¿En qué no estamos convirtiendo?

En esclavos.

Sobre está cuestión reflexiona Jorge Bustos en El Mundo, y que quieren que les digamos, pensamos que tiene mucha razón. El último párrafo es tan demoledor como exacto en la descripción del español actual:

Ustéd. Sí, usted.

Usted. Sí, usted. No mire a los lados. Usted, ciudadano ejemplar, que hoy echará el día apostado en el balcón avistando irresponsables. Desaprensivos, diría Marlaska. Esa gente que no es como usted, que incumple las reglas que el Gobierno –asesorado por los expertos– impone por nuestro bien. Mire allí. ¿Qué hace ese matrimonio con su bomba vírica de la mano? ¡Está prohibido! ¿Qué desescalada va a haber si la gente no respeta nada? Le indigna ese español de pandereta que no se somete tan gustosamente como usted al monitor de Marlaska. Usted obedece porque es un patriota de verdad, modelo de sumisión, y delata a sus vecinos por la más institucional de las razones. Usted descubre hoy a diez personas juntas y ve un atentado, experimenta la misma sensación que si ve a un viejo tocando a un niño. Se ha adaptado como plastilina al molde de la nueva normalidad que dictan los que mandan, a los que debemos ayudar a reeducarnos mejor. Usted declara que le preocupa el rebrote y quizá calla que le revienta que el vecino disfrute de mayor libertad que usted. En estas circunstancias la libertad es un riesgo que no nos podemos permitir, se justifica usted. Así que o todos iguales o llamo a la policía.

Usted no lo sospecha, pero su cerebro resentido es el sillar sobre el que se edifican todas las tiranías exitosas. Usted y millones como usted forman la vil mampostería de los muros alzados por todo gobierno que se siente amenazado. Usted ha visto películas de espías y de nazis y se ha preguntado cómo fue posible. Fue posible por gente como usted, que son la bendita mayoría, áurea mediocridad. Gente que solo desea lo mejor para los suyos, pagar la hipoteca, cumplir con su país. Tipos que, a la temperatura exacta de miedo, hierven como servidores voluntarios –¡hasta entusiastas!– del despotismo. La libertad no muere cuando llega un adolfo y se pone a gritar: muere mucho antes, cuando miles de pepes convienen en la necesidad de órdenes más estrictas para meter en cintura a su vecino.

No vaya a creer que esto es una carta de reconvención. Usted milita oficialmente en lo correcto: las leyes están para cumplirlas. Pero cuando las leyes son de excepción, de alguien criado como ciudadano libre cabría esperar un pálpito de rebeldía aun contenida, la impaciencia por volver a gobernarse a sí mismo y la mirada indulgente hacia el semejante menos disciplinado que usted. Alguien definió los últimos años del franquismo como una dictadura paliada por el incumplimiento. Qué tiempos. Confieso mi melancolía por aquel tópico romántico que nos quería atrasados pero ingobernables. El esclavo moderno, dice Chesterton, es el que ha pasado de preguntar si merece llevar cadenas a escrutar sus muñecas –y las del vecino– para saber si son dignas de llevarlas.

Mi querida y esclava España.



Categorías:Coronavirus

Etiquetas:, , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: