales en las que se garantice la libertad y el derecho a la cultura y lengua propias (texto que Novell no recoge en su carta pastoral, si bien sí en la referencia a la cita).

Por tanto, ¿dónde está aquí la justificación del derecho a la secesión? y ya más en concreto, ¿de dónde infiere usted el soporte para un proceso de secesión de Cataluña del resto de España?. Todo esto sin mencionar que San Juan Pablo II contextualiza sus comentarios, en el discurso, refiriéndose a la Guerra fría, a las naciones invadidas por los soviéticos tras la segunda guerra mundial. Y en estos párrafos remitiéndose a la experiencia de Polonia, nación independiente, que sufrió la invasión nazi y posterior invasión y tutela soviética y cuya cultura fue básica para mantener su identidad. ¿Algo que ver con Cataluña? No parece.

  • Discurso de San Juan Pablo II en Eslovenia (1996)
  1. La prima visita pastorale del Papa in Slovenia avviene dopo il raggiungimento dell’indipendenza. Questa situazione, nuova per la storia del vostro Popolo, aggiunge un ulteriore motivo di letizia alla mia presenza tra voi. La Sede Apostolica, che ha salutato con favore la costituzione del nuovo Stato, riconoscendone tra i primi l’indipendenza e ribadendo con forza il diritto dei popoli alla autodeterminazione, ha seguito con particolare attenzione le vostre vicende ed ha apprezzato il modo pacifico e democratico con cui avete raggiunto la piena sovranità.

Una referencia de San Juan Pablo II a un caso muy concreto, Eslovenia. Difícilmente comparable por historia con el caso catalán y, por tanto, difícilmente aplicable. Eslovenía formó parte del Imperio Austro-Húngaro, posteriormente del Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, llamado luego Reino de Yugoslavia y posteriormente se convirtió en parte de la República Federal Socialista Yugoslava, de la cuál en el proceso de desintegración de la misma se independizó. Es decir, nada que ver con la historia y realidad de Cataluña. Tampoco parece que puede deducirse de este discurso una legitimación del derecho a la secesión, estamos hablando de un estado que se disuelve.

  • Discurso de San Juan Pablo II al Cuerpo Diplomático (13.I.1997)

Todos juntos, judíos, cristianos y musulmanes, israelitas y árabes, creyentes y no creyentes, deben crear y consolidar la paz: ¡la paz de los tratados, la paz de la confianza, la paz de los corazones! En esta área del mundo, como en otras, la paz podrá ser justa y duradera sólo si se apoya en el diálogo leal entre partes iguales, desde el respeto de la identidad y de la historia de cada uno, sólo si se apoya en el derecho de los pueblos a la libre determinación de su destino, su independencia y su seguridad. ¡No puede haber excepciones! Y quienes han acompañado a las partes más directamente comprometidas en el difícil proceso de paz en Medio Oriente deben multiplicar esfuerzos para que el modesto capital de confianza acumulado no se disipe, sino que, al contrario, aumente y fructifique.

Todo el discurso de San Juan Pablo II está lleno de referencia a naciones existentes: Burundi, Ruanda, Zaire, Argelia, Chipre, Sri Lanka y el conflicto de Próximo Oriente. En esas fechas se iba a celebrar la conferencia de Madrid donde se quería abordar el conflicto palestino-israelí y estudiar el reconocimiento de la nación palestina. Nada que ver con el caso Catalán, ninguna cita en todo el discurso a un problema de secesión interna en un país. Nada de nada Monseñor Novell. ¿Por qué se omite en la cita la referencia a Oriente Medio?

Lo que no cita Novell

Pero si grave nos parece el recurso que hace Monseñor Novell a la citas anteriores, más grave nos parece lo que no cita. Las negritas son nuestras para resaltar el texto.

  • Discurso de San Juan Pablo II en la ONU con motivo del 50 aniversario de su fundación (5.X.1995) (sí el discurso que cita Monseñor Novell)

Por amarga experiencia, por tanto, sabemos que el miedo a la “diferencia”, especialmente cuando se expresa mediante un reductivo y excluyente nacionalismo que niega cualquier derecho al “otro”, puede conducir a una verdadera pesadilla de violencia y de terror.  

