Los suicidas no votan

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Leer para creer. Aunque ya nada de nuestra actual clase política pueda sorprendernos, las pocas veces que lo hace siempre es para mal.

El suicidio se ha convertido en una auténtica plaga nacional y mundial. La misma noticia del pasado 24 de febrero publicada por El Mundo y aquí referenciada recoge tristes reflexiones y datos:

(…) «En sólo un año hemos aparecido en España 120.000 supervivientes, es decir, las familias de las personas que se han suicidado y las de las 90.000 que lo han intentado. ¿Cuántas muertes más necesitáis para hacer algo? ¿Os ponemos más? Ya basta»

Elena Aisa, de la asociación navarra Besarkada (abrazo), acababa de blandir el certificado de defunción de su hijo ante un aforo repleto de psicólogos, médicos, policías, educadores, bomberos, familias de personas que se han suicidado y supervivientes de intentos suicidas que participaban en una jornada reivindicativa por la prevención del suicidio en España. (…)

“(…) Javier Jiménez, psicólogo y presidente de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención de la Conducta Suicida (AIPIS): «Las cifras más optimistas hablan de unos 3.700 suicidios al año, pero muchas muertes no se investigan. No hay datos reales de suicidios ni de tentativas. Y, siendo el suicidio un hecho multifactorial, no conocemos las causas. Hace falta una ‘autopsia psicológica’ que ahonde en los motivos. El suicidio ya es la primera causa de muerte en adolescentes. Y la primera no natural en población general. Es un problema de emergencia social, una lacra que nadie se atreve a afrontar seriamente».

Voluntarios y psicólogos del Teléfono de la Esperanza (717 003 717): «En 2018 tuvimos 2.764 llamadas con temática suicida, un 40% más que en 2017. Y con un suicidio que estaba en curso un 70% más que un año antes. El suicidio se puede prevenir».

Médicos de la Asociación La Barandilla (910 380 600): «Por cada suicida, hay una media de seis personas en su entorno que sufren depresión, duelo, problemas de salud, bajas laborales… Eso es un gasto para el Estado. El Plan sería un ahorro. Cuando nuestro teléfono sale en televisión, las llamadas se triplican durante los días siguientes».”

¿La cuestión es dónde estaban sus señorías? ¿Qué les impedía a estas, siempre tan gustosas de ser altavoz postureante y selfítico de todas las causas posibles, asistir a este encuentro organizado por dos hombres justos como el diputado del PP Ignacio Tremiño y el de Unión del Pueblo Navarro Iñigo Jesús Allí? ¿Quizás se encontraban preparando las próximas campañas electorales, alguna protesta de pensionistas jubilados del sindicato, la huelga feminista del 8 de marzo, un enésimo acto de recuerdo para las víctimas del bando republicano en la guerra civil y el franquismo, o hasta la cada vez más temporalmente extensa fiesta del Orgullo Gay?

Porque he ahí el quit de la cuestión: los políticos sólo asumen las causas que creen que les pueden dar votos. Y el suicidio, de momento, cotiza a la baja, por dos motivos: Uno. Que ahora mismo no hay un lobby potente influyendo, ni al poder público le interesa regarlo. Y, dos, consecuencia del primero, porque, el suicidio no encaja ideológicamente como causa aprovechable dentro del esquema marxista cultural pues aquí la víctima es a la vez opresor y oprimido. Siguiendo el mapa de las fobias, podríamos decir que el suicida la sufre hacia sí mismo y, por tanto, no hay explotador a quién culpabilizar, aunque, cuando el último detonante sea económico, el raterío corra a roer el cadáver.

Los suicidas no votan, pero los supervivientes sí. Que nuestros representantes políticos se ahuyentaran y no recibieran a familiares y expertos, como sí hacen  -cuando no promueven directamente de manera sobreactuante e impostada- en otros casos, roza la infamia. Pero, aunque se pusieran a ello, en MQE sabemos que  poca cosa se puede esperar de la administración pública. Sus campañas  y planes suelen ser dinero a fondo perdido con efectos inocuos, cuando no incluso contraproducentes. Lo vemos con las drogas y la educación sexual. Es más. Sus mismas señorías, esto es el poder legislativo, se han hartado de favorecer el debilitamiento de los vínculos antropológicos humanos básicos, empezando por el familiar. No nos podemos extrañar pues por las consecuencias con esta pandemia de desequilibrio psíquico que, en mayor o menor grado y con sus múltiples derivadas, estamos padeciendo paradójicamente en las sociedades más desarrolladas; demostrando que nada mundano podrá cubrir la natural sed de eternidad humana.

Mi querida y superviviente España



Categorías:Parlamento, política, Progresismo, Suicidio, Víctimas, Vida

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