Mentiras, manipulaciones y trampas para atacar a los cristianos

Un libro que presentan como historia y que no se aguanta por ningún lado

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Uno más, dirán algunos. Pero en esta ocasión es más grave porque ha gozado de amplia cobertura en la prensa. Pablo Ginés ha realizado un completo y utilísimo trabajo para deenmascarar todas las mentiras que La Edad de la penumbra contiene.

Reproducimos aquí su artículo, publicado en Religión en Libertad, que podemos calificar sin exagerar como antológico:

“La editorial Taurus acaba de publicar, con bombo y platillo y despliegue mediático en las secciones de Cultura de los diarios, el libro “La edad de la penumbra: cómo el cristianismo destruyó el mundo clásico“, de Catherine Nixey.

Nixey no es una historiadora, sino una periodista y crítica de arte, con formación en cultura clásica, hija de un monje y una monja que salieron del convento en el postconcilio y se casaron. Por lo que dice ella misma en el libro y en algunas entrevistas -ha dado muchas en las que ha hablado mucho-, aunque sus padres le hacían rezar en casa e ir a misa, ellos ya no tenían fe. No le decían que Dios la creó, sino la evolución. Pero le prohibían usar maquillaje y escuchar música pop hasta que se fue de casa a la universidad, ha revelado. Y cuando ella jugaba de niña a imitar la misa, le hacían sentir que era un grave pecado. ¿Puritanismo agnóstico? Eso sí, le hablaban bien de la Iglesia como transmisora de cultura

Un día, ya sin fe, pero traumatizada (“con un gran peso”) ella leyó a Aristóteles. Dice en La Vanguardia: “las preguntas que se hacía [Aristóteles] eran demasiado distintas a las del cristianismo. No, aquellos dos mundos no pegaban”. Decidió que el paganismo no podía haber encajado bien con el cristianismo, investigó algo -ahora veremos cómo- y escribió un libro describiendo “hombres barbudos del desierto” destruyendo templos antiguos. Una y otra vez compara a los cristianos antiguos con los yihadistas de Estado Islámico.

Con el libro, dice, sintió “una liberación y un gran alivio”. O sea, no es historia, es terapia. Pero escribe bien y se vende como historia de lectura ágil.

¡Dos días seguidos en La Vanguardia!

La Vanguardia dedica dos páginas a repetir acrítica y asombradamente todo lo que dice la autora el pasado 19 de mayo, y quizá por parecerle poco le dedica otras dos páginas en la edición de Madrid el lunes 21. ¿Cuántos libros de divulgación histórica consiguen salir dos días en el mismo diario con artículos largos y detallados? Y eso que la editorial no pertenece al Grupo Godó. ¿Casualidad o a alguien le encanta el tema de los malvados cristianos anti-cultura?

El artículo del día 19 se titula: “Investigación reveladora: Cómo el cristianismo asesinó la cultura clásica“. El del 21 se titula “Las sombras del cristianismo: la historiadora británica Catherine Nixey relata los excesos de una religión que arremetió contra la cultura clásica“.

Ambas crónicas empiezan igual que el libro: comparando los cristianos que en el año 385 destruyen una estatua de Atenea en Palmira con los yihadistas de ISIS. En El Periódico de Catalunya (véase aquí), en cambio, prefieren empezar hablando de sexo, seguir hablando de sexo y solo más tarde entran en el tema de los cristianos malvados (represores de sexo, de cultura, de libertad…).

La cultura clásica perdida… ¿por culpa de quién?

La tesis es que cristianos fanáticos y autoridades civiles cristianas destruyeron una gran cantidad de templos, de libros de filosofía y literatura y ciencia, que machacaron a sabios y filósofos, y así, en general, destruyeron la cultura clásica. Nixey calcula y repite que hemos perdido el 90% de los textos griegos antiguos y el 99% de los textos latinos. No queda claro cómo hace su cálculo.

En el libro dice, sobre la tarea de los monjes y cristianos que conservaron textos clásicos: “Si esto es preservar -como se dice- es asombrosamente incompetente. Si es censura, fue brillamente eficaz”. 