  1. En este contexto es necesario aclarar la divergencia esencial entre una forma peligrosa de nacionalismo, que predica el desprecio por las otras naciones o culturas, y el patriotismo, que es, en cambio, el justo amor por el propio país de origen. Un verdadero patriotismo nunca trata de promover el bien de la propia nación en perjuicio de otras. En efecto, esto terminaría por acarrear daño también a la propia nación, produciendo efectos perniciosos tanto para el agresor como para la víctima. El nacionalismo, especialmente en sus expresiones más radicales, se opone por tanto al verdadero patriotismo, y hoy debemos empeñarnos en hacer que el nacionalismo exacerbado no continúe proponiendo con formas nuevas las aberraciones del totalitarismo. Es un compromiso que vale, obviamente, incluso cuando se asume, como fundamento del nacionalismo, el mismo principio religioso, como por desgracia sucede en ciertas manifestaciones del llamado “fundamentalismo”.

 ¿Considera Monseñor Novell que estos párrafos justifican el pruses y el butifarendum? ¿No darían pie, más bien, a una carta pastoral para frenar el pruses, el butifarrendum y pedir a los separatistas un cambio de actitud? Una carta pastoral en la que advertir de los riesgos que señala San Juan Pablo II en el nacionalismo reductivo y excluyente como es el catalán.

  • Discurso de San Juan Pablo II al Cuerpo Diplomático (14.I.1984)
  1. ¿Tiene algunos límites este proceso de nacimiento y reconocimiento de Estados soberanos? Ciertamente no ha concluido; pero es una cuestión de solución delicada, pues en ella entran en juego aspectos jurídicos, políticos e históricos, que hay que ponderar prudentemente, en todo caso en función del bien común de las poblaciones concernidas y de su voluntad realmente expresada. Es preciso augurar que este paso se realice siempre sin violencia y respetando los derechos de todos.

Hay algunos pueblos que están esperando con impaciencia acceder a la independencia y ser reconocidos como tales en el seno de las Naciones Unidas. Compartimos con ellos su esperanza. En nombre de todos ellos podemos mencionar al menos a Namibia, cuyo lento y trabajoso caminar en este aspecto no ha tenido aún resultado.

Es también de desear que otras poblaciones, como el pueblo palestino, dispongan finalmente de una patria. Esta nos ha parecido siempre una condición para la paz y la justicia en el tan atormentado Oriente Medio, siempre que se garantice a un tiempo la seguridad de todos los pueblos de la región, comprendido Israel.

Existen también en nuestros días formas nuevas y más sutiles de dependencia para las que se evita cuidadosamente el término “colonización”, pero que en realidad tienen las características más negativas y más discutibles de ella, con limitación de la independencia y de las libertades políticas y sometimiento económico, aunque aparentemente los pueblos afectados gocen de instituciones gubernamentales propias, de las que se ignora hasta qué punto correspondan al deseo del conjunto de los ciudadanos.

Por otra parte, países soberanos, independientes desde hace tiempo o recientemente, se ven a veces amenazados en su integridad por la contestación interior de una fracción que llega hasta intentar o reclamar la secesión. Los casos son complejos y muy diversos, y reclamarían cada uno un juicio diferente, según una ética que tenga en cuenta al mismo tiempo los derechos de las naciones, fundados sobre la cultura homogénea de los pueblos (cf. Juan Pablo II, Discurso a la UNESCO, n. 15, 2 de junio de 1980), y el derecho de los Estados a su integridad y soberanía. Deseamos que más allá de las pasiones —y evitando de todas formas la violencia— se llegue a formas políticas bien articuladas y equilibradas, que respeten las particularidades culturales, étnicas, religiosas, y, en general, los derechos de las minorías.

De todas formas, el bien fundado en la soberanía de los Estados y el progreso que ésta representa no les impide, sino que les estimula a establecer acuerdos, agrupaciones diversas, “comunidades”, organizaciones regionales o continentales que permiten afrontar mejor el conjunto de los enormes problemas que no perdonan prácticamente a ningún país en lo que se refiere a la crisis económica y a los cambios tecnológicos con sus repercusiones en la vida cotidiana, especialmente en las condiciones de empleo. En la medida en que no compromete el beneficio de la soberanía y cuando libremente es respetada, esta solidaridad mueva es también un progreso.

Monseñor, ¿lo que subrayamos en negrita no le inspira más que a una justificación de la secesión y del derecho a decidir “libremente” una llamada a mantener la unidad desde el respeto?. No parece que este texto de San Juan Pablo II justifique lo que usted explica en su pastoral con cortas y pegas del magisterio. Más bien al contrario.

