Pablo, del apoyo al voto

hay un trecho según Rafael Bardají.

Rafael Bardají explica muy bien la diferencia entre el apoyo y el voto. El proyecto de Pablo Casado es, puede ser, interesante, de ahí que Bardají le apoye en sus intenciones. Sin embargo, otra cosa es el voto. Eso hay que ganárselo y Bardají de momento el voto lo reserva para VOX. Es agradable escuchar una voz que no se deja llevar por los cantos de sirena, sino que como buen analista espera el paso de los dichos a los hechos para comprometer su voto.

Así lo explica Rafael:

Los genes del PP

No acostumbrado a primarias, parece que los vencidos y vencedores del PP no acaban de ponerse de acuerdo sobre qué proyecto político impulsar conjunta y pacíficamente. La ex -vicepresidenta del huido Rajoy pide cuota de poder al ganador, Pablo Casado y éste, con buen criterio, intenta mantener su recién ganada autoridad. Las personas y personalidades en política son decisivas -ahí está el ejemplo del derrotado Mariano Rajoy- pero estoy con el nuevo presidente del PP y creo que las ideas y proyectos deberían ser determinantes. Pablo Casado se ha referido a volver a enseñar los genes del Partido Popular. Y aquí es donde me pierdo, porque ¿cuáles son los verdaderos genes populares?

Yo empecé a colaborar con el refundado Partido Popular tras el famoso congreso de Sevilla. No era militante de ningún partido, pero creí que podía aportar mi granito profesional en temas de política exterior y de defensa donde los socialistas lo estaban haciendo rematadamente mal y área donde los populares tenían las fuerzas contadas. De la mano de Javier Rupérez, entonces portavoz de defensa en el Congreso, establecí el marco de mi cooperación; cuándo éste pasó a exteriores seguí trabajando con él y con el nuevo portavoz de defensa, Santiago López Valdivielso; todo en coordinación con el portavoz del grupo parlamentario, Rodrigo Rato. A veces me reunía también con el presidente del partido y todavía líder de la oposición, José María Aznar para hablar de cuestiones como la Ley del servicio miliar que defendían los socialistas frente a la plena profesionalización que yo defendía motivado por mi buen amigo y hoy senador, Ignacio Cosidó y que entonces, paradojas de la vida, cumplía con sus deberes militares. A veces tuve que acudir al chalet del Viso en el que tenía su cuartel general Pedro Arriola, como durante la primera guerra del Golfo. La colaboración se amplió también al Senado con el paso de los meses. Y continuaría hasta 1996, cuando tras ganar el PP las elecciones, me incorporé a los equipos de los sucesivos ministros de defensa.

Me afilié al PP tarde y motivado por las emociones de los atentados del 11M y la debacle electoral que siguió. Recuerdo perfectamente que tenía una reunión en Moncloa el martes 16 con el Presidente Aznar y ahí le expresé mi deseo de incorporarme a las filas del partido. La verdad es que nunca esperé que se acordara de mis palabras hasta que recibí, para mi sorpresa, algunos días más tarde, una ficha de inscripción con su aval y el de Ignacio Cosidó. Lo cual me halagó sobremanera, tengo que decirlo porque es de justicia para con ellos. Semanas después me incorporé a FAES, la fundación entonces del Partido Popular y dirigida por el ya expresidente Aznar. Donde estuve como director de política internacional hasta enero de 2016.

Cuento todo esto para que se entienda que, aunque he dejado de ser miembro del PP, guardo una cierta perspectiva. Es lo que ocurre cuando uno llega a cierta edad. No voy a entrar en las posturas de la Alianza Popular de Fraga, porque esa es una etapa de la que no puede tener recuerdo alguno un joven como Pablo Casado, pero convendría que el nuevo presidente marcara la fase de la que quiere recuperar esa genética perdida. Porque para muchos, la realidad es que más que unos genes, lo que el PP ha hecho ha sido mutarlos constantemente, incluso bajo la presidencia de José María Aznar. Esté yo de acuerdo o no, es comúnmente aceptado que hubo dos PP en el gobierno según hablemos de la primera legislatura (para casi todos la buena) o de la segunda (por la que yo me siento más inclinado, sinceramente). Por no referirme al PP de Rajoy en la oposición y en el gobierno donde se dijo digo se hizo Diego, desde impuestos a familia o anti-terrorismo. Por tanto, ¿de qué genes estamos hablando? José María Aznar logró un imposible, generar una única gran tienda donde todas las familias de centro-derecha pudieran convivir. Pero convivir no es desaparecer. Y cada facción aporta su gen específico, desde los demo-cristianos a los liberales. ¿Cuáles son los auténticos genes del PP por tanto?

