Un análisis esencial para comprender las dinámicas políticas en que vivimos

Jonathan Haidt aporta algunas claves sobre cómo actuamos en política

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Compartimos el sugerente análisis que acaba de publicar la indispensable Dolça Catalunya. Ellos lo refieren a la situación que se vive en Cataluña, pero con un poco de imaginación podemos trasplantar sus reflexiones a cualquier otro ámbito:

“Las elecciones del pasado 21 de diciembre de 2017 arrojaron una fotografía de Cataluña muy polarizada. No es ninguna sorpresa para quienes vivimos aquí. Si bien es cierto que el voto libre de nacionalismo se ha movilizado y ha conseguido que un partido antinacionalista sea el más votado, también es cierto que el bloque nacionalista ha mostrado un muy elevado grado de resistencia y cohesión. Es algo que ha extrañado a muchos: ¿cómo puede ser que después de hundir la economía y destruir la convivencia, en pleno espectáculo esperpéntico de los políticos nacionalistas y el descrédito internacional de su proyecto, algo más de dos millones de catalanes vote por opciones separatistas?

Un libro de Jonathan Haidt, The righteous mind, en el que analiza el modo en que las personas tomamos decisiones, puede ayudarnos a comprender qué ha ocurrido en Cataluña.

Haidt ha probado, con una extensa investigación, que la idea habitual según la cual las personas nos informamos de las alternativas que tenemos y analizamos con la razón sus pros y contras para elegir racionalmente la mejor no corresponde a la manera corriente como tomamos decisiones. Este proceso en el que la razón desempeña el papel preponderante ocurre en algunos pocos casos, pero la inmensa mayoría de personas no actúa así. Por el contrario, la mayoría de las decisiones se toman por motivos pasionales, emocionales, sentimentales… y a continuación se recurre a la razón para que elabore una justificación racional a la decisión que ya hemos tomado emotivamente. Este proceso es, en la mayor parte de los casos, inconsciente, pero no por ello menos real.

De esta constatación se deriva que, en palabras de Haidt, “la gente se agrupa en equipos políticos que comparten narrativas”. La política se torna tribal: uno vota a los suyos, hagan lo que hagan, y ni se plantea la posibilidad de votar a los otros. La identificación política se asemeja a la que tantas personas sienten hacia un equipo de fútbol. Mis políticos me pueden haber engañado y haber hecho una pésima labor en sus funciones de gobierno o oposición, pero les volveré a votar del mismo modo en que vuelvo a renovar mi abono para la próxima temporada de mi equipo después de haber sufrido una temporada horrorosa o incluso haber descendido de categoría. Son un desastre pero son los míos y la esperanza de que la temporada siguiente será mejor nunca se pierde. Como señala también Haidt, una vez aceptan una narrativa particular, se hacen ciegos a mundos morales alternativos”.

Otra de las consecuencias de este modo de actuar es que, hablando en términos generales (siempre hay meritorias excepciones), no se suele cambiar la mentalidad de las personas refutando racionalmente sus argumentos. Si consigues desmontarlos encontrarán otros para justificar su postura, porque esta no surge de la razón, sino de sus emociones.

Haidt, en su libro, cita los estudios de Robert Zajonc, quien ha confirmado gracias a diversos experimentos que las personas tenemos una clara tendencia a mostrar acuerdo o gusto con cualquier imagen o palabra que se repite sin cesar. La intuición de la propaganda de que someter a alguien a una consigna sin descanso acaba por hacerle aceptar esa consigna, ha sido probada experimentalmente. “La mente etiqueta las cosas familiares como buenas”, por mucho que en un principio nos hayan parecido desagradables o inadecuadas.

Otro de los descubrimientos en estos estudios de la “psicología de masas” es la constatación de que tendemos a mostrarnos de acuerdo con las posturas de aquellos a quienes tenemos afecto, admiramos o queremos agradar. Por el contrario, las posturas de aquellos hacia quienes sentimos antipatía, por muy argumentadas que estén, suelen provocar nuestro rechazo. Como ya hemos señalado antes, una vez hemos abrazado una postura utilizamos la razón para encontrar argumentos en favor de nuestra decisión más presentables que el mero hecho de nuestro afecto o admiración hacia otra persona. Eso sí, somos más receptivos a los argumentos (y cuanto mejores, más) de aquellos a quienes queremos o admiramos que a nuestra propia razón.