  • Mensaje de San Juan Pablo II a los obispo italianos (6.I.1994)

Un esame di coscienza per una rinnovata solidarietà

“7. Se la situazione attuale sollecita il rinnovamento sociale e politico, a noi Pastori tocca richiamarne con forza i necessari presupposti, che si riconducono al rinnovamento delle menti e dei cuori, e dunque al rinnovamento culturale, morale e religioso (cf. Giovanni Paolo II, Veritatis splendor, 98).

Proprio qui si colloca la nostra missione pastorale: dobbiamo chiamare tutti ad uno specifico esame di coscienza. Questo è un bilancio non solo di carattere politico, ma anche e soprattutto di carattere culturale ed etico. È necessario allora aiutare tutti a liberare tale bilancio dagli aspetti utilitaristici e congiunturali, come pure dai rischi di una manipolazione dell’opinione pubblica.

Mi riferisco specialmente alle tendenze corporative ed ai rischi separatisti che sembrano emergere nel Paese. In Italia, per la verità, da molto tempo esiste una certa tensione tra il Nord, piuttosto ricco, e il Sud, più povero. Ma oggi questa tensione si fa più acuta. Le tendenze corporative ed i rischi separatisti vanno però decisamente superati con un onesto atteggiamento di amore per il bene della propria nazione e con comportamenti di rinnovata solidarietà. Si tratta di una solidarietà che dev’essere vissuta non solo all’interno del Paese, ma anche nei riguardi dell’Europa e del Terzo Mondo.

L’amore per la propria nazione e la solidarietà con l’umanità tutta non contraddicono il legame dell’uomo con la regione e con la comunità locale, in cui è nato, e gli obblighi che egli ha verso di esse. La solidarietà passa piuttosto attraverso tutte le comunità in cui l’uomo vive: la famiglia, in primo luogo, la comunità locale e regionale, la nazione, il continente, l’umanità intera: la solidarietà le anima, raccordandole fra di loro secondo il principio di sussidiarietà che attribuisce a ciascuna di esse il giusto grado di autonomia.

Non può essere, poi, trascurato il pericolo che questo esame di coscienza, pienamente legittimo e necessario per la rinascita della società italiana, possa diventare l’occasione per una dannosa manipolazione dell’opinione pubblica. È certamente giusto che i presunti colpevoli siano giudicati e, se realmente colpevoli, ne subiscano le conseguenze legali.

Nello stesso tempo però bisogna domandarsi fin dove giungono gli abusi e dove incomincia un normale e sano funzionamento delle istituzioni al servizio del bene comune. È ovvio che una società ben ordinata non può mettere le decisioni sulla sua sorte futura nelle mani della sola autorità giudiziaria. Il potere legislativo e quello esecutivo, infatti, hanno le proprie specifiche competenze e responsabilità.

Il compito della Chiesa a questo proposito sembra essere dunque l’esortazione al rinnovamento morale e ad una profonda solidarietàdegli italiani, così da assicurare le condizioni della riconciliazione e del superamento delle divisioni e delle contrapposizioni.”

Quizás de todas las declaraciones de los Pontífices está es la que más se acerca al caso catalán. San Juan Pablo II muestra su preocupación por las tensiones separatistas del norte de Italia, muestra su preocupación el carácter insolidario de esas tensiones, se pregunta por qué el amor a la región, a la tierra chica tiene que se incompatible con el amor al nación italiana.

 Hace un llamamiento a trabajar desde las instituciones por el bien común y por una renovada solidaridad que evita poner en peligro la unidad de la sociedad italiana. Pero no sólo eso. San Juan Pablo II llama a los obispos italianos a trabajar a ser fermento de una renovación moral y de una profunda solidaridad italiana que permitan asegurar las condiciones de la reconciliación y superar la división.

¿No debería citar Novell este discurso y tomar nota de lo que pide San Juan Pablo II a los obispos italianos?. Les pide trabajar por la unidad, no por la división, como hace Novell. Les pide promover la solidaridad entre las regiones, no el egoísmo de una libertad sin fundamento, como hace Novell.

Una Italia, que a diferencia de España, es una nación joven – del siglo XIX – y en la que muchas de sus actuales regiones, a diferencia de Cataluña, si fueron verdaderas naciones soberanas. Y sin embargo, San Juan Pablo II llama a hacer perdurar esa unidad.

Aquí tenía Novell un claro ejemplo a seguir, pero no. Ha preferido tergiversar las enseñanzas de los pontífices y ponerse a la cabeza de la división en vez de trabajar por la reconciliación y la unidad.

