A propósito de la gota fria

algunas cosas que no se dicen.

Realmente la legislación medioambiental es un apoyo para afrontar estas amenazas del clima (nada que ver con el cambio climático) o son elementos que agravan las consecuencias y efecto del clima. Pablo Molina en Libertad Digital plantea cuestiones de mucho sentido común:

Lo que no se dice de la gota fría

La gota fría en el Sureste es un fenómeno habitual a comienzos del otoño, aunque hay que remontarse en el tiempo para encontrar unas lluvias tan torrenciales como las registradas en Alicante y Murcia a finales de la semana pasada. No deja de ser un sarcasmo del clima que, en una zona tan necesitada de lluvia, cuando llega lo haga a menudo con tal virulencia que los destrozos superan con creces a los beneficios que de ella tanto se esperan.

Las imágenes de las localidades anegadas han sido terribles, pero también harto curiosas si se miran con cierta atención, sobre todo las que delatan el estado de los cauces por donde ha de discurrir el agua cuando se producen fenómenos tormentosos. ¿Cuántas ramblas estaban preparadas para resistir las fuertes avenidas otoñales? ¿Cuántas torrenteras, muchas de ellas dentro de los pueblos y las ciudades, estaban completamente limpias de maleza? Pues, a tenor de lo que hemos visto estos días, bien pocas.

Algunas estaban pasables por las labores urgentes iniciadas por la Confederación Hidrográfica cuando los meteorólogos anunciaron el desastre y por la ayuda de los agricultores con propiedades cercanas a los cauces, que hicieron también su parte para que la riada no arrasara sus cultivos.

En este último caso, los particulares actuaron a riesgo de… meterse en problemas con la ley, porque se da la paradoja de que, en unas tierras susceptibles de padecer lluvias devastadoras, muchas zonas por las que transita el agua están consideradas humedales de especial valor ecológico. Esta circunstancia impide actuar como es debido ante el riesgo de molestar al sapo corredor (Bufo calamita), la lagartija colirroja (Acanthodactylus erythrurus) o la simpática rana común (Rana perezi), que a pesar de ser muy común goza también de especial protección en algunos ramblizos que el viernes se desbordaron, llevándose por delante todo lo que encontraron a su paso.

Algún día habrá que empezar a hablar seriamente sobre los límites de las regulaciones medioambientales cuando se trata de evitar riesgos para las personas, algo que ningún partido político parece dispuesto a hacer excepto Vox, que ayer mismo presentó una pregunta parlamentaria en el Congreso de los Diputados para que la ministra de Transición Ecológica se manifieste al respecto.

Algo habrá que hacer. Salvo que consideremos que el confort del puto sapo corredor es más importante que las vidas humanas, claro, en cuyo caso nos limitaremos a seguir rezando a la Pachamama para que el año que viene llueva con menos intensidad.

¿Para cuando una legislación medioambiental sensata? Resulta que en España prevenir y actuar sobre los cauces para impedir  los desbordamientos de ríos podría ser ilegal. ¿Qué quieren nuestro políticos anegar nuestros campos y con ello nuestra vidas?

Mi querida y ambientalista España.



Categorías:Clima

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