Gistau, te echaremos a faltar

Perdemos a un espíritu libre y valiente

Siempre es triste la pérdida prematura de alguien como David Gistau, con cuyas columnas hemos disfrutado tanto y con quien hemos pensado, aplaudido o discrepado, pero en quien siempre hemos reconocido a un tipo honesto, que escribía de maravilla y que no se doblegaba a las imposiciones de nuestro tiempo.

Por eso mismo nos parece que el mejor homenaje que podemos hacerle es releer su última columna, publicada en El Mundo el pasado 29 de noviembre. Una genialidad.

David Gistau, descansa en paz.

Ciencia Ficción

Año 2125. Madrid. La agente especial Martínez ha reportado el avistamiento de un heterosexual. Le tendió una trampa con un antiguo maniquí de El Corte Inglés con formas femeninas al que vistió con ropa interior de Victoria Secret y empapó con un chorro de Chanel Nº5. Si el viento es favorable, los heterosexuales son capaces de oler Chanel desde muy lejos y sufren un reflejo pavloviano por culpa del cual no pueden resistirse a buscar la presa. Es un recurso eficaz para descubrir también a los que viven entre nosotras haciéndose pasar por gay o transgénero. Por más que disimulen, se les vaporiza perfume delante y, al reaccionar como bestias subhumanas, delatan de inmediato su verdadera naturaleza. Al sorprenderlos con esa prueba, se recomienda a todas las agentes tener el arma de fuego reglamentaria preparada porque los heterosexuales, como no hace falta recordar, tienen una mordida tan poderosa que, a veces, incluso cuando ya han sido abatidos, cuesta abrirles la mandíbula para liberar el miembro de la agente atrapado en ella. 

La agente especial Martínez colocó el maniquí a la puerta de un sótano donde habían sido descubiertas algunas evidencias de que un heterosexual podría estar usándolo como guarida: un póster de Samantha Fox, un banderín del Real Madrid, una antología de monólogos taurinos de Rubén Amón, basura sin diferenciar para la bolsa de reciclaje y un altarcito pagano consagrado a Clint Eastwood. 

La agente especial Martínez entretuvo la espera escuchando con unos auriculares los últimos salmos doctrinales editados en la madrasa andrófoba de El País. 

Cabeceaba mientras los escuchaba y los memorizaba para su repetición mecánica. Tan absorta estaba que vio al heterosexual cuando ya, erecto, olfateaba el maniquí por debajo de la falda. El predador ya pellizcaba el culo de su víctima, tan embriagado por el Chanel que no se daba cuenta de que era de plástico, mientras la agente especial cargaba su arma y apuntaba con el puntero láser. Incomprensiblemente, falló el disparo. Alertado, el heterosexual emitió un gruñido escalofriante y fue capaz de huir colándose por debajo de una puerta, lo cual confirma que algunos ejemplares de heterosexual tienen propiedades cartilaginosas comparables a las de las ratas. 

Tengan cuidado ahí fuera y no olviden denunciar, para reprogramarla por su bien, a cualquier ciudadana que emplee un lenguaje no inclusivo.



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