  • Entrevista Papa Francisco en La Vanguardia (12.VI.2014) 

¿Le preocupa el conflicto entre Catalunya y España?

Toda división me preocupa. Hay independencia por emancipación y hay independencia por secesión. Las independencias por emancipación, por ejemplo, son las americanas, que se emanciparon de los estados europeos. Las independencias de pueblos por secesión es un desmembramiento, a veces es muy obvio. Pensemos en la antigua Yugoslavia. Obviamente, hay pueblos con culturas tan diversas que ni con cola se podían pegar. El caso yugoslavo es muy claro, pero yo me pregunto si es tan claro en otros casos, en otros pueblos que hasta ahora han estado juntos. Hay que estudiar caso por caso. Escocia, la Padania, Catalunya Habrán casos que serán justos y casos que no serán justos, pero la secesión de una nación sin un antecedente de unidad forzosa hay que tomarla con muchas pinzas y analizarla caso por caso.

 Esta explicación del Papa Francisco tampoco el vale a Novell. Dice el Papa, algo que se ajusta como un guante a Cataluña que si no hay antecedente de unidad forzosa la secesión hay que tomarla con muchas pinzas. ¿Ha hecho eso Monseñor Novell? Lamentablemente no, más bien al contrario ha dado muestra de una frivolidad, falta de realismo, olvido de la verdad y desapego de sus fieles que es difícil de calificar. 

  • Encíclica Pacem In Terris (San Juan XXIII)

El problema de las minorías étnicas

  1. A este capítulo de las relaciones internacionales pertenece de modo singular la tendencia política quedes de el siglo XIX se ha ido generalizando e imponiendo, por virtud de la cual los grupos étnicos aspiran a ser dueños de sí mismos y a constituir una sola nación. Y como esta aspiración, por muchas causas, no siempre puede realizarse, resulta de ello la frecuente presencia de minorías étnicas dentro de los límites de una nación de raza distinta, lo cual plantea problemas de extrema gravedad.
  2. En esta materia hay que afirmar claramente que todo cuanto se haga para reprimir la vitalidad y el desarrollo de tales minorías étnicas viola gravemente los deberes de la justicia. Violación que resulta mucho más grave aún si esos criminales atentados van dirigidos al aniquilamiento de la raza.
  3. Responde, por el contrario, y plenamente, a lo que la justicia demanda: que los gobernantes se consagren a promover con eficacia los valores humanos de dichas minorías, especialmente en lo tocante a su lengua, cultura, tradiciones, recursos e iniciativas económicas[57].
  4. Hay que advertir, sin embargo, que estas minorías étnicas, bien por la situación que tienen que soportar a disgusto, bien por la presión de los recuerdos históricos, propenden muchas veces a exaltar más de lo debido sus características raciales propias, hasta el punto de anteponerlas a los valores comunes propios de todos los hombres, como si el bien de la entera familia humana hubiese de subordinarse al bien de una estirpe. Lo razonable, en cambio, es que tales grupos étnicos reconozcan también las ventajas que su actual situación les ofrece, ya que contribuye no poco a su perfeccionamiento humano el contacto diario con los ciudadanos de una cultura distinta, cuyos valores propios puedan ir así poco a poco asimilando. Esta asimilación sólo podrá lograrse cuando las minorías se decidan a participar amistosamente en los usos y tradiciones de los pueblos que las circundan; pero no podrá alcanzarse si las minorías fomentan los mutuos roces, que acarrean daños innumerables y retrasan el progreso civil de las naciones.

En ningún caso consideramos a los catalanes una minoría étnica. Pero estos párrafos son interesantes porque si bien San Juan XXIII defiende la libertad de las minorías a desarrollarse culturalmente. Avisa, también, de los peligros de que esas minorías tienda a exaltar las diferencias con la comunidad política en la que viven olvidando los elementos comunes que le unen a ella, e incluso los beneficios que obtiene de esa unión. Y les invita a trabajar por una convivencia respetuosa con al comunidad en la que están insertos. Advertencia e invitación que muy bien podría recordar monseñor Novell a los separatistas catalanes.

Los obispos de España tienen dos declaraciones en las que hablan sobre la unidad de España y las voluntades separatistas. Dos declaraciones que justo es decirlo, no pudieron ser más claras. Señalamos, en negrita, los párrafos más relevantes.

  • VALORACIÓN MORAL DEL TERRORISMO EN ESPAÑA,
    DE SUS CAUSAS Y DE SUS CONSECUENCIAS (Instrucción Pastoral, noviembre de 2002)

V. El nacionalismo totalitario, matriz del terrorismo de ETA

26. La presente Instrucción Pastoral no pretende ofrecer un juicio de valor sobre el nacionalismo en general. Nos ceñimos al juicio moral del nacionalismo totalitario en la medida en que constituye el transfondo del terrorismo de ETA. No es posible desenmascarar, en efecto, la malicia de ETA sin ofrecer una clarificación moral sobre el transfondo político-cultural del terrorismo etarra y su incidencia en la convivencia entre los pueblos de España.

27. La nación dice Juan Pablo II – es la gran comunidad de los hombres que están unidos por diversos vínculos, pero sobre todo, precisamente, por la cultura[24]. Ahora bien, las culturas no son nunca de por sí compartimentos estancos, y deben ser capaces de abrirse unas a otras. Están constituidas ya de antemano a base del rico intercambio del diálogo histórico entre ellas. Todas necesitan dejarse impregnar por el Evangelio[25] 

28. Las naciones, en cuanto ámbitos culturales del desarrollo de las personas, están dotadas de una soberanía espiritual propia y, por tanto, no se les puede impedir el ejercicio y cultivo de los valores que conforman su identidad[26] . Esta soberanía espiritual de las naciones puede expresarse también en la soberanía política, pero ésta no es una implicación necesaria. Cuando determinadas naciones o realidades nacionales se hallan legítimamente vinculadas por lazos históricos, familiares, religiosos, culturales y políticos a otras naciones dentro de un mismo Estado no puede decirse que dichas naciones gocen necesariamente de un derecho a la soberanía política[27] .

29. Las naciones, aisladamente consideradas, no gozan de un derecho absoluto a decidir sobre su propio destino. Esta concepción significaría, en el caso de las personas, un individualismo insolidario. De modo análogo, resulta moralmente inaceptable que las naciones pretendan unilateralmente una configuración política de la propia realidad y, en concreto, la reclamación de la independencia en virtud de su sola voluntad. La virtud política de la solidaridad, o, si se quiere, la caridad social, exige a los pueblos la atención al bien común de la comunidad cultural y política de la que forman parte. La Doctrina Social de la Iglesia reconoce un derecho real y originario de autodeterminación política en el caso de una colonización o de una invasión injusta, pero no en el de una secesión[28].

30. En consecuencia, no es moral cualquier modo de propugnar la independencia de cualquier grupo y la creación de un nuevo Estado, y en esto la Iglesia siente la obligación de pronunciarse ante los fieles cristianos y los hombres de buena voluntad[29]. Cuando la voluntad de independencia se convierte en principio absoluto de la acción política y es impuesta a toda costa y por cualquier medio, es equiparable a una idolatria de la propia nación que pervierte gravemente el orden moral y la vida social[30]. Tal forma inmoderada de culto a la nación es un riesgo especialmente grave cuando se pierde el sentido cristiano de la vida y se alimenta una concepción nihilista de la sociedad y de su articulación política. Dicha forma de culto esta en relación directa con el nacionalismo totalitario y se encuentra en el transfondo del terrorismo de ETA.

31. Por nacionalismo se entiende una determinada opción política que hace de la defensa y del desarrollo de la identidad del una nación el eje de sus actividades. La Iglesia, madre y maestra de todos los pueblos[31], acepta las opciones políticas de tipo nacionalista que se ajusten a la norma moral y a las exigencias del bien común. Se trata de una opción que, en ocasiones, puede mostrarse especialmente conveniente. El amor a la propia nación o a la patria, que es necesario cultivar, puede manifestarse como una opción política nacionalista.

La opción nacionalista, sin embargo, como cualquier opción política, no puede ser absoluta. Para ser legítima debe mantenerse en los límites de la moral y de la justicia, y debe evitar un doble peligro: el primero, considerarse a sí misma como la única forma coherente de proponer el amor a la nación; el segundo, defender los propios valores nacionales excluyendo y menospreciando los de otras realidades nacionales o estatales.

Los nacionalismos, al igual que las demás opciones políticas, deben estar ordenados al bien común de todos los ciudadanos, apoyándose en argumentos verdaderos y teniendo en cuenta los derechos de los demás y los valores nacidos de la convivencia.

