Serlo además de parecerlo

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Dice la dicha romana que “La mujer del César, además de ser honesta, debe parecerlo”. Y al Partido Popular de Pablo Casado le pasa lo mismo, pero al revés.

Ciertamente, si atendemos a la imagen, el nuevo PP ha hecho un cambio, y se ve una línea en pro de los principios que se le suponen a una formación liberal-conservadora, pero ese querer quedar bien con todos del joven líder no es más que seguir con un viejo vicio que los populares parecen incapaces de dejar.

Como bien se analiza en el post Una derecha y media de nuestro blog vecino www.aticoderecha.com las elecciones andaluzas han marcado el inicio de una nueva etapa en la política española y, en especial, en la derecha. Ciertamente hay una división del voto a tres, pero, cultural y socialmente hablando, derecha sólo hay una en VOX y media en el PP, mientras que la otra mitad de los populares bien podría estar en el liberal-progresismo de Ciudadanos.

Porque, como venimos diciendo estos días, a qué PP hay que atender: ¿al de Mayor Oreja y María San Gil o el de Javier Maroto y Borja Sémper, al de Cristóbal Montoro y Juan Antonio Monago o al que dice que va a seguir a los tres economistas liberales de cabecera (Lacalle, Braun y de Quirós), al de la entrevista de Rajoy en modo pachorra o al de la arenga de Aznar en modo Cid Campeador para ganar batallas en las que él mismo cedió, al de la Díaz Ayuso haciéndose la dura y prometiendo ser la nueva Espe en la Comunidad de Madrid o al de Núñez Feijóo defendiendo la “moderación”?

El PP resulta muy cansino. Sus viejas caras y unas nuevas cuyo maquillaje no disimula las arrugas. Su manera de comunicar: siempre tarde y mal. Su falta de ideas propias: al rebufo de Ciudadanos primero en Cataluña y ahora al de VOX en toda España. Su lucha de egos: que si Rajoy, que si Aznar, cuando no se tendría que invitar a ninguno de los dos. Sus bandazos en todo, y ahora en concreto con la ley de violencia de género. Su quita y pon la bandera. Sus ladridos en el mítin, para después demostrar su poca mordida con los problemas cuando tiene el poder en las manos.

Casado parece no comprender que no se puede quedar bien con todo el mundo (que para eso ya tenemos a Albert Rivera), o quizás es que no puede, ni aunque quiera, cortar por lo sano con las inercias propias de su partido: amiguismos, colocación de políticos profesionales y cuotas de poder. Si no comprende que reideologizar supone tomar partido, jugársela, y, por tanto, abrir las puertas (y dar una patada en el culo si alguno se hace el remolón) a quienes no comparten un tanto por ciento mínimo del ideario, se quedará en tierra de nadie. Ciudadanos le dejará sin centro y VOX sin derecha. Ahí están las encuestas, y el Partido Liberal y el Partido Conservador –que diría ese Rajoy dicharachero y tan buen tipo, que no dudaba en dejar caer a los disidentes por el camino- amenazan con dar sorpassos varios en las próximas elecciones municipales, autonómicas y europeas.

Sin duda, presentarse como centro-derecha y no como aquel acomplejado centro-reformista ya es un paso. Hablar de ideas, valores y principios, y desarrollarlos en una convención, es otro. Pero si esta se confirma como una mera operación para regalarle las orejas al votante tradicional, el PP se habrá jugado sus últimas cartas.  La nostalgia hacia la refundación del 89-90 y aquel Aznar aglutinador de toda la derecha sólo sirve para la gente de partido que empezó a disfrutar por primera vez de las mieles del poder. Para la que se limitó a hacer un cautivo voto útil por descarte, aquello sólo supuso el inicio de los problemas que hoy padecemos, por no haber tenido a un partido que planteara la batalla de ideas que había que afrontar; o que por lo menos no abandonara, cuando no se lo dificultará, a la derecha socio-cultural que sí la quiso dar.

Si el PP no es capaz de encontrar un camino propio en sus supuestos valores, el único servicio que podrá hacer a España es el de salir de en medio, no estorbar y dejar de marear con su márqueting a un elector de centro-derecha que a estas alturas de la película ya no atiende ni a tutelas ni a tutías.

Mi querida y bien parecida España

 



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