¿Censura o incompetencia? Claro que hay otra posibilidad… se llama caída del Imperio, invasiones bárbaras, terremotos brutales, epidemias, guerra continuada con los persas, los incendios habituales en cualquier cultura agraria y el paso del tiempo. El papiro era difícil de conseguir y el fuego, el agua y los bichos lo destruyen. Solo se conserva bien el papiro en zonas sequísimas, de desierto.

El pergamino era caro, se hacía con piel: matar a una cabra daba para 4 páginas. Un libro costaba un rebaño. Si no se copia y recopia se pierde. ¿Y quién tiene tiempo y dinero y capacidad para eso? Copiar y recopiar textos es un lujo. Se hace cuando se puede y con los textos más necesarios: los que se usan para aprender a leer y escribir, como Homero. Lo más copiado es lo que más sobrevive.   

Paganos buenos, cristianos malos y a vender libros

La publicidad de la editorial española copia la inglesa: quieren conflicto y agresividad, han visto que es lo que vende. Venden una historia de paganos buenos buenísimos y cristianos malos malísimos.

Esta es la doctrina que leemos en la publicidad:La edad de la penumbra es la historia, en gran parte desconocida, de cómo una religión militante sometió y aniquiló deliberadamente las enseñanzas del mundo clásico, lo que abrió paso a siglos de adhesión incondicional a «una sola fe verdadera». El Imperio romano se había mostrado generoso acogiendo nuevas creencias, pero la llegada del cristianismo lo cambió todo. Esta nueva religión, pese a predicar la paz, era violenta, despiadada y decididamente intolerante. Al volverse oficial, sus fervientes seguidores emprendieron la aniquilación de quienes no estuvieran en sintonía con sus creencias. Derribaron sus altares y templos, quemaron sus libros -incluidas grandes obras filosóficas y científicas-, hicieron añicos sus estatuas y asesinaron a sus sacerdotes”.

La edición en inglés del libro (que contó con una subvención inicial de 5.000 libras de una asociación literaria, RSL Jerwood Awards for Non-Fiction) ha sido alabada por algunos historiadores que tratan otras épocas… pero no es alabada por los historiadores que conocen el periodo del final del paganismo y establecimiento del cristianismo.

Las críticas de una historiadora experta

Averil Cameron, una reputadísima experta de la Universidad de Oxford en Antigüedad Tardía y Bizantina respondió en The Tablet:

“¿Los cristianos antiguos destruyeron templos paganos? Algunos lo intentaron, pero no muchos, ni tan intensamente como ellos presumían. Muchos templos se convirtieron en iglesias, pero en velocidades distintas en regiones distintas y rara vez por mera hostilidad. ¿Los cristianos, incluyendo monjes, participaron en tumultos urbanos? Ocasionalmente, pero solo en circunstancias muy particulares“.

“¿Los emperadores cristianos dictaron leyes duras contra los herejes, ordenando quemar libros y prohibiendo que los paganos trabajaran en puestos públicos? Sí, pero la ley era más cosa de retórica que de aplicarse. ¿Los Padres de la Iglesia usaron un lenguaje violento para condenar desviaciones de la doctrina oficial? Sí, ciertamente. Pero, ¿todo eso llevó a la destrucción del mundo clásico a manos del cristianismo, como dice el subtítulo chillón de Nixey? Difícilmente“, continúa la experta Averil Cameron.

¿Dónde se ha documentado Nixey, periodista y crítica de arte?

“Un rápido repaso a las citas de Nixey muestra lo que ha estado leyendo, con varias referencias a los mismos nombres de un grupito de historiadores de mentalidad similar igualmente hostiles al cristianismo. Da poca atención a otras fuentes. También falta toda la montaña de evidencia arqueológica que muestra la extensión verdadera de la reutilización cristiana y adaptación de edificios paganos, opuesta a lo que algunos cristianos aseguraban”, añade Cameron.
 
La publicidad manipula a los críticos del libro

La web publicitaria del libro recoge una frase en el “Sunday Times” de Peter Thonemann, un joven experto en estudios griegos clásicos de la Universidad de Oxford: «Mordaz y documentado, el libro palpita a un ritmo fabuloso, y Nixey evoca con brillantez todo lo que perdimos con la decadencia del mundo clásico.»

Pero la web no recoge el resto de las afirmaciones de Thonemann en ese artículo: él sólo alaba su estilo vivo, no lo que cuenta, que no es histórico. 

“Nixey evoca vívidamente las hogueras fundamentalistas que ‘ardían a través del imperio con libros prohibidos desapareciendo en llamas’. Qué inconveniente que no tengamos evidencias de que ni un solo poema de Ovidio o Catulo fueran echados al fuego. Ovidio, admite ella a regañadientes, continuó siendo copiado y leído con entusiasmo durante el periodo medieval”, afirma este helenista.

Y este autor -que la editorial quiere presentar como favorable al texto- sigue machacando los datos: “Nixey dedica muchas páginas horrorizadas a la destrucción del templo de Serapis, ‘el mayor edificio del mundo’ a cargo de una turba cristiana en Alejandría en el 392. De nuevo, la realidad es más compleja: de los 700 templos que conocemos dedicados a los viejos dioses en la Galia Romana, solo 10 (1,4%) parecen haber sufrido un final violento en el siglo IV o V, no ciertamente a manos de cristianos. Sin duda, [San] Agustín y [San] Jerónimo están menos sintonizados con las costumbres sexuales del siglo XXI que Catulo u Ovidio. Pero la intolerancia tiene más de un sabor”, avisa. 

Las causas de la decadencia: no fue el cristianismo

Philip Jenkins, profesor de Historia y religión en la Universidad Estatal de Pensilvania, recuerda que el paganismo del siglo IV y V no se parecía mucho al de la Edad Dorada de dos o tres siglos antes. Estaba agotado y debilitado en un imperio en crisis y lleno de neoplatónicos que despreciaban el mundo o lo material. La acusación de que el cristianismo estableció mil años de opresión teocrática contra la ciencia, dice, “no la apoya ningún historiador académico serio”.

También critica la acusación de que cristianismo causó la decadencia imperial desde que lo despenalizó Constantino en el año 313. La caída de la civilización clásica, dice, es un proceso largo que empieza hacia el año 230 y llega hasta el 560.

“Implicaría una variedad de factores: cambio climático, en parte por erupciones volcánicas titánicas; plagas repetidas a escala comparable a la Peste Negra en Europa; el colapso de la frontera romana que permitió la incursión en masa de paganos bárbaros, cuyas depredaciones destruyeron incontables ciudades antiguas y textos. Nixey menciona esos factores brevemente, solo para desdeñarlos como temas menores en comparación con el tumor maligno del cristianismo, como hizo Gibbon antes que ella”. De hecho, el historiador anticristiano Edward Gibbon, es una de sus fuentes más citadas… pero es un autor del año 1776.

Un ateo contra los bulos antihistóricos

La crítica más dura y detallada contra el libro de Nixey la hace Tim O’Neill, autor del blog “Historia para Ateos”. O’Neill tiene un título en historia y literatura medieval y lleva 30 años debatiendo de historia en Internet. Es “ateo, escéptico y racionalista” y fue presidente de la Asociación Australiana de Escépticos en su región. Aunque es ateo, sabe historia y creó su blog para refutar bulos anti-históricos de ateos contra el cristianismo.

Y dedicó varias semanas a documentarse para refutar (en 30 páginas de letra apretada, y no es exhaustivo) los bulos y falsedades del libro de Nixey, bulos que, para asombro suyo, eran recibidos en la prensa generalista casi sin críticas.

“Apenas hay una página del libro de Nixey que no tenga alguna forma de:

– representación selectiva de evidencia,
– evasión de contraejemplos,
– desprecio de visiones alternativas,
– deformación de la información,
– o sobreafirmación de una idea”.

“Es una pena que con una época tan fascinante y un tema tan interesante haya producido un lío distorsionado así. Hay otros libros sobre el mismo tema muy superiores”.

O’Neill recomienda, sobre todo, The Final Pagan Generation, de Edward J. Watts, “que es todo lo que no es el libro de Nixey: equilibrado, académico, erudito, mesurado. […] Watts muestra que la transición [al cristianismo] fue gradual, en su mayor parte sin altibajos, y que los cristianos y paganos eran más parecidos de lo que un lector de Nixey podría pensar”.
 
Nixey oculta las rarezas y extremos de los paganos

Para Nixey los malos más malos son los monjes. Con ellos empieza su libro, siempre vienen del desierto, rompen cosas, son brutos e ignorantes y huelen mal y queman libros. Hacen cosas locas subidos a columnas y flagelándose y ayunando. O’Neill sospecha que el hecho de que los padres de Nixey hayan sido monjes y le hayan prohibido escuchar pop y maquillarse puede tener algo que ver con el tema.

Nixey no menciona que también los paganos estoicos, los mendigos de la escuela cínica, que imitaban a los perros, el escandaloso Diógenes y muchos célibes neoplatónicos alababan las mismas virtudes ascéticas y extremas de muchos monjes. Era cosa de la época y sus valores, no de la religión.

Los demonios: ¡también los paganos creían en ellos!

Nixey cree que la causa de la mayor parte de los males y la violencia está en que los cristianos creían en los demonios: veían demonios por todas partes, y combatir contra ellos justificaba destruir templos, estatuas, etc…

Lo que Nixey no escribe -como señala O’Neill- es que también los paganos creían en demonios, que estaban por doquier, que actuaban y que era necesario protegerse de ellos (por ejemplo, aplacándolos con magia, sacrificios, pactos, etc…).

La supuesta tolerancia de los romanos

Nixey quiere presentar a los romanos como un oasis de tolerancia y pluralidad. Para ello, no dirá nada de cómo exterminaron a todos los druidas de Galia y de Britania, o como persiguieron los cultos de Atis, de Cibeles y varias sectas de bacantes.

La persecución a los cristianos la reduce al mínimo con trucos sucios y sin buscar datos modernos: la cifra de Gibbon de 1776 de unos 150 mártires anuales durante 30 años le parece bien. No se interesa en las persecuciones regionales o locales, Y aunque lee el libro de 1965 de W.H.C. Frend que calcula que en la persecución de Diocleciano, justo antes de la despenalización, se mató a 3.000 o 3.500 personas, no menciona esta cifra para nada. 

Las actas de los mártires, Nixey las considera fantasías. Y para otros casos dice simplemente que eran fanáticos que buscaban ser torturados... que es lo mismo que han dicho los funcionarios que ordenan torturas contra los cristianos en el Japón Imperial, los regímenes comunistas, etc…

Cuando no le queda más remedio que admitir que los romanos no eran tolerantes, enseguida salta a su tema: “pero los cristianos eran peores”.

Leyes contundentes… que no se aplicaban

Cita la ley del emperador cristiano Teodosio del 399 que ordena destruir los templos. Pero la arqueología muestra que no se destruyeron. Los historiadores saben que los edictos imperiales pasaban por mil filtros que los descafeinaban a nivel local y regional.

En el año 2011 se publicó una detallada recopilación de artículos de Luke A. Lavan y Michael Mulryan sobre la antigüedad tardía y los templos paganos (“Lavan, “The End of the Temples: Toward a New Narrative?“). “se puede decir con confianza que los templos ni fueron convertidos ampliamente en iglesias ni demolidos en la Antigüedad tardía”. En su estudio de todo el Imperio, [Richard] Bayliss localizó solo 43 casos [de desacralización o destrucción arquitectónica activa] de los que solo 4 se confirmaron arqueológicamente”.

Así, tenemos una lista de templos paganos destruidos en el siglo IV-V:

– 10 en Galia (y por bárbaros, parece)
– unos pocos en Libia (todos en la ciudad de Cirene)
– 1 en toda Asia Menor (Turquía actual)
– 1 en Grecia, el de Poseidón, y lo destruyeron los visigodos
– 1 en Italia
– 3 en Britania
– 7 en Egipto, incluyendo el Serapeum
– 21 en Levante (Siria, Líbano, Palestina…), de donde Nixey saca casi todos sus ejemplos

De hecho, hay leyes del Código de Teodosio (16.10.15 y 16.10.18) que piden proteger las obras de arte y estimar los edificios. Así, en Grecia, África, Italia… parece que se dedicaron muchos más recursos a mantener templos que a destruirlos. El historiador Javier Arce detecta que los templos en España se abandonan hacia el siglo IV y nadie los reconvierte en iglesias hasta el siglo VI o VII.