32. Cuando las condiciones señaladas no se respetan, el nacionalismo degenera en una ideología y un proyecto político excluyente, incapaz de reconocer y proteger los derechos de los ciudadanos, tentado de las aspiraciones totalitarias que afectan a cualquier opción política que absolutiza sus propios objetivos. De la naturaleza perniciosa de este nacionalismo ha advertido el Magisterio de la Iglesia en numerosas ocasiones[32].

El nacionalismo en que se fundamenta la asociación terrorista ETA no cumple las condiciones requeridas para su legitimidad moral, puesto que necesita absolutizar sus objetivos para justificar sus acciones terroristas; pretende imponer por la fuerza sus propias convicciones políticas atropellando la libertad de los ciudadanos; y llega a eliminar a los que tienen otras legítimas opciones políticas. Por todo ello, el nacionalismo de ETA es un nacionalismo totalitario e idolátrico.

El nacionalismo totalitario de ETA considera un valor absoluto el pueblo independiente, socialista y lingúíssticamente euskaldún, todo ello además interpretado ideológicamente en clave marxista, ideología a la cual ETA somete todos los demás valores humanos, individuales y colectivos, menospreciando la voluntad reiteradamente manifestada por la inmensa mayoría de la población.

33. La organización terrorista ETA enarbola la causa de la libertad y de los derechos del País Vasco, al que presenta como una nación sojuzgada y anexionada a la fuerza por poderes extranjeros de los que sería preciso liberarla. Esta es la causa que considera como supuestamente justificadora del terror que practica. Sin embargo, el nacionalismo de ETA y de sus colaboradores ignora que todo proyecto político, para merecer un juicio moral positivo, ha de ponerse al servicio de las personas y no a la inversa. Es decir, que la justa ordenación de las naciones y de los Estados nunca puede constreñir ni vulnerar los derechos humanos fundamentales, sino que los tutela y los promueve. De modo que no es moralmente aceptable ninguna concepción para la cual la nación, el Estado o las relaciones entre ambos se pongan por encima del ejercicio integral de los derechos básicos de las personas.

La pretensión de que a toda nación, por el hecho de serlo, le corresponda el derecho de constituirse en Estado, ignorando las múltiples relaciones históricamente establecidas entre los pueblos y sometiendo los derechos de las personas a proyectos nacionales o estatales impuestos de una u otra manera por la fuerza, dan lugar a un nacionalismo totalitario, que es incompatible con la doctrina católica.

34. Por ser la nación un hecho, en primer lugar, cultural, el Magisterio de la Iglesia lo ha distinguido cuidadosamente del Estado[33]. A diferencia de la nación, el Estado es una realidad primariamente política; pero puede coincidir con una sola nación o bien albergar en su seno varias naciones o entidades nacionales. La configuración propia de cada Estado es normalmente fruto de largos y complejos procesos históricos. Estos procesos no pueden ser ignorados ni, menos afín, distorsionados o falsificados al servicio de intereses particulares.

34. España es fruto de uno de estos complejos procesos históricos. Poner en peligro la convivencia de los españoles, negando unilateralmente la soberanía de España, sin valorar las graves consecuencias que esta negación podría acarrear, no sería prudente ni moralmente aceptable.

La Constitución es hoy el marco jurídico ineludible de referencia para la convivencia. Recientemente, los obispos españoles afirmábamos: La Constitución de 1978 no es perfecta, como toda obra humana, pero la vemos como el fruto maduro de una voluntad sincera de entendimiento y como instrumento y primicia de un futuro de convivencia armónica entre todos[34]. Se trata, por tanto, de una norma modificable, pero todo proceso de cambio debe hacerse según lo previsto en el ordenamiento jurídico.

Pretender unilateralmente alterar este ordenamiento jurídico en función de una determinada voluntad de poder, local o de cualquier otro tipo, es inadmisible. Es necesario respetar y tutelar el bien común de una sociedad pluricentenaria.

  • ORIENTACIONES MORALES ANTELA SITUACIÓN ACTUAL DE ESPAÑA (Instrucción Pastoral, Noviembre 2006)
  1. Los nacionalismos y sus exigencias morales

70. Creemos necesario decir una palabra sosegada y serena que, en primer lugar, ayude a los católicos a orientarse en la valoración moral de los nacionalismos en la situación concreta de España. Pensamos que estas orientaciones podrán ayudar también a otras personas a formarse una opinión razonable en una cuestión que afecta profundamente a la organización de la sociedad y a la convivencia entre los españoles. No todos los nacionalismos son iguales. Unos son independentistas y otros no lo son. Unos incorporan doctrinas más o menos liberales y otros se inspiran en filosofías más o menos marxistas.

