Pablo divorciado

No quiere entrar el que aquí escribe en quién ganó o perdió la moción de censura presentada por VOX contra Pedro Sánchez, más allá de los números, que son evidentes. Dejaremos este tipo de análisis a los ivanesredondos que surgen como setas en partidos y tertulias, o a los hinchas de los partidos que suelen lanzar sus gritos por twitter, a falta de partidos de fútbol abiertos al público en los estadios.

Si me lo preguntan, diré que los discursos de Garriga y Abascal me parecieron previsibles y farragosos. Los de Adanero de Navarra Suma (UPN), Oblanca de Foro Asturias y Arrimadas de Ciudadanos, correctos en su no. Los de la izquierda y los independentistas fueron del bajo nivel zafio pretendidamente original característico, desde que un Anguita o un Ridao no pisan la Cámara; por eso Abascal lo tuvo fácil para ponerles de una vez en su sitio, desde al cínico Presidente del Gobierno al rufián superman, pasando por el rotero Baldoví, la filoetarra Aizpurua con su tonto matútil, el despechado Errejón, o la performance podemita de la sección femenina comunista dirigida por el macho alfa, por poner algunos ejemplos. Solo por las réplicas de Abascal a los hasta ahora impunes maleducados de la izquierda y el independentismo ha valido la pena presentar esta moción de censura.

Toda esta pandilla de gamberros se pensaba en su falso supremacismo que solo ellos podían insultar al adversario: fascistas, fascistas, fascistas. Pues donde las dan las toman. Y deberán volver a las buenas formas de los Anguitas y Ridaos (si es que tienen suficiente nivel entre sus filas donde encontrar) para que la derecha no les devuelva lo que Errejón calificó como matonismo de barrio. Y es que en la vida de calle (y de moqueta), si te achantas y no se la devuelves al que te vacila, date por “muerto”. En eso ha estado el PP los últimos años, en bajar la cabeza ante la izquierda y así nos ha lucido el pelo.

Pero Pablo Casado despertó y se vino arriba. Si, si, que lo dicen en el ABC y la COPE, oiga. Con una furia inaudita, si exceptuamos las primarias del partido en las que nos sorprendió gratamente revelándose contra el sorajoyato, Casado envistió. Pero no a Sánchez y a esa colección de oradores de la Grecia clásica que pueblan el Congreso puño en alto y rojigualda pisada, sino contra su ex compañero de partido y supuesto colega de principios y valores Santiago Abascal, el cual había estado bastante comedido en su crítica a la derechita cobarde.

Como respuesta, Casado fue nada derechita y muy cobarde en su discurso porque atacó al que ya era atacado por todos los enemigos comunes. Porque lo hizo desde ese mismo cliché facha con el que el PP ha sido acordonado (Tinell, ¿recuerdas?) desde 2004 e incluso antes (spot del dóberman). Dejadnos en paz, progres, que los fascistas son ellos, parecía decir el líder ¿liberal-conservador, centro-reformista, veleta o el que dice lo que me digan que diga los barones, Aznar y Rajoy? Las felicitaciones de Sánchez e Iglesias llegaron al momento, con el mismo vecino de Galapagar dándoselas de entendido, nombrando erróneamente a Donoso Cortés como precursor teórico del liberalismo conservador de Cánovas del Castillo, demostrando así su ignorancia y confirmando que en la Complutense dio las clases por enchufe.

Se puede entender que la estrategia del PP pase por la de ser el partido centrado de la derecha tras el hundimiento de Ciudadanos. Se puede incluso aceptar que, en su papel, (como UPN, Foro o el mismo C’s) no secunde una moción de censura que obviamente no se plantea de manera inocente y busca plus ultra sustituirles como segunda fuerza política. Se puede incluso reconocer que VOX nunca será en el corto ni en el medio plazo una alternativa de gobierno por si sola debido al rechazo que levanta en un país sociológicamente en la izquierda (merced a la renuncia secular a la batalla de ideas por parte de la derecha, hasta que llegó el mismo partido de Abascal) y con sentimientos independentisas más caldeados que nunca en algunos de sus territorios. Lo que no se puede aceptar es que el supuesto primer líder de la no-izquierda (vamos a decirlo así) ataque a la derecha sociológica. Porque, guste o no en Génova, VOX, con sus aciertos y sus errores, es ahora mismo el representante de la esencia de derechas abandonada y despreciada por el Partido Popular. Por lo menos para más de tres millones y medio de españoles que en un 90% votaban antes al PP.

Casado mejor que nadie debería saber que el efecto de atacar de manera injusta, excesiva y gratuita a un partido tan identificado con unas ideas, que ya tiene acérrima e incluso violentamente en contra a todos los adversarios, acaba cohesionando a sus votantes y simpatizantes alrededor suyo. Que se lo pregunte a Vidal-Quadras, o a Josep Piqué si lo prefiere. Ayer Casado no recuperó ni un voto de los que se fueron a VOX sino que envió unos cuantos más porque poca gente en la derecha, que vota con la cabeza pero también el corazón, sufre ya ese síndrome de Estocolmo de los tiempos del voto útil.

Casado podría haber salido y hacer el discurso estadista que a Abascal le faltó. De manera contundente pero respetuosa y a continuación de forma serena (como sus socios de UPN, Foro y Ciudadanos) decir que su ay no sé durante los tres meses del verano finalmente era no. Mal aconsejado (quizás por algún FAESrsante de viajes al centro y bipolaridades políticas) prefirió usar los mismos recursos que la banda del nuevo frente popular. No lo decimos con regocijo alguno porque esta moción empieza a oler demasiado a la de Hernández-Mancha, preludio de diez años de PSOE en el poder.

Ya puede venir directmente Feijóo, que por lo menos ha demostrado una capacidad y solvencia a prueba de bombas. Casado, cuál Caín con cara de Abel, mata al hermano y rehace el Pacto del Tinell: todos contra VOX (pero me quedo con las CCAA que me has dado). Se divorcia así de una parte importante de la derecha, la más fiel y ermegentemente militante, la que te votaba cuando perdías unas elecciones y te hacía de suelo electoral a partir del cual construir una mayoría con esos que están en el centro y que parece ser que son los que Casado busca cortejar con su ópera buffa gallinácea. Pero lo cierto es que su derecha natural ya llevaba unos años separada. Si Casado farolea con divorcios civiles, la derecha orgullosa de serlo pide la nulidad del viejo matrimonio con el partido de este contrayente a razón de la ya confirmada total y absoluta falta de madurez de su presidente.

Mi querida y censurada España.



Categorías:Derecha, Parlamento, Partidos, PP, Sin categoría, Vox

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