Los mismos paganos abandonaron los templos

La realidad es que en el siglo IV y V incluso los filósofos paganos neoplatónicos como Porfirio, Filostrato o Plotino criticaban los templos y sus religiones basadas en sacrificios y desfiles y buscaban contactar con lo Divino a través de sabidurías iniciáticas y filosóficas. Filostrato dedica todo un libro a criticar los sacrificios. Y sin caros sacrificios e inversiones de los ricos, los templos no se mantenían.

En el año 363, el Emperador Juliano el Apóstata, que quiere restaurar el paganismo, llega a Antioquía, ciudad grande y rica, y quiere visitar el templo de Apolo en Dafne, famoso, en su día grande, esperando festejos y procesiones. Allí encuentra un solo sacerdote anciano y pobre que ha traído un ganso como sacrificio. Nadie más de la ciudad va a celebrar la fiesta ni encargar ofrendas, dice el anciano. El sistema se había hundido. Juliano lo cuenta en su libro “Misopogon”.

El Serapeum… lleno de terroristas paganos

Nixey cuenta que una turba de cristianos en el 392 ataca el templo pagano del Serapeum en Alejandría. O’Neill no cuenta lo que había pasado antes (descrito por 5 fuentes cercanas distintas, algunas paganas).

Unos cristianos encontraron unos objetos en un templo abandonado. Un grupo de paganos -de la escuela neoplatónica yámblica, que era la más esotérica y dada a rituales- les atacó para recuperarlos y les mató. Después, capitaneados por líderes ricos y cultos de esta escuela, Olimpio, Heladio y Ammonio, se atrincheraron en el Serapeum, fortificado, con rehenes cristianos. Durante semanas torturaron a los presos cristianos: hambre, rodillas rotas e incluso crucifixiones. Eran meros terroristas con estudios.

El Emperador ordenó a la guardia, al obispo y a milicias de ciudadanos y monjes cristianos, que dejaran marchar a los culpables pero que destruyeran el lugar, considerando que tenía algo de maligno. Los líderes fueron a Atenas y allí trabajaron de maestros de filosofía, presumiendo de los cristianos que habían matado y torturado, como recoge el historiador Sócrates Eclesiástico que estudió con ellos. 

¿Quemar libros? ¿Hipatia? Dos bulos

Nixey dice que al destruir el Serapeum se destruyeron “los restos de la biblioteca de Alejandría, con miles de libros”, pero lo cierto es que hay 5 crónicas sobre esa destrucción y ninguna, ni siquiera el pagano Eunapio, dice nada de libros. Hay un texto de décadas antes, de Amiano Marcelino, que ya hablaba de la biblioteca en pasado, como algo que ya no existía.

Después llegó el caso del asesinato de la filósofa pagana platónica Hipatia, supuestamente, según Nixey, por ser mujer, sabia científica y pagana.

Hay libros recientes sobre Hipatia muy documentados y serios: el de Maria Dzielska de 1995 y el de 2017 de Edward J. Watts. Ambos dejan claro que Hipatia muere asesinada por una turba en un conflicto político entre dos facciones, y en ambas facciones políticas había cristianos y paganos. “Era una disputa política, no era sobre religión, no era de género, no era contra la enseñanza clásica“, escribe O’Neill.

Pero Nixey ignora los datos y cuenta el mismo cuento que Gibbons en 1776, el de que la perseguían por ser científica y pagana. Incluso insiste en el detalle absurdo de describir que era sádicamente despellejada con restos de cerámica. En realidad, la fuente, que es el historiador Sócrates Eclesiástico, dice que “la mataron con óstraka”, que eran tejas de tejado, el tipo de material que se usa para apedrear a alguien de lejos, lo que suelen hacer las turbas.

