La promesa fallida del sistema de pensiones

España es el segundo país del mundo que peor sale parado del análisis de la OCDE. El primero es Japón

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Muy interesante el artículo de José Carlos Rodríguez en Actuall sobre un tema trascendental pero que, demasiado a menudo, pensamos que ya lo abordarán quienes vengan por detrás nuestro. Para pensar sobre el panorama que nos espera:

“La OCDE nos ha advertido de que mediado este siglo, que ya no está tan nuevo, habrá en España 77 jubilados por cada 100 personas en edad de trabajar. Que cada 10 empleados tengan que sostener o jubilados es una perspectiva suficientemente desalentadora, pero lo es más si pensamos que no todos los que están en edad de trabajar lo hacen.

De hecho, en España hay hoy 30 millones de personas con edad para trabajar, pero sólo lo hacen 19 millones. Incluso con pleno empleo, la perspectiva que plantea la OCDE se parecería a que hay un empleado por cada jubilado.

Un sencillo ejercicio mental nos puede facilitar que nos hagamos a la idea de lo que ello supone. En una situación así, con un jubilado por trabajador, para una media de, digamos, 500 euros al mes de pensión, cada trabajador tendría que aportar, también de media… 500 euros. Y ni medio millar de euros es una pensión adecuada, ni es concebible que cada trabajador tenga que hacer una aportación tan alta al sistema.

España es el segundo país del mundo que peor sale parado del análisis de la OCDE. El primero es Japón. España es el segundo país del mundo en longevidad. El primero es Japón. Vivimos cada vez más años, y eso quiere decir que más allá de los 65 años hay más personas detrayendo del sistema en comparación con los que aportan. Y, dentro del sistema público de pensiones, sólo hay tres salidas a esa situación.

Una de ellas es rebajar la pensión: hay más entre quienes repartir, de modo que a cada uno le toca menos.

La segunda es más complicada: que cada trabajador aporte cada vez más del sueldo que genera para el sistema de reparto. Y es más complicada no sólo por los efectos que pueda tener en el nivel de vida de los trabajadores, sino porque las cotizaciones son un impuesto sobre el trabajo, y los impuestos desalientan la oferta.

Por otro lado, vender políticamente a los trabajadores que van a aportar más a un sistema que en el futuro les dará menos de lo que ofrece en la actualidad, no es fácil.

Queda una tercera opción: correr la barrera entre los que están en edad de trabajar y los que no. Vamos, aumentar la edad de jubilación. Ya que antes vivíamos 10 años de la pensión, y ahora son 20, tendremos que pasar de cotizar tres o cuatro décadas, a cotizar cuatro o cinco. Lo cual es una forma de rebajar la pensión y de aumentar las cotizaciones. Y lo que se hará es una combinación de las tres medidas, sobre todo de la primera y la tercera, ya que no hay mucho margen para aumentar las cotizaciones sociales.”

Menudo panorama, ¿no?

¿Conclusión? José Carlos Rodríguez lo tiene claro: “El sistema público de pensiones no va a quebrar nunca. Sólo va a morir década a década, de forma paulatina. Y sólo los que no se dejen embaucar por su fallida promesa y ahorren durante su ciclo laboral podrán escapar de la pobreza.”

No parece descabellado.

Mi querida e insostenible España

MQE



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