Hiperregulación

o como hacer la vida imposible.

La regulación es una de las grandes losas de la sociedad moderna. Una losa que coarta significativamente la libertad personal, familiar e institucional y que supone un freno a la prosperidad y generación de riqueza.

Es un elemento propio del estado moderno. Un estado, como bien explica Dalmacio Negro, de carácter totalitario. Totalitario porque aspira a controlar todos los aspectos de la vida social. Por eso no es de extrañar que cada vez más los ciudadanos nos encontrémoslo con una regulación que afecta a cualquier aspecto de nuestra vida cotidiana o bien a cualquier proyecto que queremos lleva a cabo. Para muestra de lo que decimos un botón: España produce casi un millón de páginas de normativa todos los años.

Esto no siempre fue así. Antes de la aparición del estado moderno la ordenación de la vida social no surgía tanto de la ley impuesta desde arriba como de las costumbres y de la libertad de las partes actuantes. En buena medida la vida social se autorregulaba, y la consolidación de las costumbres y del hacer de las partes se acababa convirtiendo en ley, escrita o no. Y pocas cosas eran las que se codificaban.

Todo cambió con el estado moderno nacido de la Revolución Francesa, concretamente con su hijo primogénito, el estado napoleónico. Que en su propósito de eliminar todas las libertades reales y concretas del Antiguo Régimen impuso un código único para toda Francia. Propósito que posteriormente fue imitado por buena parte de las naciones de la Europa continental.

No vamos a negar en MQE que las sociedades han evolucionado, que la vida social es cada vez más compleja, que existen mas situaciones en las que es necesario proteger la ciudadano indefenso que en épocas pretéritas. Sin embargo, eso en nada contradice el hecho de que la sociedad civil funciona mejor cuando se autorregula. Que no corresponden a la autoridad diseñar desde arriba y a modo de laboratorio legal todas y cada una de las actividades y relaciones que se dan en la vida social. Que intentar hacer eso, además de injusto y liberticida, genera más daño del bien que produce y esclerotiza la sociedad.

La hiperregulación es lo contrario a la seguridad jurídica, elemento indispensable en todo Estado de Derecho. La hiperregulación acaba generando indefensión al ciudadano: leyes imposibles de conocer y de cumplir; leyes contradictorias entre sí; y un alto coste.

En Europa no parecen darse cuenta de su nocividad. En Estados Unidos parece que sí. Una vez más Trump llevando la contraria al mundo moderno: La simplificación regulatoria de Trump ahorra 18.000 millones de dólares a las empresas.

Parece que a Trump más que criticarle en todo, habría que copiarle en mucho aspectos.

Mi querida y Trumpiana España.



Categorías:Libertad, política, Política Internacional

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