Yo entiendo perfectamente que en este mundo donde la telegenia ha suplantado a la política y los tuits a los argumentos, la frase de “recuperar los genes” olvidados o perdidos sirva para definir mediáticamente una opción de entre las muchas que había en liza. Pero no es suficiente, me temo, para devolver la credibilidad perdida de un partido que ha traicionado a una buena parte de su electorado y que, en gran medida, es el responsable de la pésima situación política (y pronto económica) actual, habiendo preferido entregar el gobierno al sucesor de ZP antes que batirse con Ciudadanos en una contienda electoral.

Por ejemplo, cuando Pablo Casado habla de recuperar los genes del PP, ¿está pensando en las leyes de género que tan alegremente impulsó el PP de Madrid bajo la hoy proscrita Cifuentes? ¿o está pensando en la política lingüística abanderada desde la Xunta de Galicia por Alberto Núñez Feijó? Si de verdad el nuevo equipo al rente del PP quiere una España de ciudadanos libre e iguales, no tiene que esperar a recuperar La Moncloa, puede empezar a cambiar las cosas allí donde conserva el poder regional. Si no, todo habrá sido como en el Gatopardo de Lampedusa,”que todo cambie para que todo siga igual”.

Yo estoy convencido de que en estos momentos el PP tendría que recomponerse y recrearse, pero con hechos y no sólo de boquilla. Los españoles nos merecemos una fuerza de centro-derecha que entienda que eso del centro no es prolongar las políticas socialistas. Pero el famoso centro-reformista no es unja opción conservadora. De hecho, muchos de los problemas existenciales que amenazan a España se gestaron bajo esa definición. De la ruinosa, injusta y corrosiva arquitectura de las autonomías que sufrimos, a la corrupción generalizada asociada a la partitocracia de la que se ha beneficiado también el PP. Por no hablar de una política de inmigración basada en supuestos erróneos y que sólo augura una mayor fricción social.

El problema del PP es que no tiene figuras conservadoras en sus filas. A lo máximo que unos se atreven a definirse es como liberales. Desgraciadamente, el liberalismo es la madre de los males culturales, sociales y de valores que han permitido la actual deriva de la sociedad, reduciéndolo todo al interés personal y al beneficio económico. ¿Podrá plantearse el PP de Pablo Casado algo tan básico como “lo españoles primero”? Yo me temo que no.

Me alegro de que Pablo Casado, con quien he viajado durante años y al que tengo en gran estima personal, haya derrotado a Soraya. Y espero que sea un Aznar y no un Hernández-Mancha. Se lo merece él en lo personal y mucha gente que todavía sigue aferrada al PP en lo político. Pero también le digo con sinceridad que le va a costar que alguien como yo, vuelva a creer en el PP. Le va a costar y mucho que deje de creer que en España un partido como Vox tenga que existir y alcanzar la máxima representación parlamentaria posible. Sólo con un partido auténticamente conservador podrá el nuevo PP medirse en lo ideológico. Sólo von Vox a su derecha se podrá evitar que el PP del futuro vuelva a dar bandazos y ser, de facto, la socialdemocracia que el PSOE no es. Pablo Casado tiene todo mi apoyo, pero no mi voto.

Interesante también esa crítica al liberalismo “madre de los males culturales, sociales y de valores” que hace Bardají y su reivindicación del conservadurismo.

Mi querida y votante España.



Categorías:política, Voto

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