Le debemos a Peter Watson el concepto de “sesgo confirmativo”. Una vez desarrollado nuestro marco para comprender el mundo, nuestras creencias, tenemos una fuerte tendencia a ajustar la nueva información que nos llega a ese marco. Este fenómeno se ve reforzado, además, por la negativa predisposición que tenemos ante los argumentos que provienen de quienes hemos etiquetado como contrarios: su origen los hacen sospechosos y, o bien ni siquiera los escuchamos, o bien solo lo hacemos para intentar rebatirlos, sin analizarlos honestamente. Romper el marco con el que nos movemos por la vida es algo que está al alcance de muy pocos.

Otra de las conclusiones que extrae Haidt es que, contrariamente a lo que se suele creer, la gente no vota movida por sus intereses, egoístamente. La gente vota mayoritariamente en función del grupo con el que se identifica. Una promesa electoral que le beneficia como individuo pero que proviene de un partido que es visto como contrario al grupo al que uno pertenece no hace cambiar el sentido del voto. Y al revés, la gente es capaz de votar contra sus intereses personales y los de su familia si considera que con su voto está fortaleciendo al grupo con el que se identifica, aunque esto le suponga un sacrificio personal.

Por último, señalar las aportaciones de Dan McAdams sobre la mente humana como básicamente una procesadora de historias, no de razonamientos lógicos. Son historias sobre nosotros, “life narratives”, que nos ayudan a encontrar nuestra ubicación en el mundo y en la vida. No son necesariamente verdaderas… de hecho lo habitual es que sean, en mayor o menor grado, falsas (son selectivas, están sesgadas, idealizamos ciertos rasgos…), pero a pesar de su falsedad, influyen poderosamente en el comportamiento y juicios de las personas.

Hasta aquí algunas de las ideas que expone Jonathan Haidt en su sugerente libro. Podemos reflexionar sobre la situación de Cataluña en base a ellas.

Pero antes, recapitulemos los puntos desarrollados:

  • Las decisiones se toman mayoritariamente por motivos pasionales, emocionales, sentimentales.
  • La gente se agrupa en equipos políticos que comparten narrativas.
  • Tenemos una clara tendencia a mostrar acuerdo con cualquier imagen o palabra que se repite sin cesar.
  • Tendemos a mostrarnos de acuerdo con las posturas de aquellos a quienes tenemos afecto, admiramos o queremos agradar.

El Programa 2000 que lanzó Jordi Pujol y ha seguido el nacionalismo catalán durante las últimas décadas es una aplicación inteligente de estos mecanismos en un proyecto de ingeniería social aplicado a la población de Cataluña. Se ha aplicado, además, con perseverancia y determinación, sin ceder terreno ya conquistado, y destinándole ingentes cantidades de dinero (de procedencia pública principalmente).

Veamos cómo se ha concretado:

  • Se ha creado una narrativa basada en el victimismo y la hispanofobia. Al mismo tiempo se han creado palabras/conceptos clave para establecer el marco semántico en que se plantea el debate, jugando así con una evidente ventaja.
  • Esta narrativa y estos conceptos clave han sido inculcados en la población catalana por la vía de unos medios de comunicación que los han repetido machaconamente, tanto a través de los medios públicos como de los privados que subsisten gracias a las generosas subvenciones de la Generalitat y que son la inmensa mayoría. Televisión, radio, diarios digitales y editoriales han tenido un papel determinante en este proceso.
  • La otra gran vía de inoculación de la ideología nacionalista ha sido el sistema educativo. Allí, la acción combinada de un profesorado sesgado en favor de los postulados nacionalistas, y de unos sindicatos y ciertas “ong” del ámbito educativo, han sido claves para inculcar una visión de Cataluña enfrentada por naturaleza a España.
  • Durante el prusés hemos visto algunos de estos aspectos llegar al paroxismo.
  • La repetición incansable de conceptos talismán.
  • La cohesión tribal justificada por la apropiación del todo por la parte y una narrativa que insiste en que “los otros” quieren acabar con Cataluña.
  • El uso de personas con reconocimiento social (principalmente relacionadas con el mundo del fútbol) para suscitar emociones de identificación.
  • La visibilización de personajes castellanoparlantes en apoyo del separatismo.
  • Las manifestaciones masivas encaminadas a desarrollar el sentimiento de grupo.
  • Los signos externos para forzar la cohesión, mostrar a los amigos y descubrir a los traidores, com ara el xurro groc.
  • La ocupación del espacio público por la propaganda separatista para reforzar la imagen de unanimidad.