Los cristianos filósofos y cultos, disimulados

Nixey intenta demostrar el desprecio de los cristianos antiguos contra la filosofía y la cultura clásica con frases de predicadores que ensalzan la sencillez de la fe frente a la erudición de los filósofos.

Lo cierto es que hubo un debate interno en el cristianismo, y ganaron los cristianos enamorados de la filosofía y la cultura, empezando por Orígenes (pero ella sólo lo cita, y dos veces, para hablar de cuando de joven se autocastró) y San Clemente de Alejandría, con su obra Stromata (que ella ignora por completo) o San Juan Damasceno, ya el último Padre de la Iglesia, que es otro sabio que alaba la filosofía griega.

Nixey hace trampas jugando al solitario: todo lo que se perdió, es culpa de los cristianos, por incompetentes, censores o despreciar la cultura. Todo lo que se conservó, es también por culpa de los cristianos: eran tan tontos que necesitaban usar esa sabiduría pagana y conservarla con esfuerzo, incluyendo los poemas de Ovidio y las historias tórridas amorosas de Catulo.

Demócrito, el materialista, ¿censurado?

Ella insiste en el libro y en todas las entrevistas (como en las de La Vanguardia) que los cristianos censuraron y borraron de la historia a Demócrito, un filósofo de mil años antes (s.V a.C) que decía que no hay dioses y solo hay materia hecha de átomos. La realidad es que Demócrito llevaba varios siglos pasado de moda y ni siquiera lo soportaban los paganos neoplatónicos que ella alaba, paganos que creían en todo tipo de espíritus y entidades no físicas.

Demócrito era absolutamente minoritario e irrelevante. El mismo Platón lo desprestigió ya en su época y los neoplatónicos no iban a llevarle la contraria a Platón. No hizo falta ninguna conspiración ni censura mil años después: simplemente, se dejó de copiar porque el pergamino y las horas de copista son caros y escasos. Los textos cristianos del siglo IV y V a veces critican y refutan a estoicos y epicúreos, pero nunca dedican una línea a Demócrito, dice O’Neill, porque no era tema de debate. Estaba ya olvidado.

El universo eterno, ¿censurado?

Nixey dice que eran censurados y eliminados los textos de autores antiguos que hablaban de un universo eterno, sin creación. Pero es falso: Aristóteles defendía eso y los monjes y copistas cristianos lo copiaron una y otra vez, y lo enseñaban en círculos cultos en el Oriente cristiano. El muy materialista “De rerum natura” de Lucrecio, epicúreo, también fue copiado y recopiado por cristianos.

Todas las afirmaciones sobre destrucción de libros Nexey las saca de una sola fuente, un libro de 2016 de Dirk Rohmann: Christianity, Book-Burning and Censorship in Late Antiquity. Cuando leen que se quemaban libros de oráculos, brujería y adivinación, Rohmann y Nixey leen “libros de filosofía o ciencia clásica”. O’Neill responde que podían ser perfectamente adivinación y oráculos (que Roma persiguió siempre, porque se usaban para provocar revueltas políticas o asesinatos) y también libros de neoplatónicos yámblicos, que eran muy amigos de los rituales secretos, invocaciones, teurgias y adivinaciones.

Los filósofos que fueron a Persia… y volvieron

Finalmente, Nixey cuenta con estilo literario tremebundo el cierre de la escuela filosófica de Atenas en el año 529 (una escuela que funcionaba solo desde hacía unos 150 años, no era la de Platón). La realidad fue más prosaica. Simplemente, el Estado se negó a seguir pagando a los profesores paganos de esta ciudad. Podían enseñar, pero no a cuenta del erario público.

Los filósofos paganos decidieron irse a Persia, cultura pagana, libre y soleada, a la corte de Cosroes I. Pero allí no les fue bien y acabaron corriendo a pedir al César que les dejase volver. Finalizaron sus días como profesores en el sector privado, perfectamente libres, en el Imperio Romano de Oriente.

¿Vale la pena dar tantos datos para rebatir lo que parece ser una terapia de una mujer con heridas emocionales personales que, eso sí, escribe con pasión, como terapia? 
 
Sí, porque dice que es historia. Y no lo es.

Mi querida y documentada España

MQE



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