71. Para emitir un juicio moral justo sobre este fenómeno es necesario partir de la consideración ponderada la realidad histórica de la nación española en su conjunto. Los diversos pueblos que hoy constituyen el Estado español iniciaron ya un proceso cultural común, y comenzaron  a encontrarse en una cierta comunidad de intereses e incluso de administración como consecuencia de la romanización de nuestro territorio. Favorecido por aquella situación, el anuncio de la fe cristiana alcanzó muy pronto a toda la Península, llegando a constituirse, sin demasiada dilación, en otro elemento fundamental de acercamiento y cohesión. Esta unidad cultural básica de los pueblos de España, a pesar de las vicisitudes sufridas a lo largo de la historia, ha buscado también, de distintas maneras, su configuración política. Ninguna de las regiones actualmente existentes, más o menos diferentes, hubiera sido posible tal como es ahora, sin esta antigua unidad espiritual y cultural de todos los pueblos de España.

72. La unidad histórica y cultural de España puede ser manifestada y administrada de muy diferentes maneras. La Iglesia no tiene nada que decir acerca de las diversas fórmulas políticas posibles. Son los dirigentes políticos y, en último término, los ciudadanos, mediante el ejercicio del voto, previa información completa, transparente y veraz, quienes tienen que elegir la forma concreta del ordenamiento jurídico político más conveniente. Ninguna fórmula política tiene carácter absoluto; ningún cambio podrá tampoco resolver automáticamente los problemas que puedan existir. En esta cuestión, la voz de la Iglesia se limita a recomendar a todos que piensen y actúen con la máxima responsabilidad y rectitud, respetando la verdad de los hechos y de la historia, considerando los bienes de la unidad y de la convivencia de siglos y guiándose por criterios de solidaridad y de respeto hacia el bien de los demás. En todo caso, habrá de ser respetada siempre la voluntad de todos los ciudadanos afectados, de manera que las minorías no tengan que sufrir imposiciones o recortes de sus derechos, ni las diferencias puedan degenerar nunca en el desconocimiento de los derechos de nadie ni en el menosprecio de los muchos bienes comunes que a todos nos enriquecen.

73. La Iglesia reconoce, en principio, la legitimidad de las posiciones nacionalistas que, sin recurrir a la violencia, por métodos democráticos, pretendan modificar la unidad política de España. Pero enseña también que, en este caso, como en cualquier otro, las propuestas nacionalistas deben ser justificadas con referencia al bien común de toda la población directa o indirectamente afectada. Todos tenemos que hacernos las siguientes preguntas. Si la coexistencia cultural y política, largamente prolongada, ha producido un entramado de múltiples relaciones familiares, profesionales, intelectuales, económicas, religiosas y políticas de todo género, ¿qué razones actuales hay que justifiquen la ruptura de estos vínculos? Es un bien importante poder ser simultáneamente ciudadano, en igualdad de derechos, en cualquier territorio o en cualquier ciudad del actual Estado español. ¿Sería justo reducir o suprimir estos bienes y derechos sin que pudiéramos opinar y expresarnos todos los afectados?[37]

74. Si la situación actual requiriese algunas modificaciones del ordenamiento político, los Obispos nos sentimos obligados a exhortar a los católicos a proceder responsablemente, de acuerdo con los criterios mencionados en los párrafos anteriores, sin dejarse llevar por impulsos egoístas ni por reivindicaciones ideológicas. Al mismo tiempo, nos sentimos autorizados a rogar a todos nuestros conciudadanos que tengan en cuenta todos los aspectos de la cuestión, procurando un reforzamiento de las motivaciones éticas, inspiradas en la solidaridad más que en los propios intereses. Nos sirven de ayuda las palabras del Papa Juan Pablo II a los Obispos italianos: “Es preciso superar decididamente las tendencias corporativas y los peligros de separatismo con una actitud honrada de amor al bien de la propia nación y con comportamientos de solidaridad renovada”[38]por parte de todos. Hay que evitar los riesgos evidentes de manipulación de la verdad histórica y de la opinión pública en favor de pretensiones particularistas o reivindicaciones ideológicas.

75. La misión de la Iglesia en relación con estas cuestiones de orden político, que afectan tan profundamente al bienestar y a la prosperidad de todos los pueblos de España, consiste nada más y nada menos que en “exhortar a la renovación moral y a una profunda solidaridad de todos los ciudadanos, de manera que se aseguren las condiciones para la reconciliación y la superación de las injusticias, las divisiones y los enfrentamientos”[39].