Todo ello ha supuesto un innegable avance del nacionalismo en Cataluña aprovechando los mecanismos antes señalados.

Y sin embargo el secesionismo no ha conseguido superar la barrera del 50% de los votos y, en cambio, ha espoleado la emergencia y cohesión de quienes se oponen a sus planes. La ingeniería social también tiene sus límites o también pudiera haber ocurrido que el nacionalismo se ha precipitado; en cualquier caso parece que, al menos por el momento, ha tocado techo.

Que siga su dinámica de crecimiento dependerá, en gran medida, de cuál sea la reacción de los catalanes libres de nacionalismo.

Esta reacción debe ir encaminada a cohesionar y reforzar a los catalanes libes de nacionalismo por un lado, y a erosionar las bases de apoyo al nacionalismo.

Hasta el momento esa reacción ha sido espontánea, no planificada, descoordinada… valiente y exitosa.

Dolça Catalunya, Crónica Global, El Catalán, Somatemps, Societat Civil Catalana, Los de Artós, Resistencia Catalana, Concordia Cívica, Empresaris de CatalunyaTabarnia son quizás las principales iniciativas que han surgido durante estos últimos años para revertir el proceso de extensión social del nacionalismo.

Pero si queremos plantarle cara, derrotar y superar al nacionalismo vamos a necesitar más. Por ejemplo:

  1. Grupos establecidos que trabajen, con visión estratégica, en la elaboración de la narrativa y los conceptos clave.
  2. Una política de medios ambiciosa. Necesitamos una televisión catalana bien dotada y con capacidad para generar productos propios que vehicule nuestro relato. Lo mismo puede decirse de la radio. Necesitamos también un diario impreso catalán decididamente libre de nacionalismo. Hay que conseguir que en el ámbito digital, donde hemos conseguido una notable presencia, esta se consolide e incremente.
  3. Necesitamos empezar a incidir en el ámbito educativo, hasta el momento coto cerrado nacionalista. Hay que promover iniciativas en favor de la libertad educativa, que en Cataluña significará liberarse de las presiones nacionalistas, detectar a maestros libres de nacionalismo y apoyarlos, creando asociaciones y sindicatos, promover ongs en este ámbito, apoyando la creación de materiales educativos libres de manipulación. Las facultades donde se forman los futuros maestros son un ámbito en el que hay que plantear batalla.
  4. Hay que detectar a líderes de opinión y personas con relevancia social, en especial en los campos del deporte, la música y el cine, que puedan ser asociados a nuestro relato, convencerlos de la importancia de manifestarse en público y darles apoyo. Mostrarse libre de nacionalismo ha de salir a cuenta.
  5. Es de vital importancia también impedir que los nacionalistas se hagan dueños del espacio público: tenemos que estar en campaña permanente y nuestro mensaje tiene que ser más amplio que la mera bandera española/catalana. Hay que lanzar campaña tras campaña y conseguir que no se pueda pasear por las calles de nuestras ciudades sin tener noticia de las mismas. Para esto, es necesario fortalecer las redes que nos permitan tener presencia capilar en todo el territorio.
  6. La batalla por los sentimientos de los jóvenes es vital. En ella es importante aprovechar el sentimiento de rebeldía: nosotros representamos a la contracultura que desafía las imposiciones del establishment nacionalista.
  7. No podemos permitir la asociación entre lengua catalana y nacionalismo. Es clave recuperar una visión eminentemente catalana y, al mismo tiempo, profundamente española que ayude a romper la trampa nacionalista que asocia la supervivencia de lo catalán a esa ideología.”

¿Hay alguien que se apunta?

Mi querida y combativa España

MQETWFACE

 



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