La Reina Victoría y Abdul

¿Realismo cinematográfico o propaganda ideológica?

Nadie duda de que el cine es desde su invención uno de los grandes instrumentos, durante muchos años el mejor, para difundir ideas y conformar mentalidades. No hay película inocua, lo mismo que no hay lectura que no nos afecte ni conversación que no produzca impacto.

Por eso detrás de una película siempre hay una intención, un mensaje que transmitir. Esta cuestión se vuele especialmente relevante en películas que cuentan una historia real. En esos casos es más fácil que el espectador sea confundido ante la apariencia de realismo de la historia que se relata.

Algo de esto parece que ocurre con la película La Reina Victoria y Abul. Por lo que nos cuenta Jorgen Soley, la realidad histórica no parece compadecerse con el “realismo cinematográfico”:

Una de las películas que pueblan nuestra cartelera estos días es La reina Victoria y Abdul. Se trata de una película más de las muchas que el cine inglés ha producido en torno al periodo victoriano.

En esta ocasión se nos explica una historia cuyo origen se remonta a la celebración de los 50 años de reinado de la Reina Victoria, protagonizada por una Judi Dench que vuelve a destacar con una soberbia caracterización.

Un joven indio musulmán, Abdul Karim, conocido como ‘El Munshi’ (palabra persa para designar a un secretario), viaja a la corte británica para participar en el Jubileo. La reina Victoria quedará prendada de él y Abdul se convertirá en uno de los personajes más influyentes en su corte.

La película contrapone la amistad que se va forjando entre la anciana reina y el joven indio con los prejuicios y el racismo que supuestamente estarían ampliamente difundidos en la corte.

Como todas las producciones históricas británicas la película está magníficamente ambientada, eso va de suyo, pero el argumento parece especialmente ajustado a lo que la corrección política exige.

La manera de presentar a los miembros del servicio de la Reina, que parecen una colección de malos de tebeo y obsesos racistas, es demasiado forzada y se asemeja a aquellas películas bélicas en las que los enemigos, todos y cada uno de ellos, eran una perfecta combinación de maldad y estupidez. Tanto que no resultaban creíbles.

Si además el bueno de la película es un joven musulmán, delicado, inteligente y comprensivo, enfrentado a un hatajo de blancos racistas y prepotentes, las prevenciones están más que fundadas.

Pensaba esto cuando llegó a mis manos un escrito del nieto de quien fue el doctor de la Reina Victoria, Sir James ReidLo que explica este familiar me ha convencido de que la película de Stephen Frears no respeta la historia que relata sino que, al contrario, la manipula para que encaje en lo que hoy en día se considera políticamente correcto.

Richard Ingrams, que así se llama el nieto del Dr. Reid, explica que valiéndose del afecto de la anciana Reina, “Karim se mostró cada vez más arrogante y exigente, insistiendo en tener un cuarto de baño exclusivo, exigiendo que le dieran condecoraciones e incluso quejándose a la Reina porque no se le daba suficiente publicidad en los periódicos. Como resultado de esto acabó siendo visto generalmente con desagrado, especialmente por sus compañeros indios, algunos de los cuales, como uno llamado Mustafá, decidió dimitir tras decirle al Dr. Reid: “La Reina quiere que me quede pero es imposible permanecer más tiempo con el Munshi. Es un hombre muy malo. Usted tiene que librarnos de él ”.

Pero la realidad es que el Dr. Reid no estaba en condiciones de enviar al Munshi de vuelta a la India. Al contrario, tuvo que hacer frente como pudo a los crecientes problemas ocasionados por Abdul, incluyendo sus órdenes de enviar una enorme cantidad de morfina, estricnina y otras drogas (suficiente para matar a más de 10.000 hombres) a su padre en Agra con el pretexto de que era un medico del Ejército indio cuando en realidad era el farmacéutico de la cárcel de Agra.

Otro párrafo de Ingrams merece nuestra atención: “Es difícil encontrar cualquier similitud (aparte de su acento escocés) con Sir James Reid en el actor Paul Higgins, que lo interpreta en la película. Como todos los otros miembros de la Casa Real, incluyendo al Príncipe de Gales, es caricaturizado como un racista, consternado por ser eclipsado por un intruso indio inculto”.

Mi querida y cinéfila España.



Categorías:Cultura, ideología

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