76. Con verdadero encarecimiento nos dirigimos a todos los miembros de la Iglesia, invitándoles a elevar oraciones a Dios en favor de la convivencia pacífica y la mayor solidaridad entre los pueblos de España, por caminos de un diálogo honesto y generoso, salvaguardando los bienes comunes y reconociendo los derechos propios de los diferentes pueblos integrados en la unidad histórica y cultural que llamamos España. Animamos a los católicos españoles a ejercer sus derechos políticos participando activamente en estas cuestiones, teniendo en cuenta los criterios y sugerencias de la moral social católica, garantía de libertad, justicia y solidaridad para todos.

  • Compendio Doctrina Social de la Iglesia 

387 A cada pueblo corresponde normalmente una Nación, pero, por diversas razones, no siempre los confines nacionales coinciden con los étnicos.784 Surge así la cuestión de las minorías, que históricamente han dado lugar a no pocos conflictos. El Magisterio afirma que las minorías constituyen grupos con específicos derechos y deberes. En primer lugar, un grupo minoritario tiene derecho a la propia existencia: « Este derecho puede no ser tenido en cuenta de modos diversos, pudiendo llegar hasta el extremo de ser negado mediante formas evidentes o indirectas de genocidio ».785 Además, las minorías tienen derecho a mantener su cultura, incluida la lengua, así como sus convicciones religiosas, incluida la celebración del culto. En la legítima reivindicación de sus derechos, las minorías pueden verse empujadas a buscar una mayor autonomía o incluso la independencia: en estas delicadas circunstancias, el diálogo y la negociación son el camino para alcanzar la paz. En todo caso, el recurso al terrorismo es injustificable y dañaría la causa que se pretende defender. Las minorías tienen también deberes que cumplir, entre los cuales se encuentra, sobre todo, la cooperación al bien común del Estado en que se hallan insertos. En particular, « el grupo minoritario tiene el deber de promover la libertad y la dignidad de cada uno de sus miembros y de respetar las decisiones de cada individuo, incluso cuando uno de ellos decidiera pasar a la cultura mayoritaria ».786

435 El Magisterio reconoce la importancia de la soberanía nacional, concebida ante todo como expresión de la libertad que debe regular las relaciones entre los Estados.889 La soberanía representa la subjetividad 890 de una Nación en su perfil político, económico, social y cultural. La dimensión cultural adquiere un valor decisivo como punto de apoyo para resistir los actos de agresión o las formas de dominio que condicionan la libertad de un país: la cultura constituye la garantía para conservar la identidad de un pueblo, expresa y promueve su soberanía espiritual.891

La soberanía nacional no es, sin embargo, un absoluto. Las Naciones pueden renunciar libremente al ejercicio de algunos de sus derechos, en orden a lograr un objetivo común, con la conciencia de formar una « familia »,892 donde deben reinar la confianza recíproca, el apoyo y respeto mutuos. En esta perspectiva, merece una atenta consideración la ausencia de un acuerdo internacional que vele adecuadamente por « los derechos de las Naciones »,893cuya preparación podría resolver de manera oportuna las cuestiones relacionadas con la justicia y la libertad en el mundo contemporáneo.

En ningún caso, el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia fundamenta un supuesto derecho a la secesión.

CONCLUSIÓN

No hay , en la Doctrina Social de la Iglesia ningún fundamento doctrinal que justifique la secesión de una parte del territorio que históricamente, sin mediar violencia, formó parte de una comunidad política. Algo plenamente aplicable a la realidad de Cataluña.

Sí hay en la Doctrina Social de la Iglesia una invitación a que se respete la libertad de esas regiones o grupos sociales para desarrollarse culturalmente (libertad que Cataluña tiene garantizada en el ordenamiento jurídico español), conminando a su vez la Doctrina Social a que esos grupos sociales busquen más la convivencia pacífica en integrada en la comunidad política a la que pertenecen que la separación (algo que el separatismo catalán no hace y que los obispos catalanes, con monseñor Novell a la cabeza, no le piden olvidando con la Doctrina Social de la Iglesia). ¿Por qué? Ellos deberán responder ante Dios, la historia, España y Cataluña.



Categorías:Cataluña, Iglesia Católica, Separatismos

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2 respuestas

  1. ¿Este Señor, pertenece a la Prelatura de la Santa Cruz? Que usan el pseudónimo de opus dei?

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